Un intenso azul celeste

Escrito por Marié

7 de abril de 2023

Estamos en mitad de la Semana Santa, en concreto en Viernes Santo. He visto alguna nube, pero de esas blancas que adornan el cielo dando ese punto de luminosidad que hace que parezcan pintadas en mitad del intenso azul celeste.

Hoy, al contrario que muchos años en días como hoy, no está el día nublado. Normalmente en Semana Santa hay días así, asomando su cara triste y a punto de derramar esas lentas lágrimas que ayudan a que la vida explote de nuevo en esta preciosa estación.

Otros años, en días de Viernes Santo, recuerdo como me despertaban los trinos de los pájaros en la plaza frente a mi ventana. O incluso el cantar de algún gallo en casas vecinas.

Incluso la «madrugá» me encontraba paseando por las callejuelas de Écija, buscando todas las cofradías que pudiese contemplar. Y como no, siempre acompañada de mis inseparables lágrimas.

Lágrimas, que ayer estuvieron ausentes al contemplar también bellas cofradías por las callejuelas más hermosas de mi Madrid natal con mi hijo David. Ausentes por añorar las que siempre he vivido, sin desmerecer estás, por supuesto.

Estas memorias se me acercan ofreciendo a mi corazón cierta nostalgia de algunos de aquellos días felices y tranquilos, con aroma a pan recién hecho, y a limón y canela en la cocina. No es que estos días no sean felices, es solo un recuerdo de esos otros también felices pero diferentes, recordando las ausencias hoy presentes.

Esas imágenes mentales me hacen pensar, y las gotas de lluvia de aquellos otros días sobre las rejas de mi ventana, acercan también a mi memoria otras gotas… lágrimas sanadoras que han resbalado en alguna ocasión deslizándose sobre mis mejillas. Siempre suelen ser bien recibidas, porque las lágrimas alivian el alma y regalan vida.

Pero alguna vez me pregunto ¿realmente me ofrecen vida mis lágrimas? Pues sí, forman parte de mí y hay días en los que acuden a mi mente determinados sucesos y me hacen vivirlos de nuevo, haciéndolas asomarse a mis párpados.

Cuando dejo que la tristeza, un poco fría, pero necesaria, se me acerque, recuerdo más claramente ciertas vivencias. No solo vivencias que me hayan hecho daño, sino también vivencias en las que yo lo he hecho. Y de nuevo vienen a mí.

Hay ocasiones en las que cuando dañas una embarcación ajena cabe la posibilidad de hundirte con ella. Y hay que estar preparado para algo así.

¿Quién no lo ha pensado? Aunque nos resulte un poco amargo sentir tristeza o autorizar a nuestras lágrimas a que hagan su aparición, es necesario.

No debemos sentirnos vulnerables por mostrarlas, todo lo contrario, somos valientes al hacerlo.

Hay que admitir que en algún momento no somos autosuficientes y podemos pedir ayuda. Quizás la mejor ayuda pueda ser alguien sentado en silencio a nuestro lado… cuestión de cada persona.

O quizás algunas veces sería bueno inventarnos una historia, imaginar la mejor para cada uno. La imaginación es un buen arma contra la tristeza, ella es capaz de engañar a nuestro cerebro y hacer que trabaje de la mejor manera para nosotros…

Si me dispongo a utilizarla puedo hacerlo para cualquier cosa, todo es posible.

Puedo ser lo que quiera y mi fortuna puede ser espectacular, me siento merecedora y me siento también orgullosa de donde vengo y de quien soy.

Pero hay veces, como hoy, que ciertas nubes antiguas oscurecen el horizonte y caigo de nuevo en el fondo de un profundo lago.

Así soy yo, y hoy estoy sollozando de nuevo, mis lágrimas regresan a mis mejillas y estas arden con su sal.

Veo cosas de otros tiempos, que yo hubiese querido que sucediesen, quizás otra vida en la que sí fui aceptada. Pero la realidad es la verdina del lago que me arrastra a sus profundidades, mostrándome que realmente no lo fui.

Lágrima tras lágrima, va humedeciéndose mi ropa, pero esto es la vida. No es cuestión de seguir llorando por lo que hubiese podido ser. Hoy es y hoy soy feliz.

Pero, es inevitable que esa pequeña parte olvidada de vez en cuando navegue por mi océano. Él se expande gracias a la sal de mis lágrimas. Y yo decido dejarlas salir, lentas y silenciosas, refrescantes, para que me encaucen hacia un nuevo océano.

¿Nunca hablas con tus lágrimas? Ellas dicen muchas cosas, las mías hoy me dan las gracias por dejarlas salir, me dicen que aunque a veces se presentan sin ser llamadas, no es por fragilidad, me dicen que soy fuerte y me muestran que puedo ser lo que quiero ser, peros son necesarias para dar paso a ello.

Así que sin apenas darme cuenta otra lágrima más se derrama y cualquier parte de mi ser que estuviese navegando a la deriva sobre el resto de lágrimas derramadas, avanza hacia un nuevo hogar.

La soledad que siento en alguno de esos momentos, se siente acompañada por ellas y me enseña que mi apergaminada imperfección se atenúa cuando es humedecida con los jóvenes colores que se originan en el lienzo de mi corazón al enviar lágrimas.

¿Sientes como yo la cercanía de esos colores transformadores creados gracias a tus lágrimas?

Como todo en nuestro paso por este viaje, esta transformación tiene lugar en el mundo interno, a pesar de que este pueda ser la ciénaga más oscura y densa de todo el universo.

Con una sola lágrima podemos regarlo y limpiarlo hasta verlo como el purificado cielo que nos muestre los colores que nos empujen hacia nuestra verdad.

Pero no me hagas caso, como siempre, es mi verdad, no sé si será la tuya.

Recuerda que nadie excepto tú puede decirte que hacer ni como hacerlo.

La mejor manera de probar a reconocer tu verdad es intentar separar el grano de la paja, y eso es un trabajo difícil y personal, así que mi verdad nunca será la tuya a no ser que tu corazón así te lo haga sentir.

¡Es como si recordases algo muy antiguo que siempre vivió contigo!

Pero ten en cuenta una cosa, dejar escapar tus lágrimas no significa que las mantengas presentes habitualmente como si la soledad o la tristeza tengan que ser tu destino obligatorio.

Sin desmerecer su objetivo en nuestra vida, pues creo que son el rocío del espíritu y no podríamos sobrevivir sin su servicio mucho tiempo.

Y ¡como siempre!, me gusta ser autocrítica, pido disculpas en nombre de todas esas veces que he sido incapaz de hacerte entender lo que quiero decir con mis explicaciones.

Te pido perdón si no he sabido transmitir la magia que yo siento e intento que veas, la maravilla de tu persona, tus sonrisas, tus miradas y por supuesto tus lágrimas, que hoy son mis protagonistas.

La primera regla para mí, siempre, es la de estar presente.

Ya sé que lo digo hasta la saciedad, pero habitualmente me ocurre que a veces cuando pienso en un asunto o problema, inevitablemente caigo en los mismos errores y mi narrador interno activa el protocolo limitante: – ¡Ya estás otra vez en el mismo lugar!, – ¿No ves que no hay solución y que lo único que puedes hacer es no luchar con alguien que es más grande que tú?

Toma tu arma, el arma que tienes guardada para situaciones difíciles y corta todas las pequeñas cabecitas de la cabeza de medusa, en este caso tu narrador negativo.

Lo llamo medusa porque nadie quiere mirar sus ojos…

Cada una de sus pequeñas cabezas muestra uno de tus miedos y limitaciones… las incertidumbres, el agobio, el desamor, él no puedo, él no puedes, él es mejor que tú o peor que tú, y la cabeza de quien siempre te mira por encima del hombro.

Todas ellas caen a tus pies porque ninguna tiene cabida en tu historia. ¿O piensas esperar tu muerte sentado con todas ellas acompañándote hasta que venga a buscarte.?

Y te lo dice esta pequeñaja, pues eso soy, una pequeñaja cabrona que siempre lleva algo escondido.

Y cuando se enfurece pueden rodar cabezas, todas las cabecitas de medusa, empezando por las propias y terminando con las de quien se acerque con ganas de hacer daño a sus seres queridos.

Eso es lo peor y no puedo enjaular a mi enana cabrona, porque si intento salir de ese territorio que me hace salvaje, me vuelvo desconfiada, como cualquier enano y regreso a mi cueva.

 

Lo bueno de todo es que a la enana cabrona le fascina la vida y sus seres queridos, así que suele dejarse vencer por la risa, el buen humor, la buena música y la compañía de ellos, que es la mejor compañía.

Y ellos me llevan de vuelta a lo más importante, mi libertad…

 

 

¡Namasté!

 

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