Leyenda sobre los sentimientos

Escrito por Marié

1 de junio de 2024

He encontrado una hermosa leyenda sobre los sentimientos.

 

“Los locos abren los caminos que más tarde recorren los sabios”. —Carlo Dossi-

 

 

Cuenta la leyenda que una vez se reunieron en algún lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos.

 

Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: ¡vamos a jugar al escondite!

 

La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad sin poder contenerse le preguntó: ¿Al escondite? Y, ¿Cómo se juega a eso?

 

Es un juego, explicó la Locura, en el que yo me tapo los ojos y comienzo a contar desde uno hasta un millón y cuando haya terminado de contar, al primero de vosotros que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.

 

El Entusiasmo bailó entusiasmado seguido de la Euforia.

 

Les encantaba la idea del juego.

 

La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda.

 

Incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada,le apetecía jugar. Pero no todos querían participar.

 

La Verdad prefirió no esconderse… ¿Para qué?, si al final siempre la encontrarían.

 

La Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya)…

 

Y la Cobardía prefirió no arriesgarse.

 

Un, dos, tres… comenzó a contar la Locura.

 

La primera en esconderse fue la Pereza, como siempre tan perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino.

 

La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.

 

La Generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos…

 

Que si un lago cristalino para la Belleza…

 

Que si una hendidura en un árbol… perfecto para la Timidez…

 

O el vuelo de una mariposa lo mejor para la Voluptuosidad…

 

Que si una ráfaga de viento magnífico para la Libertad… así terminó por acurrucarse en un rayito de sol.

 

El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo… pero solo para él.

 

La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, se escondió detrás del arco iris).

 

La Pasión y el Deseo en el centro de los volcanes.

 

El Olvido… se me olvidó dónde se escondió el Olvido, pero eso no es lo más importante.

 

La Locura contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve… y el Amor no había aún encontrado sitio para esconderse entre sus flores.

 

Un millón contó la Locura y comenzó a buscar.

 

A la primera en encontrar fue a la Pereza… solo tres pasos detrás de unas piedras.

 

Después se escuchó a la Fe discutiendo con Dios sobre teología y a la Pasión y el Deseo los sintió vibrar en los volcanes.

 

En un descuido encontró a la Envidia y claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo.

 

Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas.

 

De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza.

 

Y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse.

 

Así fue encontrando a todos.

 

Al Talento entre la hierba fresca…

 

A la Angustia en una oscura cueva…

 

La Mentira  estaba detrás del arco iris (mentira… en el fondo del mar).

 

Hasta el Olvido… ya se había olvidado que estaba jugando al escondite.

 

Sin embargo, solamente el Amor… no aparecía por ningún sitio.

 

La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y pensó: el Amor siempre tan cursi, seguro que se escondió entre las rosas…

 

Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas… cuando de pronto un doloroso grito se escuchó… las espinas habían herido los ojos del Amor.

 

La Locura no sabía qué hacer para disculparse: lloró… rogó… pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

 

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la Tierra al escondite, el Amor es ciego… y la Locura siempre lo acompaña.

 

Aquí finaliza esta hermosa historia sobre el origen de los sentimientos, una leyenda que atribuye cualidades a nuestros sentimientos, unas cualidades que determinan nuestras experiencias emocionales y que seguramente casi todos identificamos en nuestras vidas.

La leyenda de los sentimientos es frecuentemente atribuida a Mario Benedetti, quien no la escribió realmente. Se ha dicho que es una versión corregida de un cuento de otro autor.

Lo realmente importante no es quién la escribió, lo que importa es que es una hermosa historia que nos deja una gran enseñanza.

Y tú, ¿ya lo habías escuchado?

Este es un cuento muy popular contado sobre todo a los niños, un cuento fantastico, que en realidad nos enseña mucho sobre la naturaleza de las personas y los sentimientos que motivan sus acciones.

Vale la pena difundirlo.

La leyenda del origen de los sentimientos nos cuenta lo que ocurrió cuando las virtudes y los defectos de los seres humanos se reunieron para jugar al escondite. ¡Que gran enfrentamiento y aprendizaje!

No hay certeza de cómo surgió la hermosa leyenda sobre el origen de los sentimientos.

Por alguna razón desconocida se le adjudicó a Mario Benedetti, pero en realidad él no la escribió.

Hay quien especula con que se trata de una versión corregida de un cuento de Jorge Bucay, o tal vez de Mariano Osorio.

Como quiera que sea, lo cierto es que comenzó a circular hace unas décadas con el nombre de El juego del escondite del amor y de la locura.

No obstante, con el tiempo adoptó el título por el que es más conocida: La leyenda de los sentimientos.

Se trata de una historia alegórica de ¿La creación?

Nos transporta al fantástico momento en el que todavía nada estaba hecho y comienzan a configurarse las distintas emociones de las personas.

 

Es capaz de hacernos sentir cada una de ellas, transportándonos a su origen.

¡Y, lo más importante, el amor es ciego y hace locuras!

 

¡Namasté!

 

 

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