Cuento de los dos halcones

Escrito por Marié

19 de agosto de 2022

Los dos Halcones

 

Hay ciertos cuentos o fábulas que a veces tienen enseñanzas aplicables a cualquier ámbito de la vida. Voy a escribir la adaptación de un cuento corto que tiene mucho que decir sobre el miedo a dar el paso preciso para avanzar, y sobre la forma de perder este miedo. Es el cuento de los dos halcones del rey:

Cuenta la historia que había un reino lejano gobernado por un gran Rey.

 

Todo el mundo conocía en el reino que era un gran amante de los animales, así que en cierta ocasión, recibió por su cumpleaños un regalo que le hizo muy feliz. Se trataba de dos simpáticas crías de halcón.

 

El rey se entusiasmó. Eran preciosas y tan pequeñas y suaves que parecían dos bolitas de algodón.

 

– ¡Qué suaves son! – dijo a su familia mientras las acariciaba. – ¡Voy a hacer de ellas unas expertas cazadoras! ¡Que venga lo antes posible el maestro de cetrería!

 

En cuestión de minutos, un hombre bajito, pero fuerte como un toro apareció en la sala. Era el maestro de cetrería más experimentado del reino. Su trabajo consistía en cuidar y amaestrar a los halcones del rey desde que nacían. El monarca confiaba plenamente en su trabajo, pues no había nadie que supiera más de aves que él en muchos kilómetros a la redonda.

 

– Acaban de regalarme estas dos crias de halcón. Sé que los cuidarás y entrenarás con mimo – dijo el rey esbozando una sonrisa. – Llévatelos y mantenme informado de su evolución.

 

– Así lo haré, majestad – respondió el experto haciendo una reverencia de despedida.

 

Pasado un tiempo, el maestro cetrero pidió audiencia con el rey y este le recibió sentado en su trono de oro y terciopelo.

 

– Majestad, tengo algo muy importante que deciros. Veréis… Llevo semanas cuidando sus nuevos halcones y procurando que aprendan el arte de volar. Los dos han crecido y están hermosos, pero sucede algo muy extraño. Uno de ellos vuela con destreza y gran rapidez, está perfectamente entrenado. Pero no sé qué le sucede al otro halcón, no se ha movido de una rama desde el primer día, incluso ha habido que alimentarle allí mismo.

 

– ¿Y a qué crees que se debe ese extraño comportamiento? – le consultó el rey poniendo cara de asombro.

 

– No lo sé, señor… Jamás había visto a un halcón comportarse así.

 

– Está bien, llamaremos a los mejores curanderos del reino para que hagan un diagnóstico y nos aconsejen.

– sentenció el monarca.

 

Y así fue. Hasta nueve sanadores pasaron por palacio para hacer una exploración del animal, pero ninguno encontró un motivo razonable que explicara por qué el ave se negaba a moverse del árbol.

 

Por la ventana de sus habitaciones el monarca veía que el pájaro continuaba inmóvil. Publicó por fin un llamamiento entre sus súbditos solicitando ayuda:

 

Tomó la decisión de ofrecer una buena recompensa a la persona que fuera capaz de hacer volar a su halcón.

 

Al día siguiente un rayo de sol entró por la alcoba del rey mientras dormía plácidamente en su enorme cama. La luz se reflejó en su cara y le despertó. Con los ojos todavía entrecerrados, se asomó a la ventana como cada día para ver amanecer.

 

A lo lejos distinguió la figura de un ave que se acercaba batiendo sus alas para acabar posándose en el alféizar junto a él.

 

¡El halcón inmóvil había volado y le miraba con sus curiosos ojitos! ¡Qué alegría!

 

-Traed al autor de este milagro -dijo a su séquito. 

 

Descalzo y en pijama corrió hacia la puerta de palacio. Salió fuera y encontró al maestro cetrero charlando con un joven campesino que sujetaba su sombrero junto al pecho. El rey le miró fijamente.

 

– ¿Has sido tú quien ha conseguido el milagro, muchacho?

 

El campesino se puso rojo como un tomate y contestó con timidez.

 

– Sí, señor – dijo bajando la cabeza.

 

– ¡Fantástico! ¿Cómo lo has hecho? ¿Acaso tienes poderes o algo así?

 

Entre feliz e intimidado el muchacho contestó:

 

– No, majestad, nada de eso. Solamente corté la rama y el halcón no tuvo más remedio que abrir sus alas y echar a volar.

 

El rey no pudo disimular una sonrisa al ver la sencillez de la solución. Agradeció al campesino su importante enseñanza. Le entregó una buena recompensa y le invitó a sentarse con él en el jardín, a contemplar el magnífico vuelo de sus dos halcones.

 

Corta tu rama

¿Por qué me gusta tanto esta fábula?

Me gustan las fábulas en general, creo que tienen una manera breve, sencilla y fácilmente entendible de mostrar ciertas enseñanzas y valores, que explicados más técnicamente, quizás no lleguen a ser entendidas por todo el mundo.

Tienen fácil lectura y son amenas.

Este cuento en particular, creo que describe perfectamente ciertos problemas que todos tenemos en algún momento de nuestra vida.

No es suficiente para nadie la experiencia ajena, no nos ofrece seguridad. Aunque otros hayan logrado algo, no nos empuja a lanzarnos a comprobar si nosotros podemos o no, y preferimos la comodidad. Preferimos la tranquilidad de nuestra rama conocida, sin atrevernos a cortarla, ni siquiera permitimos que nadie la corte para nosotros.

La mayoría de halcones tenemos mucho potencial, pero también una mente inquieta que nos paraliza. Podemos imaginar todo lo que puede salir mal y no damos la oportunidad a lo que puede salir bien, eso nos hace olvidarnos de quienes somos realmente.

Todos tenemos talentos innatos, capacidades únicas y también nos preparamos para cosas que llegado el momento nos inmovilizan por el miedo.

Deberíamos emprender el vuelo, porque si abandonamos nuestra rama, siempre podemos encontrar otra rama en la que descansar si no nos convence el vuelo.

No dudes en cortar la rama o dejar que alguien la corte, lánzate a volar, y será la mejor decisión que hayas tomado. Incluso si te equivocases, podrías volver a levantar el vuelo.

Reflexión

Si nos paramos a observar nuestra vida, incluso si vamos muy atrás en el tiempo, siempre podemos percibir que hemos tenido muchas ramas que nos mantenían en la comodidad.

Algunas personas a pesar de sentirse cómodos, buscan el coraje necesario y se lanzan aprendiendo a volar por otros cielos, superándose.

Pero otras personas, como el segundo halcón, se acomodan en su posición.

Algún acontecimiento inesperado o pensado puede romper la rama y es entonces cuando se dan cuenta de que volar es lo más divertido y sencillo del mundo, ven que les puede ayudar a ver la vida libremente, sin las ataduras del miedo.

Hay ocasiones en que algo nos ciega y no somos capaces de ver nuestras potencialidades, así que no podemos desarrollar las capacidades y cualidades únicas que traemos al mundo, es necesario que alguien corte nuestra rama para que arriesguemos y veamos nuestras alas.

En mi opinión, hay veces que las ramas en las que estamos apoyados son personas que nos hacen la vida más fácil, o que nos impiden desarrollarnos como personas. Estas ramas son difíciles de romper, porque no las vemos como obstáculos.

Tienen que ser ellas mismas las que decidan dejarnos abrir las alas y volar libres. En muchas ocasiones somos los padres, o familiares los que no dejamos abrir las alas a nuestros chicos y chicas.

Hay que soltarlos y dejar que sufran un poco para aprender a resolver sus dificultades.

Y si crees que vives en una rama y no eres capaz de levantar el vuelo, puedes hacerte varias preguntas que pueden ayudarte a tomar la decisión:

¿Sabes que tienes alas?

¿Sabes que puedes volar?

¿A qué estás agarrado?

¿Por qué no te puedes soltar?

¿Qué está esperando tu rama para romperse?

¿Quién o qué la puede cortar?

¿Cuáles son las razones que hoy te impiden levantar el vuelo?

 

¡Escríbelas, contéstalas para intentar conocerte y conocer lo que te está frenando!

¡Namasté!

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