La perfección del silencio

Escrito por Marié

20 de noviembre de 2023

El silencio es importante, se conocen muchas verdades en él. Si escuchas atentamente sentirás la perfección del silencio.

¿Pero como definiría el silencio? ¿Como falta de sonido, de ruido, de palabras, de conversación?

¿Por qué es tan complicado el silencio, estar a solas con una misma? Mi silencio es mi espejo, y si me observo en el, a veces no me gusta lo que veo y quizás por eso termino huyendo todas esas veces de él. Pero en otras ocasiones es lo que más necesito.

Cuando me observo y no me gusto me resulta más complicado silenciarme.

Actualmente se percibe cada vez mas ruido, más falta de atención, más falta de concentración, más dispersion… Asi que creo qué intentar escuchar nuestros silencios es un gran desafio.

Si quieres comprobarlo, intenta hacer algo que me enseñaron cuando era  niña.

Comienza con estar en calma, o con entrar en meditación, que se conoce hoy, y verás, como al principio tendrás mas dificultades para lograr llegar a un silencio tranquilizador.

Primero notarás los sonidos de tus inquietudes, de tus miedos, de tus dolores y molestias corporales, despues la divagación de la mente, y por último, cuando ya estés casi a punto de lograr ese bendito silencio, empezarás a reconocer las cicatrices que hay en tu alma.

Pero aunque nos de miedo entrar en el silencio a causa de todo esto, y queramos huir de estas sensaciones, cada vez será mas sencillo.

Existen días en los que para mí es totalmente necesario, y hoy es uno de ellos.

Necesito introducirme en esa esfera íntima y silenciosa, y sentir todo lo que me tenga que llegar.

Escuchar solo a mi cuerpo, sentir mis dolores hasta que parecen desaparecer, o alguno de esos pensamientos dolorosos que me trae mi mente, hasta darles la luz necesaria para sanarlos.

Hoy necesito ese silencio amable.

Dentro del silencio, hay silencios como el que preciso hoy, amables, respetuosos y totalmente necesarios.

Y luego podemos reconocer otros silencios incomodos. Esos que ocurren cuando, en algunas situaciones, estando en compañía, permanecemos callados mas tiempo de lo que se considera normal.

¿Porque los silencios incomodos?

Se dan silencios incomodos en bastantes situaciones, yo creo que la más común es al compartir ascensor con  alguna persona o personas, ya sean vecinos de tu vivienda con los que no tengas mucho en común o con personas en otros ascensores. Se crea un ambiente un tanto tenso.

Tambien cuando te quedas a solas con alguien a quien no conoces del todo bien y eres mas observadora que habladora. No es mi caso, pero si no tengo ganas de hablar en ese momento, noto la creciente incomodidad y las miradas que no saben a donde dirigirse.

Otro ejemplo de este tipo de silencio es el que ocurre al compartir una llamada telefonica… Hay personas que no se sienten cómodas al hablar por telefono, o no les gusta, las conversaciones suelen ser entrecortadas y acompañadas de incomodos silencios.

Tambien recuerdo alguna ocasión, en la que alguien ha dicho «ha pasado un angel», y ha ocurrido cuando hay un grupo grande de personas y de pronto se produce un momento sincronizado de silencio… yo disfrutaría de él, porque ocurre por algo.

Quizas todo dependa más de la confianza que puedas tener en ti misma, que del silencio en si mismo.

Solemos intentar llenar esos momentos incomodos, pero creo que respetarlos es una manera de demostrar seguridad. Son sanadores.

Yo le doy mucho valor a los momentos de silencio, porque casi nunca somos conscientes de la cantidad de ruidos en la que estamos inmersos de manera rutinaria.

Disfruto mucho de esos instantes silenciosos, en los que, aunque tenga algo que comunicar, no me apetece hacerlo. Y aunque, si estoy acompañada, parezca que estoy obligada a hablar… ¡prefiero disfrutar del silencio que necesito en ese instante!

Son mis momentos intimos de calma.

Realmente en esos momentos siento que el silencio es la perfección.

Un silencio que tiene mi mas profundo respeto es ¡el silencio de escuchar atentamente!

En ese silencio no se oye nada, no se presta atención a ruidos habituales y llegan a no ser escuchados, por que lo que estás escuchando opaca cualquier otro sonido. La escucha atenta es la perfección pura del silencio.

¿Quien sabe escuchar de ese modo?

Yo creo que cualquier persona realmente interesada en lo que está escuchando.

Y el mayor ejemplo nos lo dan, como en muchas otras ocasiones, los niños. Hay momentos en los que escuchan una historia, «de miedo, alegre, triste,» es lo de menos… un cuento, y no existe nada más.

Ellos son capaces de escapar a las interferencias en las que los adultos estamos inmersos. Esas interferencias son sustituidas por un silencio puro unido a los sonidos que escuchan y a los gestos que acompañan estos sonidos y que les parecen tan cargados de comunicación interesante.

Y, por supuesto, recuerdo estar en silencio profundo de niña, cuando escuchaba a mi madre cantarnos flamenco, bajito, para dormir, o esas otras noches en las que sustituía  coplas por cuentos e historias también para dormir.

Por eso, creo que cuando se escucha con más atención es en la infancia, cuando nos contaban un cuento… Sobre todo si el que lo hace es un buen cuenta cuentos y sabe hacer disfrutar con la manera de hacerlo.

Ademas es sencillo con ellos, los niños son puros, escuchan sin juicios.

Podríamos aprender mucho de sus modos de proceder, para así poder comportarnos conscientemente y de manera responsable con ellos.

Normalmente y antes de comenzar a aprender… los niños son auténticos y empáticos y desde esas actitudes es desde las que los adultos deberíamos partir para tener buenas conversaciones.

Mi familiaridad y dedicación a las personas hace posible que pueda poner en práctica esto de lo que hablo.

Escuchar en silencio, tanto a las personas como a las energías que las rodean, me hace posible comprender sus sentimientos, emociones, necesidades o motivaciones.

Todo ello a través de una escucha silenciosa.

Para ello es necesaria una pequeña preparación, puede ser necesario ayudar con una meditación… ¡tener presencia!. Estar en el ahora, sin pensamientos inoportunos, solo atención, para escuchar todo lo que quiera hacerse oir.

Así puedo intentar entender sus necesidades, aunque el receptor no las sepa con seguridad, o no las pueda describir.

Silencio mi mente, primeramente me escucho, escucho lo que siento, escucho los mensajes de mi cuerpo. Después, una vez preparada, escucho lo que tengan que decirme o mostrarme con su silencio. Y por ultimo vuelvo a escuchar a mi cuerpo, mis emociones, mis sensaciones y mis percepciones.

El interés que despiertan estos momentos en mi, favorece un espacio de reflexión, de preguntas, respuestas y soluciones.

La mayoría de las veces la respuesta llega a mis acompañantes desde el silencio creado, y otras me llega a mi. En alguna ocasión nos llega a ambos.

Hay ocasiones en las que solo es necesario un pequeño recurso para que el receptor vea otras posibilidades, pudiendo realizar cambios significativos en su vida.

No soy de dar consejos, solamente escribo desde mi punto de vista, o como actuaría yo. Soy única, al igual que todos los demás y lo que sirve para mí, puede ser que no sirva a nadie más.

Prefiero escuchar en silencio y ayudar a llegar a una respuesta que no sea la mía.

De esta forma la respuesta será siempre del receptor y será más acertada y concentrada en la causa de sus supuestos problemas.

Y, como siempre digo, para escuchar conscientemente y atentamente tambien tenemos que estar conscientemente conectados a nosotros mismos y con el ahora. Por eso los niños son maestros en esto.

El silencio y la quietud son necesarios, al menos para mi, aportan calidad a cualquier reunión, con o sin conversación. Son necesarias para sentirnos comprometidos con cada persona desde la honestidad, para construir momentos auténticos.

Y si no, si lo piensas, todos podemos decir que en algún momento hemos oído sin escuchar. Entre las dos acciones hay un gran abismo, al igual que entre un consejo y una pregunta.

Quizás lo más sorprendente, es que cuando escribo, normalmente es desde el silencio, utilizando la imaginación o a esas musas que me hablan al oido… Y puedo comprobar, algunas veces con sorpresa, qué lo que he escrito se transforma en profecía… Quiero decir que cosas que he escrito, al tiempo, suceden en mi vida. Mas habitualmente de lo que sería creíble.

No tengo más que decir sobre ello, solamente lo he vivido y agradecido.

Y la pregunta que siempre me hago, ¿Porqué es tan difícil escuchar? ¿Tanto a una misma como a los demás? Quizás por que crea un sentimiento de vacío, de silencio incómodo.

Y eso puede ser por que para escuchar conscientemente a otro, debemos dejar de escucharnos a nosotros mismos. Nuestros pensamientos, nuestros malestares, nuestros dolores, para dar más valor a quien escuchamos. Eso puede crearnos una sensación de abandono de nosotros y hay a quien le puede resultar difícil olvidarse de si mismo.

Para ello es necesario un esfuerzo inicial, pero superado esto, solo hay que dejarse fluir, salir de una misma, y cuando sientes ese vacío interior, sentir también la transcendencia de volver a encontrarte.

Pero esta vez de una forma más pura, en tu totalidad.

Y que te podría contar sobre el silencio que me envuelve cuando abrazo a un árbol muy viejo o sobre todo a una enorme roca que puede llevar miles o millones de años ahí, me invade un silencio tan profundo que dejó de escuchar hasta el sonido más estridente.

Estos abrazos, estos contactos silenciosos son intercambio de conocimientos y energías. Son sanaciones conjuntas.

Y bueno, ahora una anécdota divertida encontrada sobre un silencio obligatorio…

¿Como conseguir silencio en un examen?

En un examen realmente no hay mucho silencio, al menos no un silencio total, siempre hay miradas, susurros, y otro sinfín de movimientos, al menos es lo que recuerdo.

Pero he encontrado una manera bastante divertida que utilizó un profesor (Pedro Cifuentes, profesor de Ciencias Sociales de segundo de la ESO del Instituto Miquel Peris i Segarra). Para mantener atentos, motivados y en silencio a sus alumnos:

 

Comenzó repartiendo “un examen aventura”, una original prueba en la que se tenían que convertir en protagonistas de una peculiar historia que debían resolver.

 

Comenzó un poco cabreado y con una loca frase: «Treguna mecoides trecorum satis dee» (de la película La bruja novata) – Angela. En la pelicula se utiliza para que se muevan los objetos.

 

Con esta premisa, el profesor situó a sus alumnos en la Europa del siglo XIII.

 

“Nadie le hizo mucho caso porque eran las 14,15 y había que ir a casa.

Pero él continuó: hoy al abrir los ojos y despertar, te has encontrado en una especie de choza de madera. Un cerdito ronronea a tu lado y te da calor. Huele muy mal”.

 

«Estimado alumno, quiero que te situes en la europa del siglo XXIII. Quiero que me cuentes detalladamente cómo eran sus ciudades, por qué la gente se fue a vivir a ellas, qué pasa con las monarquías (y la Corona de Aragón) y cómo se hizo para sobrevivir a la peste negra”, dice el examen.

 

Eso sí, los alumnos no son simples observadores en la prueba, porque tienen que superar otra dificultad: la peste negra.

 

“La ciudad en la que te encuentras está siendo azotada por la peste negra”, continúa el texto, “Así que si no consigues volver a casa, es probable que mueras”.

 

El profesor les puso un objetivo en la prueba: escribir una redacción en las dos horas siguientes con todos los puntos propuestos. “Solo así podrás volver a casa y sobrevivir”.

 

Dos horas en las que cada personeja tuvo que “luchar por su destino”, y que obtendrían mejor nota cuantos más detalles diesen o mejor se explicasen.

 

Bonita manera de conseguir silencio y atención, me quito el sombrero…

…Otro tipo de silencio es el que se encuentra en lugares alejados de la humanidad… En el cielo, en las montañas…

En lo mas alto de los montes hay un silencio impreciso, se escucha el fresco viento y el caer de las gotas cuando se enganchan las nubes a la punta de cada cima.

También se puede usar para herir. Cuando se da el caso que dos personas se enfadan y dejan de hablarse, rompen la comunicación a través del silencio.

Estas personas utilizan el silencio como un arma hiriente, siguiendo un perfil agresivo y convirtiéndolo en una especie de chantaje o castigo, lo que incrementa el conflicto.

Para mi gusto, una pérdida de tiempo. O quizás una esclarecedora certeza de que el tiempo ha sido ganado.

Luego hay un precioso silencio, cuando dos personas encuentran sus miradas y no es necesario nada más.

Otros silencios, son adormecedores, personalmente he llegado a escuchar el sonido de los coches tras mi ventana como el sonido y el silencio de las olas al acercarse o alejarse de la orilla, como una respiración seguida de una apnea.

Rumor de espuma, silencio, rodar de arena o de conchas y piedras. La respiración de la gran madre. Esa continua melodía que todo el mundo conoce.

Esas olas pueden asemejarse a nuestro cuerpo, esa gran orquesta, que no queremos que quede en silencio. Nuestras entrañas… Nuestro corazón, y, más conscientemente, nuestras manos, bocas y pies.

Y el silencio más ancestral, el de un fuego cuando se consume, el que deja tras el último aliento de su crepitar.

Junto con el de un bosque, aullidos, ulular, crujido de madera… Solo descansan ante un peligro inminente.

 

¿Es este silencio una despedida latente y larga? ¿Es acaso un espacio necesario para la reflexión?

 

¿Es alimento para el alma o acaso la penitencia de una acción?.

 

¡El silencio es tantas cosas!

 

El silencio encierra todo. Es la única nota que no se escucha y sin embargo existe en su ausencia… que sin él no hay armonía ni pausa en una melodía.

 

Presente a cada minuto del día aunque se esconda entre frases y discursos.

 

Siempre se regresa al silencio aunque sea por unos segundos porque sin silencio no hay música, ni diálogo, ni pensamientos…

 

No es algo tangible pero se puede tocar con la mente.No habla y expresa hasta el sentimiento más escondido.

 

El silencio puede ser la riqueza para quien busca dentro de sí o puede ser el sonido más aturdidor para el alma atormentada.

 

El silencio habla.

 

El silencio grita.

 

El silencio puede decir palabras de amor.

 

Y el silencio aleja con intención.

 

El silencio es la oportunidad para aclarar la mente.

 

Pero el silencio nunca es permanente, es solamente un ingrediente.

 

Nadie vive en el silencio total, nadie puede hacerlo su excusa.

 

El silencio es la pausa entre los pensamientos.

 

Quien guarda silencio ante la injusticia se vuelve cómplice.

 

Y quien no utiliza el silencio con prudencia hiere con palabras que no debieron ser dichas.

 

El silencio se usa en su justa medida, tan malo es obviarlo como extender su tiempo de permanencia.

 

El silencio es un péndulo que corre a la velocidad de la armonía que le imprimamos.

 

Un péndulo que marca paciencia.

 

Un péndulo que expone al olvido.

 

Un péndulo que hiere a quien no le comprende.

 

Un péndulo que puede reunir el tiempo para llegar al momento justo de reunirnos de nuevo.

 

– Gabriela Leveroni

 

 

Escuchar a las personas es la mayor muestra de respeto. Y el mayor arte que se puede aprender es escuchar lo que ocurre en nuestro interior.

Desde muy pequeña me ha gustado escuchar, escuchar a todo el mundo. Ya lo habrás leído en otras ocasiones.

Todas las personas cuentan vivencias maravillosas o no tanto,  de las que se puede aprender.

Los abuelos, los mayores, siempre cuentan cosas notables, hablan de sus experiencias de  vida, de su forma de hacer frente a los problemas, solucionar situaciones… cada persona utiliza formas diferentes y de todos se puede aprender. Cada uno se queda con lo que le pueda ayudar.

Me resulta inmensamente gratificante percibir como se sienten al verse escuchados con atención, es una sensación de unidad con ellos y de camino común. Si llegamos a esas edades como ellos.

Sienten que con su experiencia pueden ayudarte o pueden facilitar tu viaje…

Rezo por que se recupere el respeto a los mayores y regrese la atención que merecen en esta sociedad superficial.

Los niños también son un tesoro de información.

Todos tienen una opinión y una forma fresca de ver la vida, una ilusión y una emoción que nos puede servir para enfocar las cosas de manera mas ingenua y verdadera, apartando prejuicios y absurdas creencias.

También los adolescentes y la primera juventud es una edad preciosa a la que me encanta escuchar, hacerles ver que he pasado por esa edad y sentir como vuelve a mi memoria esa preciosa sensación de tener el mundo por delante.

Con todas las rebeldías y equivocaciones que luego regresan al lugar de donde salieron, siempre con ayuda de quién más debe quererlos, sus padres.

Creo que saber escuchar mejora la empatía, la confianza y la autenticidad.

Me ayuda a comprender a las personas, sus necesidades, sus sentimientos y sus motivaciones.

Si realmente me detengo a escuchar, noto como se crea un espacio de silencio y respeto que me permite poder responder conscientemente y de forma responsable.

Al escuchar mi interior reaccionar a la conversación, dejo de pensar en el exterior y soy capaz de percibir también el interior de la otra persona.

Al escuchar aprendo a escuchar, trasciendo mi mente, dejo de cuestionar y examinar, salgo de mi torbellino de pensamientos, soy más receptiva, valoro otras opiniones y aprendo a comprender que siempre no estoy en la razón. Razones hay tantas como personas.

Escuchar me enseña a preguntarme si realmente estoy escuchando.

Estoy acostumbrada a hablar, a escribir, pero no recuerdo que nos hayan enseñado como escuchar de forma efectiva. Algo primordial para todo.

Creo que, generalmente, nos limitamos a oír.

En muchas ocasiones, cuando mantengo una conversación, observo que se utiliza una técnica que, aunque no sea malintencionada, no es la manera correcta de escuchar.

Es una sensación como de compadecer al interlocutor e intentar convencerle de otro punto de vista, sin saber si será bueno para su situación, ni si se ayuda.

La velocidad de esta vida, promueve una mala comunicación, creando una falta de atención en las conversaciones.

Pienso que si fuésemos más sinceros con nosotros intentando aumentar nuestra capacidad de escuchar activamente, dejaríamos de juzgar.

Seríamos más comprensivos respondiendo de manera más verídica en nuestras relaciones.

Nos daríamos cuenta de que la intención en las conversaciones no es medir la razón de cada uno, sino ser empáticos, confiados y auténticos, intentando comprender los sentimientos, motivaciones y necesidades de la otra persona.

Esta forma de comunicación es enriquecedora y transformadora.

 

Es preferible ser feliz que tener razón. “La razón es un sol severo: ilumina pero ciega».

 

Romain Rolland

 

Deberíamos tomar en serio hablarnos, escucharnos y amarnos a nosotros mismos.

Pensamientos, palabras, actitudes y comportamientos que tenemos con nosotros, atendernos, aceptarnos, respetarnos, valorarnos y ser amables con nosotros en cada momento y frente a cualquier situación.

 

“La verdadera profesión es encontrar el camino hacia ti mismo”.

 

Hermann Hesse

 

El cambio real comenzó en mí cuando dejé de centrar la atención en el exterior y me escuché, comencé a confiar en mí y empecé a crear arte.

He intentado actuar sobre lo que depende de mi, para no frustrarme por lo que no está a mi alcance.

No sigo lo establecido socialmente, no me conduce a mi felicidad ni a mi paz emocional, intento buscar mi propia vía, intentando ser coherente con mis necesidades y sentimientos.

 

«Para saber hablar, es preciso saber escuchar. Cuando escuchamos dejamos de juzgar, y creamos un espacio de silencio de responsabilidad y consciencia”.

 

 

¡Namasté!

 

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