Hoy he abierto de nuevo las puertas del inframundo. Mis puertas.
No quiero que os confundais, no soy una diablesa, ni mis puertas son las del infierno, pero si son puertas que dan paso a un territorio árido y a la par super habitado.
Permiten la entrada para poder observar sensaciones sin forma, silencios que no han sido compartidos, represiones amarradas al palo mayor, olvidos que deberían haber sido observados…
Todos tenemos ese tipo de energías acumuladas y también tenemos puertas que podemos abrir para darles libertad.
A mi me aparecen las dudas siempre por las noches. Cuando las sombras se hacen más largas y oscuras, más intensas, por eso suelo llamar a estas situaciones, trabajo con las sombras.
Aunque si nos ponemos a hablar de sombras, existen tantas….
Estas de hoy son mis amigas aunque no sean reconocidas como tal. Realmente lo son porque cuando somos capaces de mirar sus ojos amarillos es cuando mejor preparados estamos para viajar hacia la luz.
Es similar a estar en momentos tan oscuros que si no tocas fondo no encuentras la fuerza suficiente para tomar impulso.
Hay otras sombras externas de las que tenemos que cuidarnos más, esas no son amigas y quieren serlo para aprovechar nuestra luz.
Aunque no sean amigas todos tenemos el poder de ayudarlas. Siempre, por supuesto, protegiéndonos de ellas y enseñándoles el camino.
Si no lo hacemos, en este orden, pueden ser peligrosas y también pueden hacerse compañeras inseparables en nuestra vida.
Esas sombras no tienen nada que ver con esas cosas que nos incomodan de nosotros mismos aunque parezcan más oscuras y temerarias.
En ellas también se alojan energías antiguas de nuestra vida, y en ocasiones se alimentan de esas otras sombras tan nuestras.
La mejor defensa contra su presencia es el amor, estar de buen humor y no tener miedo.
Tendríamos que acostumbrarnos a su compañía si no aceptamos estas actitudes. Aunque miremos a otro lado, igualmente abrimos la puerta a nuestras oscuridades antiguas.
La oscuridad atrae oscuridad, se alimenta de muchos sentimientos, por ejemplo el generado por esas personas que se olvidaron de mostrarnos su amor, su atención, sus cuidados. También de antiguos anhelos sin satisfacer y de otras emociones sin solucionar.
Para poder intentar ayudar, podemos crear un espacio vacío para ir llenándolo con todo ello, dentro de cada uno existe demasiado espacio que podemos usar.
Cada persona lo puede llenar de distintas cosas, vivencias o emociones diferentes.
Estos espacios pueden estar ocupados por personas importanciosas que quisieron opacarnos para poder brillar. O por esas otras que no permitieron que brillasemos para que se las pudiese ver a ellas… Es similar aunque distinto.
O por ese otro tipo de persona que se considera digna, sin tener ni un solo valor honorable.
Pero como de lo que se trata es de abrir tus puertas, podemos hacerlo a muchas cosas. No solo para dar luz a la oscuridad, sino para iluminar los sentimientos que dejan en nosotros las situaciones inacabadas, las cosas posibles sin conseguir y otras muchas.
Lo bueno es que aún se puede ver la luz, aún estamos a tiempo de hacerlo.
Sin embargo, como siempre, estas experiencias no son teóricas, aunque ahora estés leyendo y lo parezcan.
Para ver algún resultado hay que actuar, mirar el alma y ponerse en marcha.
Puede antojarse algo simbólico, pero es vivencial, es experiencial.
¿Resulta complicado?, pues es tan trabajoso como cualquier trabajo de reconstrucción.
Siempre es más sencillo empezar algo de la nada y terminarlo, que reparar algo mal construido.
Por esa razón resulta dificil convencer a tantas personas que se han construido sin cimientos.
Pero incluso así, es posible. Todo es posible, si realmente se quiere.
Paso a paso, escalón a escalón podemos bajar a nuestra cueva y probablemente encontremos una puerta al final. Tras ella, como en «Narnia», podemos encontrar un bosque que contenga el camino necesario para llegar a nuestro país de las sombras.
También podemos encontrar un gran bloque oscuro con un cincel a su lado. El trabajo, lo puedes suponer, se trata de cincelar concienzudamente y codo con codo con cada sombra.
Al otro lado está la luz que las crea. En total libertad.
Con el sentido preciso que cada quien necesite.
Realmente, a veces necesito bajar al inframundo, simboliza todo lo que no queremos ver de nosotros.
Sin embargo necesita ser observado.
Su intención no es rompernos, todo lo contrario, con sus pedazos podemos avanzar.
Y si escuchamos con atención incluso podemos oír su voz diciéndonos: soy tu sombra y he venido para que observes esos trocitos que no quisiste mirar. Cuando encuentres la fuerza necesaria para reconocerlos y observarme verás que aunque soy oscura tengo un pequeño porcentaje de luz, la tuya. Y mi misión es constructiva.
El viaje que te propongo es hacia tu parte emocional mental en donde estoy alojada.
Si necesitas ayuda para hacer este viaje no dudes en acompañarte de música, de aromas o sentimientos que te tranquilicen.
Si con esto no es suficiente, en breve os voy a ofrecer otra reflexión que pueda servir de ayuda. Por ejemplo maneras sencillas de traer de vuelta emociones que no hemos sanado, de dar voz a cosas no dichas, historias exiliadas por ser dolorosas.
Como decía «Shreck» , aunque con otra intención, siempre suelo decir: mejor fuera que dentro. Por eso creo que las cosas hay que decirlas siempre, aunque cueste. De lo contrario la sombra será imposible de iluminar.
Son experiencias personales pero a la vez transformadoras que nos ayudan a conocernos un poco mejor. Desde esta mirada interna podremos vivir más tranquilos, sin reprocharnos tantas cosas y con una auto aceptación que nos permite tener mejor descanso.
Estas sobras que se esconden tras cada una de nuestras puertas nos llevan por caminos recorridos mil veces hasta llegar a los mismos lugares. Normalmente lugares donde existen piedras desgastadas y rotas por haber servido de tropiezo y caída en tantas ocasiones anteriores.
Situaciones que nos hacen vivir cansados de lo mismo, pero sin fuerza para cambiarlas.
Cuando sientas que hay muchas personas en tu misma situación y que alguien te puede servir de guía honestamente y desde el amor, verás que todo puede resultar más sencillo.
Va más allá de lo que te hace sentir enfermo, y si encuentras el origen te llevará directo a la solución.
Reconexión, se le puede llamar. Integración de cada una de nuestras partes, símbolos liberadores que forman parte de procesos sanadores y liberadores.
Empieza pidiéndote perdón y pidiéndoselo al mundo.
Abre las puertas de ese lugar que nadie conoce mejor que tu sin tener conocimiento de ello.





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