Hoy estoy triste

Escrito por Marié

12 de mayo de 2023

Hoy estoy muy triste, pero es una tristeza que no puedo controlar, me ha pillado sin escudo y sin espada.

Y bueno, consejos vendo que para mí no tengo ¿no?

En cualquier caso, intentaré disfrutar de su compañía y también intentaré dejarla marchar, esta vez a su propio paso.

Es cierto que siempre digo que no me gusta permanecer en ella. Pero en esta ocasión me voy a aprovechar de su cortejo. Los suspiros que me arranque me ayudarán a escribir mi sentir.

Hay ciertos días en que me cuesta un poco más percibir quien soy exactamente, hay veces en las que pienso que no soy, que realmente no soy yo.

¿Por qué? Una causa puede ser que a lo largo del camino he ido dejando muchas cosas propias en favor de otras. Sin embargo, eso forma parte de la transformación interna individual ¿no?, y yo quiero mantener una convivencia tranquila con las personas que forman parte de mi vida…

A fuerza de querer evolucionar, hay veces que cayeron en el proceso partes de mí que realmente me conformaban y mantenían la armonía.

En otras ocasiones mis comportamientos no muestran a la Marié real. Aunque siempre he sentido que la vida es un continuo aprendizaje, también creo que si abandonas tu propia personalidad, dejas de ser realmente tú. Y no hablo de las actitudes y las reacciones.

Creo que hay que saber diferenciar la personalidad y las actitudes. Reprimirla hasta hacerla desaparecer es acabar con algo único, eso que te hace diferente de todos, tu identidad.

Siento que quien me conoce bien, me respeta e intenta comprenderme, no me niega, ni me impone, deja que la Marié real pueda vivir, pueda expresar.

Pero cuando me embarga la tristeza y me encuentro en situaciones en las que percibo que no soy comprendida o que alguna parte de mi no es aceptada, me hago una bolita pequeña y dura, cerrada. Entonces siento que no encuentro dentro de mi caparazón los recursos para romper esas paredes que se crean en torno a mí.

Hoy es una de esas ocasiones. Normalmente no suele afectarme, pero hoy estoy acompañada por mi tristeza.

Además, me ha pillado demasiado cansada.

Supongo que con los años hay cosas que cansan más o tiene uno menos ganas de discutir, incluso de hablar.

Realmente, no me siento mala persona, mi vida está actualmente enfocada en ayudar. Intento estar siempre para lo necesario, excepto cuando mi cuerpo me lo impide… ciertamente ya tengo limitaciones que me cuesta aceptar.

Para poder hacer esto, he ido renunciando a otras cosas, voluntariamente, por supuesto, pero hay ocasiones en las que llegan opiniones sin conocer la totalidad de la película. Y considero que no se puede ni se debe hacer una crítica real sin haber presenciado todos los actos.

Siempre he sido visceral, pero tengo bastante aplacado a mi monstruo, bueno quizás monstruo sea excesivo, pero para que se entienda bien lo que quiero decir voy a usar este adjetivo. A pesar de mantenerlo controlado hay veces que el subconsciente lo rescata de su profundo escondrijo y lo pone en mi vida.

También creo que es necesario porque en caso contrario yo dejaría de existir. Además, es un monstruo fácil de reconocer y que regresa muy rápido a su guarida, solo asoma sus dientes como avisos, pero como dice el refrán… ¡Perro ladrador…!

Yo tendría más cuidado con quien ladra poco…

Si alguien decide aceptarme en su vida y quiere que forme parte de ella, tendrá que aceptar este trocito de mi ser, mis sombras. Y aunque parezca difícil de creer, son más oscuras para mí que para nadie.

Quien se ha preocupado de conocerme en profundidad o lleva caminando junto a mí durante mucho tiempo, ha advertido en alguna ocasión mi temperamento, o en muchas. Sabe que nunca actúo con intención de herir, pero si vivo continuamente reprimida, la más herida siempre soy yo, por eso no puedo vivir así o mi vida sería una herida constantemente abierta.

¿Hay quién elegiría eso?

Quizás haya quien piense: ¡Total, Marié ha sido siempre así, ese carácter suyo!. Pero realmente ese genio cochino (como dice mi madre) no me define, es efímero, y cuando me doy la vuelta ya se ha recompuesto.

Él aparece en alguna ocasión, es inevitable pero no para dañar, casi siempre es una actitud defensiva, sobre todo en dias de tristeza, pero en respuesta suele recibir incomprensión y como consecuencia, dolor.

La mayor parte de las veces suelo estar atenta para no herir, aunque después viva quejándome por ser yo la herida, pero al menos he conseguido que otro no sufra. Sin embargo, hay ocasiones en las que me puede mi autenticidad y ofendo involuntariamente y sin saber como a las personas más cercanas y a las que más quiero.

La mayor parte de ellas, no sé ni lo que he hecho mal, porque forma parte de mis entrañas, de mi ser, ¡soy yo!.

Dentro de esas ocasiones hay alguna en la que me siento ignorada, y recibo como respuesta a mis dolores una bofetada de incomprensión.

Hoy estoy cansada, cansada de reprimir, de dejar que mis actores se queden entre bambalinas, y no puedo o, realmente, no quiero hacer nada, estoy muy cansada.

¿Que soy fuerte? Sé que soy fuerte, demasiado fuerte, pero los fuertes también tenemos derecho a descansar, a soltar un poco de nuestro peso y sobre todo a recibir palabras alentadoras de ánimo, de agradecimiento o de solicitud de perdón.

Muchas veces me he encontrado en la tesitura de elegir dejar de ser de una manera y ser otra cosa. Pero esto lo único que hace es provocar que aborrezca esas partes mías, esa parte que no es real y que me hiere profundamente. Luego lo pienso detenidamente y me percato de que ese aborrecimiento es hacia mí misma, por no mostrar mi realidad, mi sentir, mis dolores.

¿Y qué problema hay en que sea demasiado emocional? Ser emocional no es malo y si lo fuese lo sería sobre todo para mí misma, porque cuando dejo en total libertad a mis emociones, ellas salen pero con un costo físico.

Cuando mis emociones se descontrolan, somatizan siempre algo en mi cuerpo, pero si las mantengo reprimidas, esa somatización es mucho más intensa y brota en mí de forma extrema.

Mañana os contaré si mi cuerpo ha experimentado físicamente los efectos de esta intensa tristeza…

Realmente me he cansado, voy a tranquilizarme, voy a vivir mi tristeza de hoy desde la paciencia y la aceptación, pero hacia mí misma. No soy mala, lo digo de nuevo. Lo que estoy es realmente cansada, solo quiero paz, quiero intentar no reaccionar.

Quizás necesite vivir, todavía más, en el silencio, pero en mis ambientes seguros no suelo ser silenciosa. Soy divertida y comunicativa, y me gusta que las personas que están conmigo se sientan cómodas y felices.

Sé lo que soy, sé lo que he conseguido y no es necesario recordarlo cada vez que me encuentro mal.

Lo malo de esto, que las personas se suelen acostumbrar a algo que no es del todo cierto. Afortunadamente tengo la capacidad de domar a mi fierecilla interna pero el mundo no está acostumbrado a hacerlo con la suya propia. Y cuando la mía aparece en alguna ocasión, no es aceptable, no se me permite, se me castiga y rechaza…

Aunque las circunstancias nos cambian a todos, hay cosas en mí que no puedo cambiar porque ellas están en mí, yo soy eso y si no me dejan salir es que realmente no me quieren ni me aceptan. Yo soy eso y eso deben respetar si quieren formar parte de mi vida, quiero vivirme, por favor.

No es tan difícil ¿no? Sufro enormemente cuando reprimo al máximo lo que soy.

Cualquier mecanismo que intente utilizar para cambiar esa pequeña parte de mí, es eliminarme completamente, y eso es lo que provoca mi intensa tristeza.

Por eso mi silencio, por eso mis lágrimas y mi falta de reacción.

Si dejo de sentir, dejo de existir, y cualquier maniobra para intentar no sentir es no aceptarme a mí misma.

Si no puedo ser yo, si no soy aceptable, que queda de mí…

Ahora mismo estoy arrojando por todos los poros de mi piel algo que no soy, estoy reprimiendo esa parte mía que no puedo ni debo dejar de ser, porque ¡soy yo! Y suplico poder mostrarme alguna vez.

No puedo mirar siempre hacia otro lado, esa parte espontánea e impulsiva soy yo, pero bueno, si no es aceptada, cada vez voy a marchitarme más.

Y aunque decidiese mirar a otro lado, todo ello seguirá ahí, quizás no haga daño a otros, pero sí a mí, y el daño interno propio será irreparable.

De hecho el resultado de este sentir se verá reflejado en mi cuerpo, en mi rostro, en mis lágrimas, en mi vida.

La no aceptación, el querer intentar sentir de otra forma, puede parecer que es querer ser mejor, que forma parte del aprendizaje, pero va totalmente en contra del propio respeto y del amor propio.

Excluir de mi vida esa voz que vive en mis sombras, me imposibilita una vida auténtica, mi propia libertad de expresión.

Y me remito a cada alma, pues alma somos en esencia, y cada una de nosotras tenemos el derecho de ser de diferente color en el lienzo de la vida que nos toca vivir.

Hoy mi actor y mi narrador están en desacuerdo, mi actor está triste y mi narrador intenta animarlo. Es muy difícil y muy doloroso. El acto que hoy se presenta se puede escenificar de muchas maneras, pero mi actor no tiene las fuerzas necesarias ni los recursos con los que cuenta en otras ocasiones para salir a escena, no tiene ganas.

Quizás otro día se sienta más seguro y pueda hablar en primera persona, quizás pueda mostrar lo que el narrador quiere que haga. Quizás si los dos se observan desde la distancia puedan llegar a comprenderse.

Hoy mi actor precisa distancia y silencio, y una necesidad profunda de dejar esas lágrimas reprimidas deslizarse hasta agotar la sensación de desesperanza e incomprensión.

Creo que este proceso, en el que muestro ante los focos ese fragmento reprimido, es el que prueba mi verdad, no mi personaje. Y así siento que mi parte sometida podrá salir en libertad, pidiendo, suplicando si es necesario, comprensión y aceptación.

Todos tenemos muchas porciones, muchas pequeñas piezas que nos conforman, ellas crean nuestra realidad y todas ellas son necesarias. Si obviamos alguna de ellas, si las mantenemos ocultas en el anfiteatro, negamos el papel insustituible de nuestra vida.

Yo soy, pero puedo cambiar, lo he hecho, puedo aceptar, lo he hecho, puedo renunciar, lo hago y hay ocasiones en que no soy escuchada. Puedo increpar, lo he hecho, me pueden increpar, pero ¿no me puedo quejar?… Denuncio, admito y suplico a mis compañeros actores que me vean y quieran esforzarse en captar la profundidad de la obra común.

Y que por favor me permitan quejarme si no me encuentro bien.

Ahora mismo siento que, solo desde este lugar triste en el que estoy sumida, puedo ayudarme y puedo sanarme, porque estoy herida y necesito estar acurrucada en él.

Pido a mis espectadores que intenten elevarse sobre la escena de manera que tengan una visión más amplia y puedan discernir sobre el contexto de la obra.

Y a mis compañeros de obra, que no se queden con su propio papel y su propio dolor. Que no caigan en el error de manifestar su personaje invariable e inamovible, insensible, porque cada papel tiene infinitas posibilidades.

Quedándose sin observar e intentar ver el conjunto de la obra, tendrán solo un punto de vista individualista y limitado por su propio guion. Si solo leen el guion, pero no profundizan en como va a influir su manera de realizar su propio papel en nuestra obra, no van a ver el dolor del resto de personajes.

Y a medida que va avanzando la historia, puedo observar la participación y reconozco también actores que hieren sin reconocer sus afrentas.

Realmente yo no quiero escapar más a lo que siento, y en días como hoy en los que me siento triste, no negaré más esta realidad, la voy a vivir en su totalidad y no la voy a arrinconar como hago en otras ocasiones.

Hay veces que fluir con ella es lo que me apetece, sentarme al lado de mi tristeza y dejarme llevar sin resistencia, sin luchar en su contra, hasta que ella solita vaya calentándose y alejándose a su propio paso.

En estas ocasiones, puedo descansar en ella, y no la veo como enemiga, sino como compañera.

Pienso que no hay que negar el propio sufrimiento, hay que reconocerlo y ver que no hay nada oscuro en él. Considero que solo tengo que observar de donde procede para intentar averiguar porque surge. Y creo que viéndolo podré ayudar a que vaya diluyéndose a su ritmo, sin interceder ni estorbar con mis reacciones.

Lo bueno de todo esto es que en muchas ocasiones no ignoro su causa, y en ellas no puedo enfocarme en otra cosa que no sea estrictamente la verdad.

Sé perfectamente que debo hacer para revertir la situación, pero hoy no tengo ganas.

Me conozco un poco y sé cómo transformarme a mí misma y así la situación que me llevó hasta alli.

También como mejorar mis cualidades mentales para percibir más alegre y más apaciblemente la realidad, pero no tengo ganas.

La verdad es siempre la verdad, aunque diferente para cada uno, y las verdades nobles contienen un universo entero de posibilidades.

Lo que ocurre es que cuando la confusión y los malentendidos hacen su aparición, los valores se corrompen y las percepciones se distorsionan. Incluso haciéndonos inventar cosas inexistentes, pero vuelvo a repetir que hoy no tengo ganas de pensar en los porqués.

Aunque hay cosas mías que aborrezco, también hay cosas ajenas que aborrezco y al mirarlas puedo decidir que hacer con ellas, sin embargo, hoy decido no lidiar, ni negociar, ni reescribir lo mismo de siempre, no tengo ganas.

 

Invito a los amigos que siempre me acompañan, esos invisibles seres, a que ayuden a que lo que tenga que ser, sea…

 

¡Namasté!

 

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