Un brillo especial

Escrito por Marié

7 de octubre de 2022

La piedra en el camino – Diario CEMBA

Una mañana peculiar, ¡Pues claro!, todas las mañanas son especiales, al menos eso pienso yo. Pero hoy es hoy, y aquí sigo, así que, sí, para mí esta mañana tiene, como siempre, un brillo especial.

Como cada día soleado, el sol entra calentando la madera del suelo de mi sala, veo desde mi cama el brillo de las gotas de lluvia sobre la barandilla, son brillos deslumbrantes tras una madrugada lluviosa.

A medida que el sol va avanzando y el día va deslizándose, vienen a mí esos recuerdos que siempre me invaden cuando dejo que mi mente divague.

Hoy mis recuerdos han viajado a antiguos tropiezos, esas equivocaciones inofensivas o no tanto, que he tenido y que todos tenemos a lo largo de nuestros viajes.

Quiero dar las gracias por las inofensivas y también por las demás, esperando siempre y deseando que no dañaran a otros, pero ¿Suelen hacérselo a quien tuvo el tropiezo?

La intensa luz solar que me ha hecho viajar, es también la que me ha devuelto de nuevo a la realidad. A su claridad es a la que tengo que prestar atención para no tropezar de nuevo en el mismo punto, sea seguro o no.

La claridad del amanecer me suele mostrar que los tropiezos nada tienen que ver con las piedras con las que tropezamos ni con los pedruscos ni con los guijarros, solo tienen que ver con quien tropieza.

Pero ¿Por qué? ¿Quizás porque los obstáculos con los que chocamos permanecen impasibles? Muchas veces, ni siquiera perciben nuestro tropiezo, no se mueven, ni se inmutan, ni se percatan de que hemos tropezado porque estaban allí. Y aun sabiendo que nos dirigimos directos a chocar contra su indiferencia, nosotros no modificamos nuestro itinerario.

Así que ¿Quién es responsable? Normalmente, las culpamos a ellas. Pero realmente la responsabilidad es de cada uno, de la atención, de estar despiertos y presentes, de sentir, observar y ver esas posibles piedras para no continuar y continuar tropezando con ellas.

Todos estos son argumentos muy trillados, llámalos metáforas, cuentos, historias, fábulas, como quieras, se utilizan mucho, es normal, porque son situaciones comunes en los humanos. Así que creo que es normal también que la piedra venga a la memoria de todos cuando pensamos si podría haber sido de otra forma.

¿Y si esa piedra vuelve a aparecer? Esa es siempre la pregunta. No obstante nunca esperamos a darle una respuesta.

Por eso, creo que la piedra, el bache, el pedrusco, da igual el tamaño, precisa hoy mi defensa. ¿Cómo se dice?… Voy a romper una lanza a su favor.

Las rocas, si les damos un buen uso, nos ayudarán en nuestro camino, es más, formarán nuestro camino.

Nosotros podemos hacer algo útil: podemos proteger ese sendero único, privado, personal e intransferible franqueando sus bordes con bonitas piedras, piedras de colores, guijarros brillantes que nos mantengan en el camino correcto ayudándonos a no volver a tropezar.

Y cuando aparece una piedra más oscura, o con una forma que no es de nuestro agrado, tenemos la mala costumbre de darnos contra ella una y otra vez.

Creo que cuando ocurre esto, es porque ha llegado el momento de aceptarla, de mirarla con perspectiva y observar el camino. Quizás es lo que quiere, que miremos el camino, quizás quiera decirnos que no es el camino correcto y ella no es el obstáculo sino un aviso y una ayuda.

Probablemente sea esa piedra necesaria en los cruces de caminos, esa que nos da la posibilidad de elegir el sendero que debemos seguir entre varias posibilidades.

Poder elegir entre varias posibilidades es algo que me gusta.

Todo es dual, y nuestra piedra también lo es.

Las miserables piedras… esas piedras del camino, son desde hoy mis aliadas, desde hoy las voy a atender, escucharé sus mensajes. Puede que no los oiga al principio, y sin darme cuenta tropiece con ella y hiera mi piel. La herida me obligará a mirarla y escuchar el mensaje que transmita a mi corazón.

Y llegados a este punto, si realmente descifro el mensaje que tiene para mi corazón, será una batalla ganada. Aunque cada persona puede dar una explicación diferente, pues diferentes somos. Así que esta misma piedra tendrá diferente mensaje para cada uno.

¡Sígueme!… conflictos, problemas propios o dificultades con los demás, falta de autoestima, inseguridad, falta de voluntad, dolores antiguos, duelos, enfados… nos ocurren a todos.

Son diferentes piedras, si, para unos pueden ser simples guijarros y para otros serán piedras enormes, existenciales. Creo que habría que ir saltando los pequeños, como pequeños obstáculos que son, entrenando por si necesitamos dar el gran salto sobre la piedra existencial.

Esos grandes saltos, aunque puedan parecer iguales o similares, tienen diferencias. ¿Y en qué se diferencian si podrían ser iguales? Se diferencian la manera de ser superados.

Y creo que una vez superados, debemos agradecerles, acariciarles, abrazarles, bendecirles… ayudando a sanar ambas partes.

Quizás lo más peligroso no sea el tropiezo en sí, no lo sería si lo dejásemos como tal… un simple tropiezo. Pero tenemos la mala costumbre de mantener el obstáculo en nuestro pensamiento… Y ¿Qué ocurre? Aunque los pensamientos sean solo eso… pensamientos, tienen una capacidad de herir superior incluso al propio obstáculo.

Y es porque estos pensamientos arrastran sentimientos, sentimientos paralizantes.

Vamos a probar algo más útil, meternos dentro de esos sentimientos, ocultarnos tras su sombra. La gran sombra de esa piedra nos servirá de descanso y refresco. ¡Usémosla! Dejando a los pensamientos volar sin dolor.

Quizás hay piedras que desmotiven, como dejarnos llevar por la insatisfacción frente a actividades que anteriormente nos gustaba realizar y eran valiosas. No te desanimes, quizás el momento de esa actividad haya pasado, la vida es cíclica. No quiere decir que no vayas a encontrar otra actividad que te apasione y que pueda sustituir a la anterior.

Hay piedras que pueden generar deseos sin saber como llegar a ellos. Pueden ser deseos de cambiar de vida, como dejar atrás ciertos hábitos o rutinas. Si apartamos la piedra quizás encontremos la voluntad para dejar todo lo que no nos satisface fuera del camino.

Si tu piedra existencial te acarrea una insatisfacción general, es porque la percibes tan grande que no te deja ver el resto del sendero. Sube encima de ella y mira todas las posibilidades, obsérvate desde la altura a la que has llegado.

Y como antes dije, vamos a ir saltando piedra a piedra. Todas diferentes para cada persona, pero similares: las más dificultosas, los pensamientos. O creer que no has vivido algo que mereces, un agotamiento emocional extremo, sensación de no conocerte, preguntas sobre el pasado, no reconocer los momentos felices, dudas profesionales, familiares o de pareja, incertidumbre por el futuro, falta de voluntad, apatía, sensaciones de soledad, certeza de nuestra vida efímera, propio propósito… límites y aguante frente a todo ello.

De uno en uno. Observando y superando esos guijarros, ellos marcarán la senda hacia nuestro tesoro merecido.

¡Y cómo comencé este relato reflexivo hablando de brillos! Pido ser ese brillo especial en las puertas, deseo poder servir de luz que alumbre cada caminar y saber utilizar para ello palabras sanadoras.

Quiero que la luz me guíe para ver lo no aparente, convertirme en una taza de café caliente en una tarde de invierno, o de té si no te gusta el café… ¡O de cacao!

 

Deseo soñar los sueños divinos y que se transformen en realidades. Y que mis huellas, como otros hicieron para mí, dejen rastros de luz.

 

¡Desatar nudos, bordar libertad!

 

¡Namasté!

 

 

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