Lo que mas disfruto es la improvisación

Escrito por Marié

6 de septiembre de 2021

Recuerdos, de nuevo recuerdos

 

Hola a todos. Hoy tenía programada otra entrada, como habitualmente. Pero, os digo un secreto, yo lo que más disfruto es la improvisación.

Cuando las letras van ordenándose desde las profundidades de los sentimientos y la emoción.

Así que voy a aprovechar este día para agradecer y escribir sobre recuerdos. Como siempre, entrañables de mi niñez. Siempre hay que agradecer y yo afortunadamente tengo muchísimas cosas por las que dar gracias.

Entre ellas los grandes amigos que he ido encontrando por mi camino.

Me encantaría poder recodar todos los momentos exactamente como ocurrieron, pero me conformo con el precioso eco que dejó cada uno en mi corazón.

Y por supuesto, como cada vez que hablo del pueblo de mi niñez, la eterna Écija, y la sencilla y entrañable Villanueva del Rey; siempre está presente el sol.
El eterno sol, que allí habita, sigue recordándome incansablemente la esencia luminosa de la que estoy compuesta.

Por eso, esta mañana, antes de que apareciesen unas nubes y el cielo se tornase de pronto gris, presagio de tormenta y frescor;  mi eterno amigo sol, se asomó altanero por mi ventana y me abrazó, me quemó, me encendió entre sus rayos, para despertarme como cada día, a la vida y yo le amé más intensamente si cabe.

Gracias sol, y este es mi primer agradecimiento de hoy. Por traerme de regreso de la profundidad del sueño, gracias por permitirme poder enviar mi cariño en forma de palabras a todos los que amo o he tenido el gusto de amar.

Gracias en segundo lugar a quien permite que sea mi corazón quien dicte cada palabra. Este agradecimiento es trascendental y no creo, como algunas personas me dicen, que sea vulnerabilidad. A mí me hace bien poder ordenar estas letras de la manera más mágica y perfecta: la que permite mostrar lo que siento. Para mí es muy gratificante.

Mi gratitud es eterna por comprender a la perfección que el tiempo, todo nuestro tiempo, es un gran regalo, y debemos usarlo para expresar el amor del que todos estamos compuestos. Rezo y suplico para que todos comprendamos que cada segundo que pasamos viviendo en desamor, olvido y temor, es un tiempo muerto y perdido, es un tiempo que resta.

Agradezco enormemente poder mostrar este río incontenible de emociones que salen por todos los poros que componen mi esencia. Mi yo profundo sale y se muestra dejando una paz intensa en mi interior.

Toda está abrumadora gratitud, esta vez se generó en mi interior ayer por la tarde y tuvo su origen mientras compartía hermosos momentos con mis amigos Pilar, Fernando y su precioso hijo Fernandito. Aprovecho también la ocasión para darles las gracias por su amistad, por sus siempre sabios consejos y por poder aprender tanto de ellos.

Por estas sensaciones, quiero exponer esta bonita vivencia que tuve ayer. Esta vivencia trajo a mi memoria a personas de la lista de mis afectos profundos, personas que sumaron a mi vida y que fueron importantes. Ellos forman parte de mí y han contribuido a que sea lo que hoy soy. Gracias también a ellos.

Aunque la vida y las circunstancias hicieron que cada uno tomara rumbo diferente y no nos veamos, los momentos compartidos nunca se borrarán.

Gracias, gracias de manera reverente, por la oportunidad de poder compartir mi tiempo y mis sentimientos también con ellos.

Cada saludo que compartimos, cada sonrisa, cada juego, incluso cada discusión o desacuerdo, me han hecho comprender con el paso del tiempo, que fueron para crecer. Aumentaron mi amor y hoy sé que sirvieron para acrecentar el fluido divino que hace que todos seamos uno, así que me siento una con ellos.

Existen experiencias diarias que nos lo muestran, muestran que contemplando a alguien con gran empatía, como si tus ojos fuesen los de sus hacedores, el corazón trae a tu presente el sentimiento de orgullo y emoción que ellos sentirían. Eso fue lo que yo sentí ayer.

Ayer noche, contemplé con ojos de madre, como madre que soy, a un hijo, pero a un hijo que aunque no es mío, me hizo sentir lo que sentiría su madre al verlo. Una profunda emoción y orgullo. Ver que lo que crea lo hace con profunda pasión, divirtiéndose, sintiendo como siente un artista: disfrutando de lo que hace sentir al mundo. Mi más sincera enhorabuena. Tanto a él: Rodrigo Carmona como a sus padres.

Gracias Margarita Bermudo, por traer a mi presente, a través de la contemplación de tu hijo, todas las mañanas, tardes, noches y madrugadas que compartimos.

Me emocionó enormemente, me devolvió a aquellos años escuchado a Francis tocar la guitarra y cantar… eran momentos mágicos para mí. Me sentía especial, afortunada, por tener amigos con tanto arte… el arte que da esa bendita tierra… Y me hizo sentir lo que sentía entonces, alegría de vivir.

Cuando miro mucho más atrás en el tiempo y mi memoria vuela a mi más tierna infancia, ¿cinco, seis años?. Veo a una pequeña Marié, delgaducha y casi siempre enfurruñada, enfadada con el mundo… excepto cuando corría por las calles de Villanueva del Rey, esas calles sin asfaltar todavía. Esas calles por las que no existía el peligro, donde podías caminar y encontrar siempre caras contentas de verte… donde podías ver cantidades enormes de flores en la entrada de las casas, cantidades enormes también de plantas en los patios. Y en las que siempre te sentías envuelta, al arrullo de la mañana, entre caricias de perfume de jazmín.

Y en esos recuerdos, mi primera amistad de niñez fue la tuya.

Toda la calle estaba formada por tierra rojiza y grandes piedras.

En ellas nos sentábamos juntas, con un gran cubo de agua y nos llenábamos de barro hasta los pelos. Esas vivencias son las que me hacen sentir tan afortunada, afortunada por haber podido disfrutar de esa libertad, de ese contacto directo con la tierra, con la naturaleza y sus pulsos.

Allí pasaban nuestras horas. También en tu casa, barriendo tu patio y regando las macetas… saludando a tus padres y a tus hermanos… una familia grande, que siempre tenía algo para contarme. Y como dije en otra ocasión en que hablé sobre mis viajes a Villanueva, tu casa era una de las primeras a las que solía ir en cuanto llegaba de vacaciones. Llegar allí, era descargar el equipaje, limpiar la casa, y salir corriendo. Recuerdo decirle a mi madre: – mamá, me voy a ver a Marga de la Chiquita.

Tengo muchos recuerdos de toda tu familia, tus hermanas, Mariló, Mari Paz, Yaye, y tus hermanos Antonio y Eloy. Tus padres, Pedro y de tu madre Valle, Chiquita como yo la conocía. Con Yaye también tengo muchísimos recuerdos, muchas tardes y noches en Écija. Paseos por Villanueva, charlas, risas, bailes. Aunque cuando éramos pequeñas, yo las veía como ¡las chicas que podían hacer lo que nosotras no! Que fortuna haber tenido estas vivencias que tantas personas no han podido disfrutar por no tener un pueblo tan familiar.

Al vivir sincronicidades, me doy cuenta de que la vida cobra sentido, las palabras compartidas aumentan su significado, son propósitos con un sentido superior a nosotros.

Este año no tenía pensado ir a ningún concierto. Primero por la situación actual y segundo porque las entradas para ellos se agotaron enseguida, pero mi hermana no hacía más que insistir: -¿Vamos a algún concierto? A lo que yo contestaba: – pero si no podemos, está todo agotado.

Y por fin llega el agradecimiento por el que he escrito esta entrada: gracias a estas sincronicidades, pudimos ir anoche a conocer a tu hijo.

Tu mensaje: ¡Mi hijo toca hoy en tu ciudad, me ha dicho que son las fiestas de Alcorcón! Me demostró, una vez más, que las sincronicidades existen. Había algunas sillas vacías, seguramente de personas que a última hora no pudieron ir. Gracias por la experiencia. Me encantó.

Como amante del arte que me considero, creo que las personas podemos exteriorizar lo que sentimos emocional y profesionalmente a través del arte, es más, creo que es la manera más gratificante.

Sabiendo que el arte se puede plasmar y demostrar de diferentes maneras, música, pintura, cualquier artesanía, cualquier forma de expresión creativa… también cualquier sentimiento puede ser mostrado a través del arte y siendo totalmente negada para la música, me fascinan los músicos y la música.

Pienso que son artistas innatos, que a través de sus compases dan lo mejor de sus sentimientos y emociones, algo que solo ellos son capaces de hacer a través de su música, como manifestación sublime. En este caso los dedos son los blasones para tocar los instrumentos con insuperable maestría y pasión, los que muestran desde el corazón, el deseo, la verdad, el amor y todo aquello que a simple vista no puede percibirse.

¡Quien tenga música en su sangre, que la muestre al mundo!

¡Estáis aquí para reflejar los pensamientos, sentimientos  y actos de luz, esperanza y sanación!

 

¡Namasté!

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