Mirar de frente la oscuridad

Escrito por Marié

13 de mayo de 2022

Enfrentar la oscuridad mirándola a los ojos

 

Lo que menos importa es tu identidad. Todos, sin excepción, debemos mirar de frente la oscuridad.

La vida da igual si son muchos años o pocos los que disfrutemos de ella, nos pone de frente un infierno. A unos antes y a otros después, a unos durante más tiempo que a otros, dependiendo de nuestra capacidad de aprendizaje y adaptación.

Pero lo que si es cierto, es que todos descendemos al inframundo al menos una vez en cada regreso. Y cuando buceamos a esa profundidad, a esa zona de insondable oscuridad, la mayor parte de las veces, no somos capaces de ver si no es a través del dolor.

La zambullida puede ser provocada, en cada persona, por causas diferentes, y con intensidades distintas. Cada persona tiene un nivel diferente de adaptación y lo que para unos puede ser un leve contratiempo, para otros puede ser el mayor de los infiernos. Viejas heridas, una experiencia espiritual intensamente vivida y bajar de nuevo al mundo, éxito o fama mal gestionados, incluso enfrentarnos con nuestra realidad familiar cotidiana.

La experiencia en sí es lo de menos, y lo que nos rodea tampoco es lo que más pesa.

Se dice que cuando quieres crecer espiritualmente, no hay más remedio que enfrentar y atravesar momentos de gran oscuridad. Yo no creo que sea necesario en todos los casos, pero si, en alguno. Y si de todas maneras, nos pongamos como nos pongamos el colapso va a llegar, más vale que nos pille preparados. Al menos que las experiencias de ayer nos sirvan de lecciones para hoy.

Se dice que tiene que aparecer la destrucción inmediatamente antes de un avance, igual que un renacimiento viene precedido por una muerte.

Puedes llamarlo transformación, metamorfosis, o como mejor prefieras, es similar al proceso de cualquier gusano u oruga antes de su última vida. Es luz y es oscuridad, para ser de nuevo luz. Oruga, capullo, renovación, transfiguración y renacimiento con una nueva luz: mariposa. Quizás es el túnel del que tanto se habla. El túnel es diferente para cada ser y para cada situación. Vida, muerte; muerte, vida.

Lo  importante es hacernos amigos de nuestros demonios, ellos, si les escuchamos y viajamos junto a su compañía, nos enseñan las mejores lecciones. Pero si les negamos y no queremos aceptarles, siempre se harán presentes y se nos mostrarán hasta que les veamos y les aceptemos. Viven en nuestro interior, al igual que nuestra divinidad. Otra cuestión dual de la que estamos formados.

Si lo único que hacemos es echarles un vistazo de vez en cuando, solo veremos su rostro de forma fugaz. Si seguimos sin prestarles demasiada atención son capaces de presentarnos de frente un caos pleno y dramático, para que nos demos cuenta de su presencia y la aceptemos como parte de nuestro camino.

Ellos forman parte de nuestra vida espiritual y nos mostrarán la manera de aumentarla. Debemos tomar el control y ayudarles en su camino, paralelo al nuestro, antes de que sean ellos los que asuman el control de nuestra vida.

Lo normal es que intentemos ocultárselos a los demás, aunque en ocasiones son ellos los primeros que se asoman en nuestras relaciones, sobre todo si estas son un poco complicadas.

Debajo de nuestras máscaras sigue viviendo ese territorio oculto y oscuro.

Nuestros impulsos, nuestras heridas y cicatrices antiguas o nuevas, nuestras tristezas, nuestro aislamiento y todo lo que creemos que nos perjudica y que tratamos de ignorar, son su alimento.

Debemos intentar acercarnos a una solución, ignorar algo que es nuestro y que quiere atención, es la peor de las opciones, porque seguirá apareciendo hasta tener nuestra mirada puesta en su verdad.

Esas sombras que no queremos ver, son nuestra parte dual oscura, somos nosotros, y debemos equilibrarla con  nuestra dualidad luminosa, abrazándola.

Podemos viajar juntas y beneficiarnos de la riqueza emocional que puede proporcionarnos si no la miramos a través del dolor, sino de la compasión y la comprensión.

Si la reconocemos como nuestra nos ayudará en nuestro camino hacia la sanación y la vida plena.

La sombra de la que nos asustamos al mirarla de frente, como niños pequeños huyendo de ella, es el conjunto entero de nuestras vivencias, no es solo la parte herida, es la curación en sí misma, es el camino hacia una vida más auténtica.

Al reconocimiento y asunción de su presencia yo lo llamo el trabajo de las sombras, y a nivel terapéutico lo abordo energéticamente en todos los aspectos del ser, el mental, el emocional, el espiritual y el físico.

Hay sombras propias y sombras que atraemos a nosotros por nuestros comportamientos. Las propias son las que tenemos que reconocer y aceptar, a las que debemos mirar de frente. Ellas son las que nos traen las mejores enseñanzas.

Las sombras que no nos pertenecen, pero que se acercan a nosotros, lo pueden hacer por diversas causas, la principal, no aceptar a las nuestras propias, luchar contra ellas. También pueden acercarse en momentos de debilidad mental, de tristeza, incluso cuando tratamos de hacer el bien, para alejarnos de él; o cuando hacemos algún mal, para alimentarse de él. Vienen para servir de apoyo a la oscuridad en nuestra lucha interna y esas si pueden hacernos daño.

Varias veces he contemplado estas otras sombras ajenas. En alguna ocasión intentan alejarse cuando aumento el nivel de energía. O cuando las invito a acercarse a una zona más iluminada. Algunas veces se esconden en las propias sombras físicas de mi casa hasta que las ayudo a volver a su lugar de origen, o a otro lugar en el que puedan continuar su aprendizaje, sin seguir haciendo daño.

Hay personas que vienen a terapia cargadas y estas sombras no se hacen visibles hasta que no trabajamos durante un tiempo con las energías. En alguna ocasión, también han sido vistas por su portador, incluso por mi mascota (la que me ayuda, alguna vez, a devolverlas a un lugar más seguro para ellas y para nosotros).

Si has reconocido a tu alrededor o en tu hogar este tipo de oscuridad, puedo ayudarte:. https://universomarie.es/otras-terapias/

Continuando con nuestras propias sombras: El hábito de reconocer la propia sombra, es un trabajo práctico e individual que nos ayuda a completarnos. Acéptala  en lugar de evitarla o reprimirla y será ella la que te ayude.

La primera sombra a trabajar es la que tienen que realizar las personas con la autoestima baja, ella es la principal, hay que estar fuertes emocionalmente antes de continuar, para poder trabajar con el resto de nuestras sombras.

Los propios demonios son los que te hacen caer en el odio hacia tu persona y hacia el exterior. Dale un empujón a tu amor propio y sé tu amistad más profunda e incondicional, vas a vivir siempre en tu compañía, así que aprende a aceptarte, tus luces y tus sombras.

– Fuente de la foto de entrada: Trakfintu

“Del sufrimiento han surgido las almas más fuertes: los más grandes caracteres están cubiertos de cicatrices” – Khalil Gibran

 

Mis luces y mis sombras

 

Me gusta ser sincera sin ocultar la verdad,
defiendo lo que pienso, respeto lo que siento, 
me gusta hablar de frente,
más nunca con maldad.

 

Hay veces que mi sombra se asoma sin llamar,
su reflejo aparece como una noche oscura
más ese reflejo no es lo que soy,
no es mi personalidad.

 

Soy mujer, soy sensible a todo dolor ajeno,
soy emocional y solidaria con los demás,
si alguien me necesita no lo aplazo hasta luego,
acudo a la llamada, valoro la amistad.

 

No me gusta que me impongan lo que he de hacer,
vivo intentando ayudar de verdad,
me enseñaron lo suficiente para ver,
y saber decidir yo misma bajo mi parecer,
pero hay veces que mis sombras aparecen sin más.

 

Mi naturaleza es rebelde, lo heredé sin pedir,
mi familia paterna me enseño a luchar,
soy fuerte y con carácter y no quiere decir
que lo sencillo y lo noble no vivan en mí,
un equilibrio justo no se debe juzgar.

 

De mi madre aprendí a ver en los demás,
las sombras que tenemos y no podemos ver,
la bondad y las cosas que no sueles mostrar,
los dolores ocultos que te hacen temer,
mostrando esas sombras que quieres ocultar.

 

La combinación perfecta la debo de aceptar,
el conjunto que forman las sombras y la luz,
el resultado de ello soy yo, es mi verdad.
Por difícil que sea superar cada cruz.

 

El reflejo de la sombra oculta en mi interior,
puede mostrar a veces una versión de mí,
que si miras despacio se parece a ti,
somos todos cortados por el mismo patrón.

 

A mis padres les debo el conjunto que soy
altruismo, rebeldía, bondad, sinceridad,
amistad, fortaleza, luz, sombra… todo eso lo doy
más nunca me enseñaron a usar la maldad.

 

– Marié –

 

 

¡Namasté!

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