Falta de respeto

Escrito por Marié

27 de noviembre de 2023

Hoy voy a escribir desde el más profundo cansancio. Toda una vida de ofrecimiento, de dedicación, de respeto y de aceptación. Normalmente, no suelo esperar nada a cambio, pero lo que tampoco quiero es desinterés, soberbia o falta de respeto.

Sobre todo lo demás, tengo claro que vivir en carencia de todo este amor, puede generar egoísmo. Y también que en un regalo no recibido, existe una miseria aceptada.

Quien se permite ofender desde la certeza es porque no ha encontrado aún el tesoro que todo corazón guarda.

Porque realmente, detrás de cualquier ataque hay un grito muy alto de petición de amor. Pero es difícil ofrecerlo cuando te han ofendido, sobre todo cuando estás cansada.

Este cansancio provoca un sentir, mi carne es como barro espeso intentando caminar.

Pero mi alma late al son de cada luna, de cada noche. Es intocable, al menos por alguien ajeno a mí y desde esa falta de respeto. Ella solo se deja acariciar desde el amor.

En la madrugada soy viento con bata de cola. El viento me envuelve y, aún desnuda, me siento vestida por él. Él arrastra cualquier fealdad y puedo volar con su ayuda.

Los amaneceres me encuentran como arbusto tierno que danza, doblándose sin partirse ante la brisa de esa hermosa hora. Después de mi viaje, estoy mejor preparada.

Y una vez bien despierta guardo el fuego sagrado de mi naturaleza femenina. Lo guardo por su valor y su ayuda. Las intuiciones que me acerca me dan calor y secan el barro que formó mi carne por tu causa. Vuelvo a ser arena. Arena suave que puede deslizarse por el mundo sin dificultad.

Muy a tu pesar, no puedes hacer nada.

Si quieres aprender puedes hacerlo, pero depende de ti.

Realmente no necesito tu opinión, y menos aún desde tu dolor o tu desprecio.

Ya no quiero escuchar más tus palabras hirientes, ten en cuenta que han sido demasiadas veces y debería servirte para pensar si tú tendrías la misma disposición para soportar ese mismo comportamiento contigo.

Más, soy mujer, guardo vida, y como el ave fénix, siempre resurjo victoriosa. Pero ya no tengo ganas de arder de nuevo, estoy cansada.

Cansada de recoger pedazos y barrer cenizas.

No me conoces de verdad, me lo has demostrado, no puedes opinar. Pero yo tampoco a ti, la verdad, superaste mis expectativas.

Siempre tengo una sensación de esperanza, de ilusión, pero vas a tener que hacer un gran esfuerzo para que vuelva a confiar en ti. Son demasiados años.

Pero puedo decirte que no tienes culpa, la responsable soy yo. He aguantado mucho, siempre puse en la balanza los pequeñitos ratitos buenos, pero cada vez son menos. Y estoy cansada.

Cuando hablas sobre mí y cuestionas mis decisiones, me doy cuenta de que no me puedes ver. No puedes ver que guardo momentos y vivencias sagradas dentro de mí. Y no me puedes ver por qué te observas solo a ti. La decisión es tuya.

Mis formas de hacer, mis rituales, llámalo como prefieras, recrean un tiempo sin tiempo, y para quien no ve mi juego el tiempo pasa en vano. ¿Esos recuerdos quieres tener? ¿Cómo te defenderás a la hora de dar cuentas?

Está a la vista de todos, pero tú no logras verte. A pesar de mirarte siempre. Creo que la dureza con la que yo me observo podría enviártela, al menos un poco, eres demasiado indulgente contigo y eso impide un crecimiento saludable del alma.

No te vayas con un alma más oscura que la que trajiste, sería una vida en vano. Y volverías de nuevo con ella más oscura. Los trabajos serán más pesados.

Si, estoy cansada, cansada de esperar aceptación sin preguntas, sin cuestionamientos, con respeto.

No te pido que tu propósito sea el mío, es único.

Comprendo perfectamente la grandeza de mi misión. Como cualquier otra, solo hay que encontrarla.

Creo que algo me conozco, intento potenciar mis aptitudes, construyendo puentes o utilizando lianas para atravesar este plano y visitar otras realidades.

Ya no puedes entenderme, por eso te perdono, aunque nunca te hayas disculpado. Crees actuar correctamente, pero te estás comenzando a dar cuenta de que la soledad existe, y si no es por elección propia, es fría y desagradable.

Podrás engañar a quien no te conozca lo suficiente, pero a mí no y a ti tampoco.

Soy mujer, ya no sé si soy amiga.

Soy amiga de quien trae paz a mi alma, de quien no me castiga, no lo merezco. Nada hago para ello y estoy muy cansada.

Me aceptaste como soy, salvaje, sanadora, algo loca, rara, musa de mi hombre, ¿Maga, sacerdotisa?

¿Por qué entonces me cuestionas tanto o críticas mis comportamientos?. El viento viaja lejos y me trae lo que dices, lo que piensas, tus desaprobaciones, tus palabras.

¿Tú pides aprobación? Noo. Porque piensas que todo lo haces desde el mejor protocolo, pero no es así. Las cosas se hacen de corazón o no se hacen. Los compromisos déjalos para quien los necesite.

Sientes mis manos, sientes su calor, pero desprecias su acción con tus propias acciones. Por eso siempre es igual. No la escuchas de verdad, y es una sabiduría ancestral, viene de muy lejos.

Cada vez me hablan más cerquita. Cada vez está más claro.

Yo no te necesito, aunque muchas veces me has llamado sabía, no necesito eso, solo que me hables bien, correctamente, sin herir, sin despreciar o menospreciar.

No eres mejor que yo, no intentes parecerlo.

He formado a muchas personas, en los valores y en la fuerza de la vida. Con lucidez, caminando a su lado.

Y todos me han respetado, sin tener en cuenta, sexo, edad o procedencia.

Me siento más aceptada y más respetada por personas ajenas a mí.

No puede llamarse amistad a pretender que soporten siempre esos comportamientos.

Un mal día o muchos malos días los puede tener cualquiera, pero son demasiados.

Y, por supuesto, la respuesta es que todo se va desmoronando. Y también notas un cansancio profundo, pero el tuyo es hacia la vida, hacia cada amanecer y cada soledad. En tu mano está.

Pero ya no recompone a otros, ellos están cansados, debes recomponerte tú, para al menos, poder descansar.

Aunque, ciertamente, no sé si realmente ves el daño propio al no poder ver el daño ajeno. Ambos los has causado tú.

La conclusión, aunque no quería verla es que todo caducó años atrás. Y tu beneficio, que mi corazón se resistía a marcharse, no se resignaba a aceptarlo.

Pero a mí pesar, ya no es importante, porque, ya sabes, lo viejo se desmorona.

Y la belleza que veo en muchas cosas no merece que deje mi energía en lo que ha caducado.

 

¡La utilizo en edificar cualitativamente. Inténtalo, es más gratificante!

 

¡De un corazón que vive recomponiendose, a quienes se sientan identificados!

 

Imagen de la entrada, Carla Morrison.

 

¡Namasté!

 

 

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