No es tan difícil

Escrito por Marié

16 de junio de 2023

Hoy toca pedir perdón. ¿De nuevo? -Sí. Y no es tan difícil. Además, deja el alma ligera.

Hoy va a ser un día para pedir perdón a muchas cosas.

Cosas de las que se suele huir.

Pero yo creo que deberíamos mirarlas de frente, siempre y cuando no hagan excesivo daño o no permanezcamos en ellas demasiado tiempo.

Primero voy a pedir perdón a Marié, creo que merece que la perdone. Como cualquier otra persona, se equivoca, y muchas de las veces no se da cuenta de esas equivocaciones.

Y como consecuencia puede haber un percance ignorado.

No es tan difícil, pero tampoco es tan fácil perdonar, y sobre todo perdonarse a una misma, primero hay que reconocer lo que quieres perdonar, esas zonas internas a las que no puedes llegar por los nudos que se han ido formando a raíz de no haber perdonado antes.

Así lo siento, y así percibo cada afrenta a mí misma, como nudos que hay que ir desatando con valentía y salero (como decía mi abuela). Y lo que considero muy importante, por si alguna vez intento mirar hacia otro lado, es poder recurrir a unos ojos objetivos a los que poder pedir una opinión. Seguro que algunos os reconocéis en esos ojos amigos, oyentes y sanadores.

Perdonarse a uno mismo no es un camino fácil, no es fácil perdonar, pero tampoco es tan difícil.

Por lo tanto, otra cuestión a la que quiero pedir perdón y perdonar es a mis enfados, algunas veces pueden parecer rabietas, pero cuando estás en su interior no lo percibes como tal. Esta cuestión puede hacer mucho daño, pero normalmente no se alarga en el tiempo. De cualquier forma, Marié perdóname. Marié te perdono.

Mas ejemplos de cosas de las que solía huir hasta que he aprendido que huyendo no se soluciona nada: la tristeza, por eso, de unos años a esta parte, dejo que me acompañe. Pero igualmente un tiempo limitado, el suficiente para no forzar algo que no siento. Sin embargo, lo suficientemente corto para no permitirla instalarse conmigo.

Hola Tristeza. Yo creo que cuando era más joven pensaba que eras poco beneficiosa, que no favorecías mi objetivo de intentar ser más espiritual. Porque la sensación que advertía en tus ojos me parecía de debilidad, un signo de vulnerabilidad o de fragilidad, y no encontraba ningún interés en contemplar tu mirada.

Quizás también me provocabas vergüenza, hasta que me di cuenta de que Marié también es tristeza, entonces te ofrecí mi mano y desde entonces, caminamos juntas de vez en cuando. Perdóname tristeza.

Te perdono tristeza, e inclino mi sombrero en tu presencia, he aprendido a descansar un poco en tu compañía. Medito contigo, suspiro y juntas acunamos a mi alma. Cuando advierto un poco de alegría aproximarse a nuestro encuentro, me suelto de tu mano y según vas alejándote voy observando tu ayuda en mi vida. Puedo percibirte desde la distancia y agradezco el alivio que me trajiste. Veo tu partida, sabiendo que es un hasta luego, pero sabiendo también que, si te acepto algún ratito a mi lado, me servirás de liberación y traerás descanso a mi corazón.

Perdóname miedo, has sido en muchas ocasiones un fiel compañero, y como al resto te digo, que en adelante te permito estar un rato a mi lado, pero no excesivo. El suficiente para que no se me olvide mi temporalidad y mi muerte.

Intento ayudarme a mirarte y aceptarte en mi vida por breves momentos, en ellos puedo incluso ser tu amiga. Y mi perdón para ti es porque en muchas ocasiones tengo que darte las gracias. Gracias a ti Marié se levanta contra lo que pueda hacer daño a su ser, en cualquier nivel, físico, mental emocional o espiritual.

Y cuando veo que estás cerca, tu mismo me ayudas a expresar sin miedo. Así que supongo que la cuestión queda en un equilibrio. Marié perdóname, perdona mi miedo. Marié, te perdono.

Como es un día de perdonar, voy a escribir una meditación, o como lo quieras llamar. Me la ofrezco a mí misma y te invito a que la utilices si te sientes identificada o identificado.

 

Perdóname por sentirme algunas veces sola, sin darme cuenta de lo afortunada que soy por tener a tantas personas a mi alrededor que me protegen, me quieren y me cuidan. Te perdono.

 

Me pido perdón porque en alguna ocasión siento que no tengo algo que me gustaría, por sentir que quizás no lo merezca sin percibir lo afortunada que soy por lo que si tengo. Me perdono.

 

Perdóname por esas ocasiones en las que no creo en mí misma, en mis capacidades, en todo lo bello que ha nacido conmigo y que morirá junto a mí o vivirá eternamente a mi lado. Lo único en mí, lo que realmente soy. Te perdono.

 

Me pido perdón por esas muchas ocasiones en las que no miro en mi interior, no escucho los mensajes de mi cuerpo, lo maltrato, le insulto o lo ignoro.  Por no respetar alguna petición de socorro por su parte, por la falta de respeto de no socorrerlo, y por no ponerme en valor. Me perdono

 

Perdóname porque en muchas ocasiones me pierdo en mi camino, dejo de hacer cosas fundamentales por hacer otras que no aportan nada a mi vida ni a otra vida. Hago cosas que no me representan y acabo agotada. Te perdono.

 

Me pido perdón porque en ocasiones, no tengo la valentía suficiente y permito a los miedos manejar mi vida y frenar mi aprendizaje y mi crecimiento. Me perdono.

 

Perdóname por esas ocasiones en las que me dejo llevar por juicios, por alguna opinión, aunque mi ética me diga siempre que no es correcto. Te perdono.

 

Me pido perdón porque en ocasiones, la tristeza no quiere abandonar mi compañía y con ella arrastro a las personas que quiero. Me perdono.

 

Perdóname por las ocasiones en la que el ego asoma su nariz a mi vida y toma sus riendas. Por dejarme llevar por sus oscuros deseos y prestar menos atención a mi corazón. Te perdono.

 

 Me pido perdón por mis duras palabras para mí, por las exigencias desproporcionadas y duras que pongo a mi persona en muchas ocasiones. Me perdono.

 

Perdóname por algo que considero muy importante, privarme de libertad, la que muestra a Marié, la que me ayuda a todo lo demás. Te perdono.

 

Pero lo más importante, me pido perdón por mis muchos enfados, sobre todo por los que vierto sobre el mundo que me acoge, sobre lo que considero injusto, sobre lo negativo y sobre la vida en sí misma, por lo tanto, sobre mí. Me perdono.

 

Acepto todo este perdón que me da la posibilidad de ver mis partes escondidas, gracias a él también se abre el velo de los ojos que me observan, me muestan sus discrepancias y las acepto.

 

Todo ello me muestra mi verdadero ser, y el es maravilloso y único. 

 

Gracias Perdón, por tu aceptación puedo vivir en paz con mi persona, me acerco más a mi parte coherente, me respeto e intento no juzgarme tan duramente.

 

Puedes usarla para ti, tal cual, o cambiando lo que necesites, todos necesitamos perdonarnos para poder seguir tranquilos y en paz. De esta manera todo es más sencillo y con menos limitaciones.

Considero que no saber perdonarse a uno mismo, aunque no sea la única causa, es motivo de baja autoestima, amargura, conflictos internos y externos, trastornos de conducta y otros sentimientos que nos frenan.

He percibido que cuando logro perdonar alguno de mis muchos defectos, también puedo perdonar lo mismo en otras personas. Encuentro en mi interior la empatía necesaria.

Y todo ello me demuestra que, quizás en muchas ocasiones, el perdón causa más humillación en quien tiene que perdonar, en la persona que se siente ofendida, voy a llamarla víctima para que se entienda; que en la persona que está pidiendo perdón por la afrenta cometida.

 

Considero que la mayoría de las veces, como estoy intentando explicar, la actitud del ofendido habla mucho más sobre él que sobre el posible ofensor.

 

¡Namasté!

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