Lugares muertos

Escrito por Marié

1 de agosto de 2022

Hace algunos años tuve un arrebato de nostalgia, quería volver a pisar el pasado. Y lo expreso de manera literal, tenía deseos de visitar un lugar en el que viví grandes momentos, un lugar de paz, de alegría, de cariño y de aprendizaje, un lugar entrañable para mí. En ese lugar transcurrieron la mayor parte de los fines de semana de mi infancia y primera juventud. Pero cuando volví a pisar su suelo, ese lugar había dejado de ser mi lugar, y esos parajes se habían transformado en lugares muertos.

Ya no exista lo que me enamoró, todo ello murió, y al ver esa desolación un trocito de mi corazón también murió.

Un patio desierto me observaba, una tierra en el pasado cuidada y fértil, mostraba su esterilidad y abandono. Una casa amada y grandemente disfrutada cerrada a cal y canto, vacía, desolada, en total desamor.

Murió el lilo, el jazmín, la parra, y la higuera, todos los frutales que con tanto cariño fueron cuidados. Solo quedaba un solitario membrillo, en el centro de esa tierra blanca y sucia.

Paseé buscando, observando, olfateando, esperando encontrar algún vestigio de lo que fue y nada existía ya.

¿Por qué lugares que dan tanta felicidad a ciertas personas, pueden ser abandonados y dejados morir por otras?

Durante mi paseo, dudaba si entrar o no y mi infancia me respondió con los sentimientos más contradictorios, ¿qué sentía?… Sentía romperse en mi interior una pequeña parte, quise no haber tenido que ver ese destrozo.

Aun así seguí paseando y lo que encontré no ayudó a mi tranquilidad, no pude encontrar nada parecido a mis recuerdos. Los caminos sucios y llenos de basura, descuidados, la pequeña loma de mis recuerdos había desaparecido, las casas de los alrededores también estaban medio muertas, el río contaminado y también muerto, lleno de basuras, abandonado y olvidado. La estación, la estación no se podía ver a causa de las zarzas, y el manantial tan venerado, no era posible ver si seguía en su lugar.

Y me amparé en mi decisión, en la excusa que me di para ir. Pero sentí que otras partes de mi conciencia un poco más profundas me decían que no fuese, que mantuviese intactos mis recuerdos. Ellos querían que no volviese a pisar ese lugar tan importante en mi aprendizaje.

Mi decisión de ir me hizo sentir que el tiempo no trata bien ciertas cosas. Y que esas ciertas cosas que tan importantes son para alguien, tienen un significado opuesto para otros.

Me sentí un poco absurda, esperando encontrar ¿qué?, fantasmas, vivencias escondidas por los rincones. Sombras de las persona tan adoradas, tan profundamente amadas e idolatradas. No había rincones en los que buscar, no había nada de lo que recordaba, nada me pudo transportar a esos preciosos días.

A pesar de ello, cerré mis ojos y me vi allí, años atrás, visualizando en el aire lo que en aquellos años allí existía. Apreté un poco más los parpados, para no permitir que mis lágrimas escapasen.

Sentí en mi sangre ese lugar muerto que me vio crecer, que me ayudó en tantos momentos oscuros. Lugar que vio mis primeras caídas físicas y también emocionales, lugar que ayudó a que me levantase de nuevo.

Es otro de los lugares de los que no me pude despedir de la manera adecuada. Aunque quizás la mejor manera de despedirte de ciertos lugares y de ciertas etapas es dejando alejarse los apegos… permitiendo que viajen a alojarse en los bonitos recuerdos.

Pero ¡no!, no pude dejarlos ahí, y regresé, haciendo que ese pedacito de mi corazón donde vivían, se rompiese.

Mi hermana me lo había advertido poco tiempo antes: – ¡Marié no vayas! Si yo me he sentido rota, ¿cómo te sentirás tú, que eres mucho más emocional?… Debería haberle hecho caso.

Intento no pensar en ello, lo dejo como un paréntesis cerrado, pero cuando mis pensamientos no me obedecen y regreso allí, intento viajar un poco más atrás en el tiempo, al jardín de mis recuerdos de niñez. A las hojas verde y gris de los álamos enormes, a la hierba seca en verano y, verde y frondosa en invierno, con la que jugábamos y a la tierra mojada los dias de lluvia.

Y creo que mis ojos no volverán a ver de nuevo ese lugar muerto, pero intentaré que los ojos de mi recuerdo vean siempre el lugar de los momentos más felices de mi niñez. Dejaré que los ojos de mi recuerdo viajen a él cuándo quieran y lo disfruten de nuevo con la intensa vida y el cariño que recibía durante mi infancia.

Quizás mi íntima intención era observarme de nuevo en mi niñez, quería ver de nuevo a esa niña alegre e inquieta, corriendo entre los árboles, cogiendo flores, comiendo maíz tierno directamente de las mazorcas. Quería verme de nuevo en ese lugar.

Pero fue imposible encontrarme, no me pude ver, porque el lugar murió y no quería verme muerta en él. Así que cuando lo dejamos atrás, miré en su dirección y le dije adiós para siempre.

Es difícil luchar por conservar algo que no está en tus manos, por algo que ya no te pertenece.

No quiero morir en el camino del olvido. No quiero. ¿Es duro? – Es muy duro.

Pero ese día en el que me despedí de una parte de mí, no iba sola, mi hijo David me acompañaba y tuve que recuperar el poder, me empoderé en un acto de amor hacia él para poder explicarle las sombras que quedaban en mi recuerdo.

Esas imágenes me invitaron a conectar con el paisaje coronado por el cielo de esos años pasados en la más absoluta felicidad, hice crecer esa grandeza en mi interior para poder sentir y hacer sentir ese amor en mi hijo por ese lugar. Intenté que lograra ver en esa desolación lo que yo viví, más no le fue posible imaginarlo.

Pero doy gracias, gracias porque las imágenes originales me ayudan a conectar con una perspectiva distinta, recompensada por un cielo más azul, en el que la grandeza de los sentimientos es tan obvia para mi corazón, que hace crecer la esperanza y la propia grandeza interna.

En ese instante me volví a vivir. El sentir de mi niñez regresó a mi presente y sanó mi corazón en un momento.

Logré recomponer esa parte rota, llegué a ser yo misma sin intervenciones, regresé para ello a esa parte en la que necesito de mi espacio de soledad para lograrlo.

 

Hay cosas que no se pueden cambiar: «Si quieres que la realidad sea diferente a lo que es, intenta enseñar a ladrar a un gato. Puedes intentarlo una y otra vez, y al final, el gato te mirará y volverá a decir ¡Miau! » – Bryon Katie –

 

Quizás cuando siento que todo está bien, también siento la necesidad de buscar cosas que quedan por sanar.

Creo que para sanar cuestiones dolorosas debes tener el resto de cosas en orden.

Cuando me siento en soledad y en silencio, miro más allá del paisaje que mis ojos ven y voy a visitar esos otros paisajes más oscuros para darles luz. Lo he hecho de muchas maneras, siempre desde la creación, con mis cuadros en ciertos momentos, con mis diseños en otros y actualmente lo hago mientras escribo.

Y si me detengo a preguntarme: ¿Cómo me siento? – Pues siento como nazco en cada ruptura, en cada sanación, en cada superación. Cada día soy una persona nueva, no sé cuando perecerá esta nueva persona, porque cada vivencia es causa de una posible caída y la siguiente debe ser invariablemente un nuevo levantar.

Puedo decir que no soy la misma que comenzó este largo camino, y agradezco a todas las partes de mí que se rompieron y murieron en el trayecto para dar paso y espacio nuevo a las que nacieron gracias a ellas.

 

¡Envío bendiciones a mis lugares muertos, para que vuelvan de nuevo a vivir!

 

¡Namasté!

6 Comentarios

  1. Lola

    Precioso 😍😘

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    • Marié

      Es algo que supongo que todos sentiremos. Besos.

      Responder
  2. Elvira

    Querida Marie, el ser humano crea y destruye, esos recuerdos pegados a esa huerta, a esos frutales y a esa casa que con tanto esmero cuidaban tus abuelos, ese amor creció, brotó y transformó tu vida y tú entorno; ha iendi que la verde parra diera esa uva dulce y la frondosa higuera aromatizar con su fragancia dulzona las tardes de verano…eso no desapareció porque existió mientras fue querido, protegido, amado y cuidado

    Responder
    • Marié

      Preciosas tus palabras, como siempre, y no faltas de razón.

      Fueron momentos intensamente vividos y disfrutados.

      Allí existieron, como bien dices, y ahora vivirán para siempre donde viven los recuerdos.

      Pero no por ello ha sido menos doloroso ver en lo que se ha convertido.

      Me quedo con lo que fue y olvidaré el resto.

      Gracias.

      Responder
      • Elvira

        Así es un beso enorme y gracias por contarnos historias tan bellas

        Responder
        • Marié

          Gracias siempre por leerme. 😘😘

          Responder

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