Noche de difuntos

Escrito por Marié

31 de octubre de 2023

Como buena espiritualista, me gusta todo lo relacionado con el mundo espiritual. Y hoy quiero escribir sobre la noche de difuntos y el sendero espiritual al que está asociado desde siglos atrás. La rueda del tiempo nos traslada de nuevo a Samhain. 

(En memoria de muchas personas que permanecen vivas en ese otro plano. Para todos ellos. Ya tengo más en el otro lado del velo que en este. Abuelos, primos, tíos, amigos y el más importante, mi padre).

Denomínalo como quieras, noche o día de difuntos, noche de todos los santos, Halloween, Samhain… Cada uno que utilice y le dé importancia a lo que prefiera.

En cada lugar se vive de forma diferente. Independientemente del nombre y de los sentimientos, en todas las culturas es una noche especial en la que la línea que une el mundo físico con el mundo de los muertos, se hace más fina.

Hoy se abre de nuevo la puerta con el más allá. Se pueden advertir, más cercanos, los espíritus de nuestros seres queridos.

Los que habitualmente los percibimos, seguimos sintiéndolos, pero los que no tienen esta capacidad, si ponen atención, pueden llegar a percibir algún roce en su cuerpo, algún susurro, o una ligera brisa a su alrededor. Y si escuchan desde su corazón podrán averiguar de quién se trata.

Creo que con nuestras tradiciones y nuestros llamamientos, sobre todo al ser a nivel mundial, tenemos la capacidad suficiente para abrir las puertas que normalmente nos separan.

Tantas personas, en tantas partes del mundo, rindiendo homenaje a sus seres queridos fallecidos, hacen una silenciosa llamada para que ellos puedan acercarse. Entre todos abrimos esas puertas… ¡Pon atención!

Lo creo firmemente, por eso estos dos días me resultan entrañables.

Realmente, me siento afortunada por la capacidad preciosa que se me ha regalado.

Siento gratitud por poder sentir, ver, escuchar a seres que habitan al otro lado del velo, y estos dos días en los que pedimos y así damos los permisos para que nos rodeen, me resultan especiales.

Aunque mis honores hacia mis seres queridos ausentes los haga a diario, entiendo y respeto todas las tradiciones relacionadas con este homenaje. Sin embargo, me causa cierta tristeza, comprobar que algunas personas solamente son recordadas en estos días, o incluso ni siquiera en ellos.

Podemos comprobar como en México celebran el día de muertos acompañándolos en los cementerios, ofreciéndoles sus comidas favoritas, cantando sus canciones… y eso me recuerda a como se celebra este día en el pueblo de mis mayores… Écija. En Écija también se invertía o se invierte este día para visitar y acompañar a los ausentes, llevando la comida y pasando todo el día en los cementerios. Recuerdo que mi abuelo materno lo contaba.

Hay tradiciones muy antiguas que en algunas partes del mundo llegan hasta nuestros días, y la gran mayoría no son Halloween.

Los que seguimos el sendero anímico a diario y nos mueve la espiritualidad, escuchamos los consejos que nos llegan de nuestros muertos, nos dejamos llevar por una forma de vida basada en lo natural, lo creativo, las emociones, la verdad, la sinceridad, la individualidad por encima de las modas, el respeto, el crecimiento personal, la armonía con cada ser. Toda esa información me llega desde esa parte del velo.

Los que seguimos este camino no damos importancia a ninguna subordinación, porque nos sentimos iguales a todos. No adeudamos servidumbres, pero sí un profundo respeto, aunque a veces lo enmascaremos con un gran sentido del humor y nuestras ganas de vivir con humildad y sin prejuicios. Y eso también lo muestran los muertos.

Por todo ello, y sobre todo en días como hoy, en los que llamamos a nuestro lado a esos seres queridos tan amados, nos damos cuenta de lo que realmente importa.

Cuando mi padre murió, sentí una ausencia insustituible, marcha que sigo sintiendo, pero que él completa de vez en cuando con sus visitas.

Mi padre no era ni viejo ni joven cuando se fue, tenía 64 años, pero su marcha me hizo ver el valor de muchas cosas, como a cualquier persona que pierde a un ser querido muy querido.

Que casi nada tiene la importancia que le solemos dar, y sobre todo me enseñó a divertirme, a reírme, a no valorar lo que realmente no tiene valor. A amar profundamente a mis amigos y seres queridos, pero también a dejar de amar cuando no quieren ser amados.

Me sigue enseñando a valorar cada minuto de vida que vivo, a medir cada situación en su justa medida, a decir lo que siento y lo que pienso antes de que sea tarde y sobre todo a pedir perdón y a perdonar.

Me sigue enseñando a quitarme los pesos que no son míos, a llevar lo justo para que el viaje sea llevadero.

A mirar siempre a los ojos, a escuchar y conocer, y después a hablar, a no ocultar lo que siento. Y vivo más tranquila.

A decir las verdades, mis verdades, que como siempre digo, no son las de otros, pero siguen siendo las mías.

Y a vivir mi vida desde ellas, a vivir desde las verdades que me hacen feliz sin dañar a nadie, no de manera voluntaria, al menos. Para que me den paz, sin perjudicar.

A disfrutar de los míos hasta la saciedad, que mis hijos son el amor más grande que voy a sentir en la vida, que educarlos y enseñarles valores, cuando es tiempo de hacerlo, es lo más importante y a dejarlos volar, pues no son míos.

Me enseña a ver que los hijos de otros son tan importantes para sus padres como los míos para mí, y en eso consiste la unidad, la empatía, en ver que sentimos el amor de la misma manera. Y si el resto no lo ve así, a mostrárselo, para poder advertir su respeto hacia nuestro amor.

Y que si dejamos que otros nos dicten como educar a nuestros hijos y como amarlos, nunca nos lo perdonaremos. La responsabilidad es de cada uno.

Me enseña todos los días a no esperar nada de nadie, a hacer las cosas de corazón, desde una verdad absoluta y maravillosa, que deja tranquilidad en mi corazón.

Y de acuerdo con todo eso intento vivir. Cerrando lo que debe estar cerrado y abriendo las puertas y el corazón a lo que merece estar en él.

Procuro vivir fluyendo con la vida, y la vida es cambio constante.

Y si de pronto aparece algún problema, hablar, solucionar si tiene solución, y si no la tiene, soltar. Eso me lo decía desde que tengo recuerdos y sus reminiscencias siguen llegando.

Me enseña que no deje que nada me ate. Amo en profundidad y sin reservas, en cualquier situación, hasta que dejo de hacerlo por una buena razón.

No suele ser por propia decisión, sino por causas ajenas a mí, mi esencia es seguir amando.

A priori amo a todas las personas, todas somos dignas de amor. Pero el amor, como cualquier otro sentimiento hay que cultivarlo, abonarlo, cuidarlo. Si el amor existe, seguirá estando a pesar de cualquier circunstancia, y si no existe, puede ser que nunca existió. Lo podemos llamar necesidad.

Mi camino espiritual o mi forma de vida, como yo digo, está promovida por la espiritualidad. Mi existencia es pura celebración de la naturaleza, de las estaciones y de la vida, por ello hoy celebro la vida, y la muerte.

Hoy hay mucho que celebrar, cambios de ciclo, cambios de estación, y otras muchas cosas importantes.

Hoy la separación es casi inexistente, y para muchas personas es el momento de contactar con su pasado, o con personas de nuestro pasado que por alguna razón, estén o no muertos, ya no forman parte de nuestra vida.

Esta noche, yo aprovecho para recordarlos a todos, agradecer todo lo que hicieron en mi vida, bueno o malo, su compañía o su sabiduría, no con tristeza sino con amor, con alegría, con sentimiento de renacimiento.

Es un proceso de liberación emocional.

Es una noche de limpieza, de correcciones, de despedir rencores, penas, miedos, rabia o hábitos negativos. De acogida en el interior esa paz que deja todo ello al salir de ahí.

Esta simbología mundial la comparto con los que amo, amigos y familia. Hoy es noche de muertos, noche de fuegos, luces, sombras, brisas, miedo o ausencia de él.

De pequeña se prendían unas velitas flotantes (algunas veces con cintas negras atadas) y se dejaban durante toda la noche. Se ofrecían flores en las casas o en los cementerios.

Se preparaban dulces, se quemaban hierbas, hierbas protectoras como laurel, romero o canela, ruda o palo santo.

Mi padre adoraba el palo santo, siempre había por casa, trozos enormes de palo santo que solía prender para limpiar, no como los que hoy se venden, y por supuesto mucho más económicos… las modas…

También se recolectaban frutos secos para el invierno… almendras, nueces…

Siempre me encantó esta estación, la estación en la que vi la luz en este mundo. El color de las hojas y los tonos otoñales… nací en otoño, nací en el mes de los muertos, y sé que la vida y la muerte tienen su residencia en el mismo instante.

Y ahora lo prometido… Rituales y visualizaciones para una noche o madrugada como la de hoy.

… He recopilado alguno que se hacía en tiempos pasados.

 

Prende una vela negra, para despedir lo que no quieras tener en adelante. En un portavelas o en un caldero, lo que tengas por casa.

 

Bendice a todas las personas que han pasado por tu vida durante este año, obtén la energía amorosa que las bendiciones traen a tu vida. Siente la mejor energía que esta acción deja en ti.

 

Cuando se cumpla la vela negra, prende una blanca, recuerda a quien está ausente, de manera alegre y enviándole todo tu amor.

 

Enciende también algún incienso, o utiliza alguna esencia de tu elección, de buena calidad.

 

Puedes prender un sahumerio preparado por ti o comprado para la ocasión. Coloca también un recipiente con agua, cerca de ti. Un trozo de madera natural, o una maceta con tierra fresca.

 

Siente la energía que se genera a tu alrededor.

 

Si te nace, puedes hacer una meditación, si no sabes busca alguna que te conecte con Gaia, la madre tierra, para que te proteja de las energías negativas.

 

Sola y tranquila, respira, imagínate siendo árbol, uno de tu elección, ese árbol con el que te identificas. Su tronco es tu espina dorsal, y tus pies son las raíces. Ellas se extienden hasta el centro cristalino de la madre tierra.

 

Imagina la energía subiendo por tu interior, por la parte interna de tu columna hasta tus brazos, tus ramas, y saliendo por tu corona. Desde ella rebosa bañando todo tu cuerpo. Y en cada respiración siente lo mismo. Nota como tu energía se limpia y aumenta.

 

Piensa y di en voz alta que tu energía ha cambiado, que tus ancestros ausentes te han ayudado transmutando lo negativo en positivo. Y así es.

 

 

¡Otro nuevo ciclo concluye, la rueda de la vida continua y en esta vuelta arrastra lo innecesario.!

 

¡Namasté!

 

 

4 Comentarios

  1. Yolanda Carretero Pagadizabal

    Como siempre da gusto leer lo que escribes.
    Esta noche, no solo es recordar a nuestros seres queridos que nos dejaron en un momento dado, hay que recordarlos siempre.
    Un gran hombre tendría que ser tu padre por todo lo que te ha enseñado en la vida.
    Cada línea que escribes me hace reflexionar.
    Sigue escribiendo tan bien, de verdad.

    Responder
    • Marié

      Gracias Yoli.

      Si, tuve la enorme suerte de tener un padre excepcional.

      Y también la gran suerte de sentirle y poder seguir comunicándome con el.

      Me encanta saber que te ayudó a reflexionar. Es algo que deberíamos hacer diariamente, por nosotros y por quienes nos rodean.

      Gracias por ser incondicional.

      Un abrazo

      Responder
  2. Carmen Ramírez

    Me ha encantado, ojalá tuviese yo esa capacidad que tienes, a ver si hago algún ritual, lo he leído tarde, no tengo vela negra

    Te quiero, gracias por tanto

    Responder
    • Marié

      Lo puedes hacer el día de santos, día uno de noviembre, o más adelante si no puedes.

      La intención que tú le pongas es lo importante.

      Gracias a tí, siempre. Por vosotros escribo.

      Un abrazo grande.

      Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede gustar…

¿Somos eso?

¿Somos eso?

¿Somos eso? ¡Vamos a comenzar hoy con preguntas! ¿Cómo podemos empezar? ¿Otro día divertido de preguntas sin...

Vivir jugando

Vivir jugando

Nacemos, nos cuidan, comenzamos a caminar, a hablar, aprendemos muchas cosas. ¿Pero cuál sería el aprendizaje...

No sé qué hacer

No sé qué hacer

No sé qué hacer, tengo ganas de de hacer algo, pero no puedo averiguar ahora mismo que es, así que me acabo de sentar...