Ver más allá de lo visible

Escrito por Marié

31 de octubre de 2021

Vamos a hacer un examen de conciencia

 

Se me parte el corazón. Todas las personas tenemos la preciosa capacidad de hacer cosas maravillosas, pero solamente vemos, en el resto, ciertas pequeñas cosas, ciertos defectos. Si todos miramos hacia dentro, estos defectos también estarán presentes. Tenemos que aprender, valorar, agradecer y amar por lo que somos, no por lo que poseemos. Debemos ver más allá de lo visible.

Pequeña narración:

 

Esta noche cuando fui a recoger la vajilla en la cocina, encontré en el fregadero una taza sin enjuagar. La cogí para regañar a uno de mis hijos, por no recoger lo que había usado.

 

Fui a buscarle y le encontré dormido en su habitación. Regresé a la cocina disgustada, pero al llegar me di cuenta de que todos los demás utensilios que había utilizado los habia fregado y recogido. Sentí una gran vergüenza de enfadarme por la insignificancia de un solo utensilio, sin ver el resto de trabajo bién realizado…

 

Me deje engañar por una pequeña cosa sin ver las grandes.

 

Hace más de once meses que cumplí 50, en breve cumpliré 51.

Ahora ya no me suenan extrañas las palabras de mi padre cuando hablaba de cosas sucedidas 30 o 35 años atrás.

Recuerdo cuando en mi niñez y en mi adolescencia pensaba en personas de 50 y veía seres juiciosos, formales y mayores. Pero esto ha cambiado al verme a mí misma en esta edad. ¡No significa que no sea juiciosa, pero un poco de locura nunca viene mal!

Esta reflexión, me gustaría que pudiese llegar a la juventud actual, aún sabiendo que las experiencias deben ser vividas y sentidas personalmente. Para que intenten ver qué la edad no hace a las personas.

A mí, en mis 50, me sonríe el corazón, siento, al igual que en todos mis años anteriores un torbellino de vitalidad, frescura y libertad que nunca me ha abandonado desde mi juventud.

Mi niña, esa a la que Paco regañaba continuamente por sus ocurrencias, caprichos y travesuras, sigue asomándose a mis ojos.

No han cambiado mis sentimientos de libertad, de hacer y ser lo que deseo ser. ¿Tropecé? Mil veces, ¿Me levanté? Dos mil. Él me dejaba equivocarme sin jamás decirme – ¡Te lo dije…! Y así lo sigo haciendo. Con la certeza de que hago todo sin querer herir a nadie, pero siempre siendo auténtica, con la verdad como estandarte.

Él siempre permitió que mis propias ideas creasen mi particular realidad, al margen de convencionalismos, estereotipos sociales y clichés. Me siento enormemente agradecida por ello, por dejar que cada espina clavada, fuese arrancada, invitándome a evolucionar sanando mi herida y poder así, ensanchar más mi corazón.

Me enseñó a amar, amar a las almas, no a los cuerpos. Mirar al interior, sentir desde el cariño, no desde el egoísmo. Me enseñó a ver a las personas y desde su forma de mirar y con su ejemplo continuo, hace tiempo que las veo. Pero no contemplo sus rostros, ni sus cuerpos, ni sus posesiones, ni las marcas de ropa con las que cubren su desnudez igual a la mía. Veo y distingo su interior, miro sus ojos y veo sus profundidades. Veo y reconozco sus intereses, sus egoísmos, sus miserias, sus miedos, sus inseguridades, su soledad, su dolor y lo que definirá su futuro.

Y por supuesto me enseñó que con la verdad por delante, aunque duela, se tiene la conciencia tranquila, y así la tengo yo, porque la verdad ha sido siempre mi bandera.

Con el tiempo y gracias a las experiencias vividas y compartidas con ciertas personas que se han cruzado en mi camino, puedo decir que he aprendido como en la vida hay que disfrutar y amar.

Mi vocecita interna lo corrobora: – ¡Vive tu vida en este mundo gozando, dando y amando, sin tener interés por nada material, te evitarás muchos disgustos!

Y cuando llegue el momento de viajar, lo harás sin cargas, ligera, solo con el amor del que te rodeaste y del cariño de las personas que amaste desinteresadamente.

Esta madrugada, sobre las cinco, me ha despertado una caricia en mi frente, sobre mis cabellos y una sensación de nostalgia. Me he levantado a dar un paseo por mi hogar a oscuras sin saber lo que hacía, y después he regresado, sin pensar, al calor de mi lecho entrando de nuevo en el mundo de los sueños.

Y al despertar, he vestido mis alas, he sentido como una suave brisa las ha acariciado dejándome sus mensajes. Este viento me ha traído una nota, una imagen de gotas caídas del cielo, un continuo lamento, que resbalando sobre mí, ha humedecido mis alas. Ellas se han plegado en torno a mi cuerpo recordándome la fugacidad de la vida…

Sentada en la orilla de mi lecho, he percibido un poco de frío, una honda sensación. Similar a tibias olas que me acarician. Ecos de nanas e historias antiguas contadas al calor de una estufa en infinitas tardes de otoño.

Al incorporarme y poner mis pies descalzos en el suelo, he experimentado, en mi mente, como se hundían en la reblandecida tierra recientemente mojada. He presentido la profundidad de mis raíces, y en ellas he hallado a todos mis familiares, todos mis ancestros. Estaban mirándome tras el velo que los cubre, y me han traído una nueva.

Veo, después de esta oscura noche pasada, cuando el frío me abrazó, cuantas veces me he sentido amada y me pregunto si fui lo suficientemente valiente para admitirlo.

En mi cabeza resuenan muchos días sentada mirando el crepitar del fuego en la estufa, contemplando el viejo elemento y escuchando sus historias que traen a mi memoria:

Recuerdos de lluvia, de cuentos, de besos, abrazos, paseos, meriendas, pañuelos de seda, perros tumbados sobre la alfombra a mis pies. Sol, flores, niños y niñas corriendo, olor a leña, risas, vino, familia compartiendo noticias, alegría… ¿Mentiras?…

Puede que al leerme, se movilicen antiguos recuerdos también. Emociones, memorias dormidas recuperadas por las circunstancias.

Sentir que se han atravesado puertas con el corazón abierto y dolido, puertas prohibidas que no se deberían haber abierto. El cruce de estos límites transforman para siempre el sentir, alejan el amor. Nublan el razonamiento y solo se mira a través de los ojos del dolor, y el dolor habla con falsas palabras.

Sufrimiento por cosas insignificantes, sufrimiento provocado y dolores irreversibles, hay que perdonar y perdonarse a uno mismo. Se olvidaron tantas cosas importantes, tantas vivencias compartidas, tantos días y tantos años, pero al llegar al invierno, todos los inviernos pueden ser crudos, pueden venir a la memoria los dolores infligidos.

A distanciarse del amor por un motivo injustificado, del amor que ha sido brindado desde siempre, le deseo sabiduría, claridad y mucho afecto para discernir lo que realmente hace feliz. Separar el interés aunque quede un hondo vacío, imposible de llenar.
A la resignación ante cualquier circunstancia, deseo conexión, fuerza, valor y perseverancia para conseguir superar decisiones mal tomadas.

No hay otro motivo mayor para haber tenido un templo en el que pasear nuestra alma en esta bendita tierra que haberlo usado para ayudar.

Y con profundo respeto, un gran abrazo a quien ha partido, con esa energía de libertad, con ese aire de viajera enamorada de los amigos, de los tantos lugares amados, de los tantos hogares vividos, peregrina que ya ha viajado junto con su amor. Un amor que siempre la vio como su niña, y es lo que volverá a ser en sus brazos de nuevo.

Y desde aquí, ya sabiendo que en la puerta de la eternidad, no tienen importancia las riquezas ni los triunfos conseguidos, ni ser juzgada por querer pasar una vejez tranquila y amorosa, además de bien merecida por la vida cumplida. Y que en esta puerta solamente aumentan los méritos que claman desde lo profundo de cada alma, serás bien recibida por las oportunidades en las que pusiste en juego el corazón. Tantas ayudas prestadas, tantas puertas abiertas, tantas oportunidades brindadas…

¿Alguien se acordó de ellas, fueron olvidadas?.

Como siempre, es la pasión la que habla por mí, me levanto de mi paseo por las sombras y apuesto por la franqueza, por lo que me hace vibrar y sentir viva.

Y de pronto, una llamada, una noticia que ya presagiaba mi niña, un anuncio desde los reinos sutiles.

¡Y voy a enviar mi amor en forma de letras a quien ha partido, permitiendo a mi corazón que dicte cada palabra!

¡En honor a la última de mis abuelas, mi tía Elisa que esta madrugada ha descansado partiendo a la eternidad!

¡No tuviste hijos, pero numerosos sobrinos crecieron junto a ti!

¡Deseo que te reúnas con el amor de tu vida, mi tío Pepe, otro abuelo para mí!

¡Con tus hermanas y la complicidad que siempre hubo entre todas!

¡Valle, María, Esperanza, Elisa y Rosario, de nuevo reunidas!

¡Con vuestro padre y con vuestra madre perdida de forma tan dolorosa y temprana!

¡Tuvisteis infancias difíciles y deseo que todas tengáis vuestra recompensa!

 

Elisa Franco Gutiérrez
Écija 1926 – Madrid 2021

 

¡Namasté!

4 Comentarios

  1. Sissy

    Precioso Marie!!!

    Muy bonito 😘😘😘

    Responder
    • Marié

      ¡Muchas gracias! 😘

      Responder
  2. Pedro Sillero

    Muy bonitas y emotivas palabras prima, que Dios la tenga en su Gloria.
    Un beso y un fortísimo abrazo
    Pedro

    Responder
    • Marié

      Muchas gracias. Me alegro de que te guste.
      En memoria de tantas cosas compartidas.
      Besos y abrazos también para vosotros.

      Responder

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