Una vida recordada en un instante de esperanza

Escrito por Marié

18 de diciembre de 2022

 

Hoy 18 de diciembre de 2022, día de la Esperanza, voy a contar la historia de una vida recordada en un instante de esperanza.

 

Esperanza, uno de los nombres más bonitos de mujer

 

Esta mañana me lo recordó mi amiga Elvira… ha sido la primera en felicitarme y en acercarme a este día tan celebrado en vida de mi abuela. Es el nombre que tengo el honor de llevar en su memoria, la de esa gran señora que fue mi abuela materna…

 

Comienzo a escribir en este 18 de diciembre y terminaré cuando concluya la cinta de película de su vida en instantes…

 

Por nuestro recuerdo de la vida de ella…

 

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«Septiembre de 2014, toda una vida ha pasado tras sus ojos cerrados, como siempre nos relataba que ocurre en los últimos momentos antes del último viaje».

 

 

 

Una gran señora, madre, abuela, convertida también en bisabuela, mira fijamente a su nieta.

 

Una nieta que hoy está sentada a su lado, en el borde de la cama. Están juntas en la bendita cama que la abuela había cedido para ella, con el objetivo de poder recuperarse de una mala praxis en su primer parto.

 

La nieta vivió bajo el mismo techo y durmió en su cama, cedida de mil amores por la abuela. Durante, ni más ni menos que seis meses, tras nacer su primer bisnieto.

 

Mientras la nieta la observa, la abuela decide cerrar un momento sus ojos, originando que piense que duerme.

 

Pero eso no es realmente lo que está ocurriendo, esta gran abuela está descansando sus ojos y su anciano corazón, haciendo parecer que duerme, pero, solo está rememorando.

 

Piensa que el tiempo en realidad es un tanto difícil de entender, en ocasiones pasa veloz y en otras, lentamente, pero en esta ocasión es un tiempo raro, le parece que ha pasado demasiado tiempo en un solo instante.

 

¡La verdad!, es un sentimiento un poco confuso, aunque muy concreto, se puede definir cómo algo similar a una cuenta atrás.

 

En ella el Alfa es el nacimiento, una cuenta atrás que parece no tener fin, que no tiene recreos y que realmente finaliza un instante después, sin dejarte detener el paso para descansar. Una cuenta atrás cuyo Omega es la eternidad.

 

 Su nieta continúa sentada allí a su vera, sobre aquella cama, en la habitación que han compartido y piensa en las tantas veces que la ha ayudado a limpiarla…

 

Durante esos días de limpieza, sacaban las maletas que dormían ordenadas en la parte baja de esa misma cama… En ellos compartían la nostalgia de admirar lejanos recuerdos guardados en ella: diademas, encajes, recortes de periódico, antiguas revistas, recibos, notas manuscritas por su esposo… tesoros para su viejo corazón.

 

Pero de lo que más disfrutaban ambas era de las entrañables cajas de lata llenas de esas fotografías en blanco y negro que definían los instantes importantes de su vida… su mente vuela otra vez a esos instantes pasados…

 

Su mirada se pierde y regresan a ella memorias antiguas y rápidas que apenas consigue retener en su mente.

 

Sus ojos se mueven rápidamente haciendo confundir, de nuevo, a su nieta.

 

Le da que pensar y cree que se mueven de esa manera por qué ha entrado en un sueño profundo, pero en realidad es un confuso torbellino de sensaciones en su viejo corazón.

 

La gran señora está engañando a su nieta sin querer, porque después de confesarle algo de miedo, cómo en sueños se la escucha decir: – Mira, allí está, justo en la puerta, ese señor.

 

Su nieta le responde: – ¿Qué señor abuela? …

 

— ¿Quién va a ser niña?… ¡Currito, Curro Plata, mi marido!, y continúa con los ojos cerrados aparentemente tranquila.

 

Sin que su nieta se percate, la abuela se entristece porque ha vivido tantas cosas que le resulta muy difícil recordarlas todas.

 

Pero las circunstancias hacen que no se tenga que preocupar por más por eso, la cuenta atrás en la que ha entrado va a ayudar a que sea posible.

 

Y ya ha comenzado: La sensación que está experimentando es similar a estar subida en un gran tobogán que la lanza, segundo a segundo, a diferentes instantes.

 

Intenta agarrarse a algún jirón de sus vivencias para poder disfrutar más despacio de alguno de esos instantes y… en cierto modo lo consigue.

 

Una casi imperceptible sonrisa se dibuja en su rostro, provocando que su nieta considere que está teniendo bellos sueños.

 

Así que ella también sonríe y se levanta para dejarla descansar.

 

Se dirige sin ruido hacia la cocina y se dispone a ayudar a su madre con la comida. Siente ternura en el corazón al pensar que su abuela está soñando cosas bonitas.

 

Pero la gran señora ha logrado engañar a su nieta de nuevo, sin saberlo. De esta manera puede disfrutar, con los ojos cerrados, de las sensaciones de vértigo del tobogán de sus instantes.

 

Así que, sin que lo sepa su nieta ni nadie más en el mundo, la abuela no está soñando, ¡no señores!, ¡está viviendo!

 

 

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“Está comprobando, como tantas veces había escuchado, que en un instante la cama bajo su grávido y cansado cuerpo va desapareciendo.”

 

“Desaparecen despacio su dormitorio, las persianas, la cortina, el espejo, las antiguas fotografías ordenadas sobre su ropero y una de las maletas colocada junto a ellas”.

 

“Todo va disolviéndose como en una espesa bruma, incluso el pasillo o los sonidos característicos que hacen su hija y su nieta en la cocina, van alejándose…”

 

“… Y en ese instante la gran señora es una pequeña niña, una niña preciosa, morena, delgada, rebelde, exótica… y feliz, que juega al escondite con su inseparable hermana, juegan bajo la atenta mirada de su hermana mayor y de su madre.”

 

“Juegan de la mano, saltan, bailan y ella se siente tranquila, se ríe.”

 

“Sonríe mucho porque tiene una complicidad especial con su hermana, son inseparables y es inevitable mirarse sin sonreír, cada vez que sus miradas se cruzan son todo carcajadas, así ha sido siempre… Son felices.”

 

“La mujer de la atenta mirada se levanta de un poyete en el patio y camina en su dirección.”

 

“— Vamos niñas, tenemos que regresar a la habitación, pronto vendrá vuestro padre, tenemos que comer y vuestra hermana está esperando nuestro regreso.”

 

 

 

Esa mujer es su madre y tiene grandes ojeras bajo sus hermosos ojos.

 

Pero la entonces niña que es mi abuela, no se percata de ello, es una niña de tres años que está comenzando a vivir y lo único que quiere es disfrutar de su vida infantil junto a su inseparable hermana.

 

 

Mi abuela es una niña feliz.

 

 

“Su madre las toma de la mano y ellas levantan sus pequeños rostros para mirarla. Adoran a su madre, les parece una bellísima y dulce mujer.”

 

 

La adoran cómo solamente se hace cuándo eres tan niño.

 

La adoran porque perciben también en ella una recíproca adoración. Porque saben qué ella las ama más que a nadie en el mundo.

 

 

“Y como siempre ocurre, sus miradas se cruzan y comienzan a reír.”

 

 

 

Son miradas cómplices de esas que dicen que no hace falta esperar un momento perfecto, ellas hacen cualquier momento perfecto con el humor adecuado.

 

 

 

“La madre las mira con fascinación pero con un intenso cansancio.”

 

“Ellas viven ajenas a ese, más que evidente, agotamiento, pero su hermana mayor sí es consciente, las observa desde la puerta con una mirada indefinible.”

 

“Ellas no se percatan de esta manera sufriente y dolorida de ser observadas.”

 

 

 

Su hermana, la mayor de las tres, vive siempre intentando comprender por qué está siempre enferma, ¿por qué su madre está triste, cansada y también enferma?, y habitualmente siente una sombra oscura en sus pensamientos.

 

Realmente sabe el porqué.

 

Pero es algo de lo que no se debe hablar…

 

 

 

“El rostro de la madre se vuelve de nuevo hacia ellas y las conduce dentro de la habitación.”

 

“Cuando llegan a la puerta son recibidas por su hermana mayor que mira tristemente a su madre.”

 

“Está acercándose el otoño y con él la época de pasar más tiempo en el interior de la habitación, así que las niñas empiezan a fabricarse juguetes con lo que encuentran, trozos de cartón, latas, cáscaras de frutos secos, cuerdas… esperando que llegue el padre para cenar.”

 

“Las dos mujeres se encargan de que la habitación esté preparada, limpia y confortable, y la cena transcurre entre las risas de las pequeñas hermanas y el amor de la mamá.”

 

“Pronto van las tres hermanas juntas a la misma cama deseando que llegue el siguiente día para volver a jugar con los “juguetes” fabricados por ellas mismas.”

 

“Cuando la luz asoma por las ventanas, ellas ya llevan bastante tiempo despiertas jugando y diciéndose secretos en la cama.”

 

“— ¡Mamá!, despertad, es de día, vamos a jugar con los cacharritos que hemos hecho.”

 

 

 

No se dan cuenta del avanzado estado de espera que tiene la madre. Pero sí de que sus movimientos son más lentos.

 

 

 

“En un rincón de la habitación observan todos los cacharros que han fabricado.”

 

“La madre se acerca con paso lento y les dice:”

 

“— ¡Mira!, parece que al final os habéis portado bien, sentándose junto a su reflexiva hija mayor y a su enjuto e irascible marido.”

 

“Ella, mi abuela, detiene sus juegos para mirarlos, y lo hace al observar a su padre abrazar con demasiada fuerza a su frágil madre.”

 

“Es algo que se ha grabado a fuego en su aún infantil memoria.”

 

“A pesar del sufrimiento en el rostro de su madre, ella nota en sus ojos tristes un sentimiento de amor por ellas que se ha escrito con hermosas letras de oro en cada poro de su piel.”

 

“Es ese amor tan inmenso por sus hijas el que la mantiene de pie.”

 

“Mi abuela se siente querida por su adorada madre, la persona más importante de su pequeño mundo.”

 

 

 

«Afortunadamente, ese sentimiento no la ha abandonado jamás en su larga vida. Nunca”

 

 

 

“Mi abuela se desliza por el tobogán de sus instantes y observa como su madre sostiene en sus brazos, junto a su pecho, a su recién nacida hermana, otra hermanita, blanquita de piel, grandota, con el cabello también clarito.”

 

“Otra personita con la que dividir el tiempo y el amor de mamá… los instantes pasan por su mente así, unos mejores y otros peores.”

 

“Cada vez que observa a su hermana mayor percibe que, en cada ocasión, está más seria.”

 

“En uno de esos vertiginosos instantes de recuerdos, le viene a la mente que en algún momento su hermana mayor le ha dicho que no quiere que su padre se quede solo con ninguna, ni siquiera con su madre, y la niña, que era mi abuela, no logra entender…”

 

 

 

Con el tiempo comprende…

 

Así era la vida… risas con su hermana inmediatamente mayor y cuidados por parte de la mayor de todas, pero sobre todo a la nueva pequeña hermanita.

 

Sí, así era su vida cuándo de nuevo su madre estaba en cinta.

 

Las ojeras bajo sus ojos eran cada instante más evidentes, señal inequívoca de enfermedad, disimulos y una felicidad fingida para sus pequeñas.

 

 

 

“Pero no por ese sufrimiento era menos cariñosa con sus hijas…”

 

“En otra bajada por el tobogán de los instantes, mi abuela contempla de nuevo un bebé entre ellas, de nuevo otra hermanita.”

 

“La mayor, cada vez más introvertida. Niña enfermiza, pero extremadamente inteligente, siempre intentando proteger a sus hermanas de algo que no se atreve a pronunciar. Pasa la vida intentando que nunca se quede ninguna sola en la habitación.”

 

 

 

Regresé al dormitorio y mi abuela seguía con los ojos cerrados, así que pensé que continuaba dormida. Ellos giraban como si su sueño fuese tranquilo, nada más lejos de la realidad…

 

 

 

“Ahora en los vertiginosos instantes que pasan como una película por la mente de mi abuela, ya no es una niña tan pequeñita e ingenua.”

 

“Ahora es una pequeña señorita de cinco años sentada en el poyo al lado de su madre, mirando cómo cuida a la siguiente de sus hermanas.”

 

“Normalmente, se queda observando esas pequeñas manitas y ya se va percatando del tono morado en torno a los ojos de su madre, que aun así las mira con adoración.”

 

“Ya se siente mayor, la hacen mayor sin serlo. Se observa mayor al ver a dos hermanitas menores que ella en los brazos de la mayor de las hermanas y de la mamá.”

 

“Al observar el cansancio en ambas, al comenzar a intuir signos de enfermedad en ellas, va percibiendo que cada instante le importa menos jugar con esos trozos de cartón que simulan muñecos… aunque extraña bastante la sensación de ilusión e ingenuidad y los juegos con su hermana.”

 

“Solo queda en su mente un vago recuerdo de querer que su muñeco fuese el mejor de los fabricados en el patio común.”

 

“Cada instante se siente menos niña… A pesar de tener cinco años… Son tiempos difíciles. Su pequeño corazón intuye cosas, cosas que no puede definir, pero que tampoco puede dejar de sentir, y su semblante va comenzando a estar, a ratos, más serio.”

 

“En el siguiente instante del vertiginoso viaje que está viviendo en su mente, se ve junto a su hermana cuando ambas regresan caminando de la plaza de abastos del pueblo, de comprar lo más necesario.”

 

“Notan la ausencia de su madre en el quicio de la puerta. Debido a sus cortas edades las espera cada día cuando salen solas a comprar.”

 

 

“Su madre debería estar allí, pero no está…”

 

“Cuando llegan al patio y antes de entrar a su habitación ya saben que algo ocurre, el patio está repleto de gente, así que las dos corren a ver lo que es…”

 

“Hay un médico en la habitación y su madre está echada hacia delante sobre la única mesa que hay en el lugar.”

 

“Su pequeña hermanita, la más pequeña, no deja de llorar en brazos de la mayor y la siguiente se limpia las lágrimas.”

 

“A la mayor ya no le quedan lágrimas y necesita de todas sus fuerzas para enfrentar lo que se les viene.”

 

 

“En un momento, se ve junto a su hermana abalanzándose ambas sobre su madre, inmóvil y fría sobre la mesa.”

 

“Está reviviendo el peor instante de su vida.”

 

“Se ve junto a su hermana abrazando el cuerpo amado de su madre durante lo que le parece una eternidad.”

 

“Lloran ambas ríos de lágrimas, lágrimas qué resbalan por sus mejillas empapando el suelo debajo de la mesa y empapando también el inmóvil cuerpo de su joven madre.”

 

“Finalmente, su hermana mayor logra separarlas y ella, mi abuela, mira al resto de sus hermanas con la seguridad de que ya nada sería igual.”

 

 

 

Su madre ya no estaba en aquel amado, rendido, pesado y agotado cuerpo. Ya no estaba allí el amor que sostenía sus pequeñas vidas.

 

Ellas pasaron a ser unas niñas pequeñas, desoladas e indefensas a las que tocaba enfrentar un mundo sin el apoyo incondicional de la persona que más las amó y más significó para ellas en esas vidas infantiles.

 

Las más pequeñas, una con tres años y la todavía bebé de escasos meses eran las menos conscientes de la desgracia que se cernía sobre ellas.

 

 

 

“Su hermana mayor intenta consolarlas, pero para ellas no existe consuelo posible.”

 

“En un solo instante se han percatado obligatoriamente de cuan pequeñas y vulnerables son en una vida difícil y dura.”

 

“Su pequeño mundo, aparentemente perfecto, ha dejado de pronto de serlo. ¿Cómo era posible una vida en la que ya no estaba ella? Su preciosa mamá.”

 

“De pronto esa gran señora, mi abuela, una niña de apenas seis años siente cómo la toman de la mano y la llevan a una casa extraña.”

 

 

 

Volví a entrar en el dormitorio y vi a mi abuela con una mueca extraña en la cara y la respiración un poco agitada, pensé que tenía malos sueños, acaricié su cabellera casi blanca, pero su expresión no cambió.

 

 

 

“Un chico se sienta a su lado.”

 

“Es un chico de mirada limpia y bastante guapo.”

 

“Nota su pulso acelerarse cuando se da cuenta de que él la está mirando. Es un chico bastante mayor, de apariencia bondadosa. Para su corta edad, exactamente, es un hombre, pero le parece divertido y risueño.”

 

“-¿Qué miras?, le dijo mi abuela.”

 

“— A ti – responde él con una gran sonrisa.”

 

“Su mundo desaparece y piensa que con esa sonrisa sería capaz de eclipsar a la más brillante de las estrellas.”

 

“Siente la protección de esa mirada bondadosa y limpia en comparación con la mirada seria, soberbia y siempre acalorada de su padre.”

 

“— ¿Por qué? , le pregunta.”

 

 

“— Porque eres la niña más bonita y más graciosa que he visto en mi vida.”

 

“Nota calor en sus mejillas y sabe que su cara se ha vuelto completamente roja. Es una niña de seis años y él un hombre de aproximadamente veinte que quiere qué se sienta cómoda y tranquila.”

 

“Pero ella siente algo raro en su corazón. Ha comenzado a vivir y a servir en la casa de la familia de él, y ellos por aquel entonces la tratan como lo que es, una chica del servicio.”

 

“Su dormitorio es el mismo en el que duerme aquel muchacho risueño, ese muchacho que quiere que se sienta bien.”

 

“Aun siendo pequeña, siente algo nacer en su corazón, pero nada dice. Solamente piensa “eso le dirá a todas las niñas”.

 

“Algo de sus pensamientos debió de reflejarse en su rostro infantil porque hizo que la sonrisa de él se agrandase.”

 

“Bajo esta sonrisa y luminosa mirada, le dijo queriendo tranquilizarla: – llevo rato observando tu tristeza y quería hablar contigo. A ratos te veo aquí sentada en esta misma habitación con una mirada perdida.”

 

“Observo esa tristeza en tus ojos y lamento no poder ayudarte. Obviamente, sé que mucho no puedo hacer, así que hago lo que buenamente puedo, sentarme a tu lado e intentar que sientas que no estás sola.”

 

“Paso a paso el dolor se irá marchando.”

 

“Este buen muchacho al que llaman Curro, ha atravesado poco a poco su pequeño y entonces frío corazón, rompiendo las barreras y descolocando algún espacio en su interior.”

 

“Afortunadamente, sus palabras y gestos son, aunque parezca mentira, todo lo que en esos momentos necesita escuchar de los labios de alguien.”

 

“¿Y quién es ese alguien? El señorito, familia de los dueños de la casa donde ha empezado a trabajar.”

 

 

 

Regresé al dormitorio y ella tenía mejor aspecto, una débil sonrisa se dibujaba en sus estrechitos labios y las inexistentes arrugas de sus rosadas mejillas me tranquilizaron.

 

 

 

“Su viaje de instante en instante continúa.”

 

“Ella baja a la cocina y acerca una silla a la mesa de trabajo, es tan pequeña que no llega bien para hacer su labor.”

 

“Él vuelve a aparecer encontrándola con las manos y la nariz llenas de harina.”

 

 

 

Ha aprendido demasiado pronto a cocinar, a lavar, a limpiar… lo recuerda perfectamente.

 

Es algo de lo que habla habitualmente.

 

Durante el resto de su vida no hubo ningún trabajo que la asustase, que la hiciese pensar que no podía… siempre pudo con todo.

 

 

 

“Al muchacho de la bella sonrisa le sigue pareciendo una niña preciosa, de extraña y triste mirada, pero a la que es capaz de arrancar una sonrisa que ya empieza a mostrarse pícara.”

 

 

 

En la memoria de mi abuela, y sin que nadie presencie ninguno de estos instantes rescatados de su niñez, van sucediéndose escenas como en una película…

 

Pero no de cine mudo como ella recuerda de aquellos días, sino a todo color y con todo lujo de detalles.

 

 

 

“Una lucecita se comienza a encender en ella y se abre paso, cálida, por su interior cerrado al resto del mundo. Él hace que esa calidez poco a poco vaya ablandando y templando su corazoncito dolorido.”

 

 

 

Sus instantes avanzan y retroceden en la película de su vida en instantes…

 

 

 

“… Escucha la voz de su padre como un eco lejano camino de la calle. “Es uno de esos ratos que está en el hogar paterno con su hermana mayor y la pequeña”

 

 

 

Sufre al ver a su hermana mayor enferma y ligeramente asustada cuando está en presencia del padre de ambas.

 

Sigue sufriendo al ver que ese hombre al que apenas reconoce como padre, solo tiene ojos para la niña de cabellos más claros, alta, esbelta y sonriente.

 

Pero ha aprendido a no mostrar sus sentimientos. Se ha vuelto mas seria y rebelde en su presencia. Cosa que pagó más adelante.

 

 

 

“Sus instantes allí son sucesiones de sentimientos dolorosos.”

 

“Su hermana cómplice, aquella con la que comparte siempre sonrisas, vive feliz en casa de unos vecinos que se han hecho cargo de ella.”

 

“La están criando con mucho cariño y muchos cuidados.”

 

“A sus ojos se le representa como una señorita.”

 

“Aprende a bailar, lleva siempre zapatos nuevos, le hacen fotografías con preciosos vestidos… más esta separación innecesaria no ha podido romper la complicidad y el cariño que siempre ha existido entre ambas.”

 

“Ella baja la mirada hacia su ropa, ropa demasiado sencilla y muchas veces remendada. También observa sus zapatos y ve que están rotos… Solo se le ocurre ponerse a jugar dando vueltas por el patio inventando una canción: . ¡No tengo zapatos nuevos, mis zapatos están rotos… ¡No tengo zapatos!…”

 

“Va cantando cada vez más alto, y con intensos movimientos en todas las ocasiones que va por allí, hasta que la familia adoptiva de su hermana le regala unos zapatos…”

 

 

 

“Mi valiente y joven abuela”

 

 

 

“Al siguiente instante está paseando por las calles estrechitas de Écija, es una hermosa joven de pelo negro, largo y ondulado que cae con gracia sobre sus hombros, una bella andaluza de estrecha cintura y anchas caderas.”

 

“Aunque la vida está siendo dura con ella, ella camina devolviéndole a la vida sus contoneos.”

 

“Se ha convertido en una preciosa y exótica jovencita a la que admiran los muchachos.”

 

“Ya se muestra en ella la belleza de la primera juventud… es muy presumida e intenta llevar siempre algún zarcillo llamativo.”

 

“En ese paseo la acompaña un pretendiente, recuerda su nombre… Eduardo, pero ya cerca de su casa ve acercarse, con paso firme y un rostro excesivamente serio, a su padre, que con gesto decidido planta una sonora bofetada en sus blancas mejillas… haciendo que se sonrojasen por el dolor y por la vergüenza.”

 

 

 

Si hasta ese momento había tenido poco apego para con su padre, con ese trato unido a haberse desprendido de ella de la manera que lo hizo, pasó a sentir indiferencia y falta total de confianza en él.

 

Su mirada así se lo muestra. Ella ya es capaz de verle y eso es algo que un hombre de su personalidad no puede consentir…

 

A pesar de ello, cuando en su edad adulta tuvo que admitirle en su hogar, lo hizo… los días suficientes hasta que su esposo se cansaba de ver el comportamiento inadecuado, machista y soberbio, momento en el que le devolvía a su casa en Écija…

 

 

“Caminando junto a él en dirección al patio de vecinos, escucha las palabras acaloradas de su padre, muy enfadado y altanero:”

 

“— ¡Tú no me vas a hacer lo mismo!”

 

“¡Ella sube su cabeza orgullosa porque sabe que ya no tiene poder en su corazón, solo puede volver a abofetearla si es su gusto, más no puede llegar hasta su ya curtido interior»

 

“Se ha forjado en el más puro acero. La vida se ha encargado de que su acero sea templado.”

 

“Su hermana pequeña le pregunta – ¿Quién es ese chico con el que venías?.”

 

“— Ya no es nadie, se han ocupado de ello.”

 

“Pero en su cabecita loca, esa cabecita que nadie pudo domar, hay siempre una imagen, esa que la hace sonreír en la cama en la que permanece con los ojos cerrados.”

 

 

 

Esos ojos que me siguen haciendo creer que duerme, y lo que realmente está haciendo es vislumbrar en instantes la película de su vida.

 

Con sus luces y sus sombras.

 

La vida y las experiencias que creía olvidadas están pasando instante a instante por su mente en un aparente único instante.

 

 

 

“Su hermana le pregunta sonriendo, – ¿Y ese otro? Él que te hace sonreír.”

 

“Ella cierra los ojos recordando que la familia de él no la quiere, en particular una de sus hermanas, precisamente en la casa que ella está trabajando en ese momento.”

 

“Y es en ella donde comienza a oír rumores sobre su persona… empieza a llegar a sus oídos un bulo que se había levantado sobre ella, no sabía donde, aunque lo intuía… otra vivencia triste, dura e incierta que la hizo todavía más daño, si cabe. No estaba bien visto que una mujer fuese independiente y bonita en aquella época…”

 

 

 

Y yo pienso lo mismo… No se puede ser tan guapa, presumida, con tanta personalidad y mujer… en aquella época y en la situación que la tocó vivir…

 

 

 

“— Se llama Curro y se pasa las horas mirándome. Su hermana no me quiere. Es imposible.”

 

“La hermana de mi abuela sonríe, – ¡Para ti nada es imposible!”

 

“¿Y ese color rosado en tus mejillas? ¿No será el amor?”

 

“— ¿Qué dices? No quiero que te oigan, sobre todo él. Siempre deshace mi vida.”

 

“Aun con ese miedo, su risa se funde con la de su hermana y la traslada a otro lugar en su viaje por su vida…”

 

 

 

Al oírla reír voy a su dormitorio y le coloco el cable del oxígeno que, con lo que yo pensaba era un sueño, ha ido deslizándose sobre su mejilla.

 

 

 

“Él le dijo días atrás:”

 

“— Sigues sin reconocerme ¿Puedo marcharme un momento y volver a aparecer para que puedas recordar?”

 

“— Ya sé quién eres, eres el chico que siempre me miraba. Él que me ha ayudado bastantes veces en mis momentos de dolor.”

 

“— Sí.”

 

“— ¿Me has reconocido? – dice ella, recordando su misma pregunta de hace unos días…”

 

“— No ha resultado difícil hacerlo. Tus rasgados ojos siguen siendo las dos aceitunas negras de cuando eras una niña que no alcanzaba a la mesa para cocinar. Y ese geniecillo tampoco ha cambiado…»

 

“Cuando he venido a trabajar en el cortijo, he visto que también trabajas aquí y sigues siendo igual de bonita y divertida. Al principio no te reconocí, pero sabía que no era la primera vez que veía esas preciosas gotas de agua. Mi madre siempre me dice que para entender a una mujer hay que leer en sus ojos.”

 

“Me ha resultado un tanto difícil porque los tuyos han sido esquivos desde el día que te conocí y siempre me han ocultado sus secretos.”

 

“No sabe qué decir, indefensa de nuevo, vulnerable ante sus sentimientos, cada sonrisa y cada palabra le trasmiten una sensación contradictoria de seguridad y de nervios que no recuerda haber tenido desde su inmensa pérdida.”

 

“Pero también trae a su memoria la bella sonrisa que provocó esos sentimientos entonces, y la disposición desinteresada a ayudarla.”

 

“Hace ya tiempo de la pérdida de su querida madre, y este hombre apuesto y sonriente le trae de nuevo esa sensación en el estómago.”

 

“No vuelven a hablar, él, con la experiencia que da la edad, es consciente de que ella ahora necesita permanecer en silencio.”

 

“Pero por la mente de ella pasan muchas más cosas, todavía no es totalmente consciente de que necesita su sonrisa tranquilizadora, y aunque es algo que no puede confesar, necesita sentirse amada y necesaria para alguien.»

 

“Así que no se dicen nada más en ese momento.”

 

“Ella está sirviendo en el cortijo, le piden que ponga una copa, y cuando aparece con una bandeja llena de copitas y varias botellas con licores, provoca la risa de los presentes, a excepción del hombre de la sincera sonrisa.”

 

“Él también está sonriendo, pero con otro tipo de sonrisa.”

 

“Sus mejillas terminan sonrosadas cuando le dicen que una copa es preparar las ascuas de un brasero y moverlas para que calienten.”

 

“Baja sus ojos avergonzada, solo quiere hacer bien su trabajo…”

 

 

 

Siento movimientos y algo cómo un murmullo, voy al dormitorio, ayudo a cambiar su postura y la escucho confesarme de nuevo su miedo…

 

Ya queda poco dice, tengo miedo y frío… abrázame y rézame a la Virgen, cosa que me sorprende porque no ha sido nunca de rezar, al menos no visiblemente.

 

Tras mi abrazo, una oración audible para ella y mis palabras de consuelo, vuelve a parecer que cae en un profundo sueño.

 

 

 

“Otro viaje y se ve a sí misma escuchando sin proponérselo, oye inevitablemente una conversación desde la habitación contigua, como el señorito le dice al hombre de la sonrisa amable…»

 

“— Si la quieres, díselo, ella es buena, nada de lo que dice tu hermana de ella es cierto, nunca ha sido provocativa, siempre ha realizado su trabajo a la perfección y su semblante siempre serio y altivo es por el dolor que lleva encerrado en lo profundo de su corazón…”

 

 

“Le ha tocado vivir una difícil vida… no todo el mundo está preparado para una vida así de dura…”

 

“La única de cinco hermanas en ser separada de todas las demás…”

 

“La única que tuvo que ponerse a trabajar con apenas seis años fuera de casa…”

 

“Y también la única que ha tenido que forjar su personalidad para no sufrir más de lo necesario y pese a todo ello, aquí sigue… intentando no dejar que su vida se derrumbe…”

 

“Un nuevo instante vertiginoso y siente cómo su familia le da la enhorabuena, para ellos un precioso día y una noche de fiesta en la que terminan bailando sobre las mesas…”

 

“Su hermana, con la que sigue teniendo esa gran complicidad, tiene un arte excepcional bailando sevillanas, y las dos terminan pasando unos divertidos momentos para el recuerdo.”

 

“Una noche inolvidable a la que ha seguido una mañana en la que ha madrugado y ha quitado y lavado las sábanas de su cama. Se ha adelantado para qué ninguna de sus hermanas entrase en su dormitorio a quitarlas… Ellas venían ya de camino a comprobar el resultado de su noche de bodas…”

 

“¡A ella iban a evaluarla! ¡Ella siempre viene de vuelta de todo, la vida se ha encargado de ello!”

 

“Noches, noches y madrugadas acompañada de su hombre de la eterna sonrisa.”

 

“Noches que han tenido como preciosa consecuencia, nueve meses más tarde el nacimiento de su también risueña y bondadosa hija… perfecto retrato paterno.”

 

 

 

Niña intensamente amada…

 

… Por su padre de forma totalmente incondicional y visible, por su madre igualmente incondicional, pero sin tantas demostraciones, todos tenemos formas diferentes de mostrar el amor, y las circunstancias individuales pueden definir muy marcadamente estas formas. Pero esta es otra historia.

 

 

 

“Su mente viaja por un agujero de luz, rápidamente, hasta esa cama frente a la iglesia del Carmen, en ella siente miedo.”

 

“Está viviendo otro de los momentos importantes de su vida, su hija está preparada y la impele a comenzar su trabajo de parto, muerde la sabana para que nadie pueda oír sus gritos…”

 

“No está acostumbrada a mostrar sus dolores, y esta no va a ser la primera vez… y cuando la matrona aparece, ya descansan ambas… ella agotada y su hija ya satisfecha colocada en su pecho, lo único que queda es ocuparse del cordón.»

 

“Esta vivencia la ha hecho viajar a los ojos amorosos de su madre, a la felicidad de su infancia a su lado.”

 

“Pero no ha dejado que este recuerdo enturbie la felicidad de la maternidad… en un momento ha pensado si sabrá hacerlo… realmente ella se ha criado sin el amor de una madre… ni de un padre… al menos lo va a intentar…”

 

“Otra caída por el tobogán y ve cómo hacen una mudanza a una aldea,Villanueva del Rey, cercana aÉcija, su pueblo de nacimiento.”

 

“Allí viven familiares de su esposo, y allí en sus tierras, en aquel cortijo grande es donde su corazón se fue rindiendo al amor del hombre de su vida.”

 

“Observa su vida como si fuese una pantalla de cine: montan una pequeña tienda que les permite vivir y criar a su hija sin ninguna necesidad.”

 

“También les permite ayudar a que el resto de familiares, familia de ambos, tengan una vida mucho más llevadera. Hacen préstamos, fían, ayudan con alimentos…”

 

“En su mesa siempre hay un plato para quien lo necesita, y lugar para quien quiera quedarse.”

 

“Su disposición es incondicional, se encuentran siempre dispuestos a prestar ayuda a quien se acerque a ellos y de hecho, cuando tuvieron que marchar no exigieron a nadie la ayuda prestada, eso queda para los ojos de los ángeles.”

 

“Su hombre sigue siendo el mismo muchacho alegre, risueño y bondadoso.”

 

“Aparecen imágenes de paseos por los caminos en dirección a alguna feria o romería, llevando siempre a algún sobrino o alguna sobrina del brazo o de la mano… Ahora se siente totalmente querida… todos sus sobrinos los adoran, tanto los hijos de sus hermanas, como los hijos de los hermanos de él.”

 

“Inevitable este sentimiento.”

 

 

 

Se ha convertido en una mujer valiente, muy divertida, con gran sentido del humor y gran picardía.

 

Se ha convertido para todos en alguien que ella echó en falta en su vida, alguien en quien apoyarse, así que eso ha hecho ella, ser el apoyo de quien la ha necesitado.

 

La vida la fue forjando para esto, y ella le ha respondido siempre con chascarrillos y frases divertidas… supongo que por dentro y a solas quedarían sus dolores… o no… y ahora estaba reviviendo todos sus recuerdos, tanto los buenos como los menos buenos…

 

¡Sonrisas y lágrimas!

 

Una vida recordada en un instante de esperanza.

 

 

 

“No sin razón se ve tras el mostrador de su pequeña tienda, en la que se vende de todo, rodeada de toda la chavalería femenina de la pequeña pero familiar aldea. Ella se encarga de instruirlas en lo que necesitan saber sobre el sexo opuesto.”

 

 

 

Yo supongo que por haberse sentido tan indefensa en esos procesos de cambio normales en cada chica, siente la necesidad de ayudarlas en ellos, pero lo hace desde una actitud desenfadada y fresca, tan inhabitual en aquella época.

 

Y por supuesto, todas las niñas del pueblo estaban en el interior de su tiendecilla, y todos los niños del pueblo se reunían en la esquina frente a la puerta, esperando verlas.

 

Ha convertido su pequeño negocio en el centro de reunión de la juventud, así ha sido ella siempre, divertida. Adelantada a su tiempo. Con ideas frescas y ganas de reír.

 

A partir de su boda, nunca más estuvo sola, su vida estaba dedicada a ayudar y acompañar cada proceso de las personas que la rodeaban.

 

A pesar de una infancia solitaria y dura se convirtió en la mejor amiga de sus amigos… Pepa, Carmela, Pepillo y Victoria, Encarna y Emilio… que me perdonen los que no recuerdo.

 

Defensora siempre de sus sobrinos, los cuales pasaban, en su mayoría, alguna temporada viviendo con ellos. Tanto los propios como los sobrinos de su esposo, que siempre fueron adorados por ella y que también siempre le han mostrado un inmenso cariño… Esperanza.

 

 

Paco, Mari, Antonio, Alberto, Carlos Chari, Rosarito, José, Pedro, Cristóbal, Domingo, Fernando, Mari Valle, Santiago, Armando… hijos de sus hermanas… María y Rosarito.

 

 

Varias Anas o Anitas, algún Antonio, varios Andrés, algún Fernando, varios Albertos, Tere, varios Domingos, varios Curros o Curritos, Rodrigo, varias Franciscas o Paquitas, Pepe, Miguel, Pepa, Emilio, Lola,… que me perdonen si olvido algún nombre de los sobrinos de su esposo.  Sé que son muchísimos, y hay algunos nombres repetidos.

 

 

Todos, en todo momento han tenido un lugar en su corazón y en su casa, y se han criado junto a su hija casi como hermanos.

 

Sobre todo las niñas, con las que mi madre siempre estaba durante su infancia y en la juventud…

 

Algo que creó entre ellas una familiaridad inmensa, se sentía como su hermana…

 

Anita y Tere con las que dormía habitualmente, con ellas se crio como la hermana pequeña y así la han seguido tratando incluso a día de hoy.

 

Mari, con la que la unía una amistad más allá de la sangre y que sigue conservando también.

 

Con alguno de sus primos también pasó y compartió bellos momentos…

 

Carlos hizo posible que conociese al que fue su esposo, mi padre.

 

O Antonio con el que pasó bastante tiempo en compañía de sus tíos Pepe y Elisa.

 

Pero estas historias verán la luz en otra ocasión.

 

Con los ojos cerrados va rememorando instante tras instante en su mente…

 

 

 

“Navidades en familia, con la familia Franco y con los Plata… flamenquito, villancicos y coplas de mi abuelo a dúo con Antonio Rodríguez, hijo de unos de sus mejores amigos y esposo de su sobrina Anita.”

 

“Su mente viaja a la compañía de ambos cuando les hacía de carabina para llevarlos de romería…”

 

“Canciones, cine, novelas escuchadas en una antigua radio, confidencias a la luz de un candil, su niña en los brazos, su madre, sus hermanas, sus cuñados y cuñadas, sus sobrinos, sus nietas, sus bisnietos… todos los amores de su vida… Todo pasa vertiginosamente tras sus ojos cerrados”

 

“Imágenes que van sucediéndose a una velocidad imposible de seguir.”

 

 

 

Escucho una carcajada… y un suspiro. Me acerco a la puerta y sigue con los ojos cerrados, las mejillas muy coloradas… le toco los pies y los tiene muy calientes e hinchados, y su respiración es lenta a pesar del oxígeno.

 

 

 

“Infinitas imágenes siguen sucediéndose en su mente, se siente un poco mareada, las imágenes van y vienen, y comienzan a volverse más inconexas.”

 

“Siente qué debe parar esas imágenes, imágenes que la están haciendo daño de lo veloces, cierra sus ojos más fuerte y no logra detener la velocidad a la que van sucediéndose… pero al menos siente un poco de orden.”

 

 

 

Me asomo para comprobar de nuevo su respiración… está agotada, no tiene ninguna enfermedad, solamente que su corazón es viejo y está cansado, ha llevado muchos pesos en su interior y ya no puede contener más…

 

 

 

“Como no logra qué se detengan, su mente rebobina y regresa al poyete de su patio, aquel en el que se sentaba con su madre, aquel en el que continuó haciéndolo hasta su marcha.”

 

“Regresa a su casa en el patio de vecinos, vuelve a esconderse bajo la cama con sus hermanas cuando oyen pasar a militares por las calles. Y vuelve mucho más atrás, a la pequeña niña que jugaba alegremente con su hermana… cuando aun su corazón no conocía el sufrimiento… cuando aún había esperanza…»

 

 

 

Me asomo a la habitación de nuevo y sé que tenemos que llevarla al hospital… respira muy despacio y tiene los pies y el abdomen más hinchados… Ella no quiere, pero es inevitable, allí la pueden ayudar si hay algo inesperado o doloroso…

 

Las tres vamos preparándonos para lo inevitable, es doloroso, pero debemos dejarla marchar, su vida se ha cumplido, una vida que contiene más vidas que otras muchas personas en una sola.

 

Intento esperar, la miro y una silenciosa lágrima resbala de sus ojos.

 

Puede ser una lágrima de felicidad por qué tuvo años felices al lado del hombre más bueno del mundo o de tristeza por su infancia desaparecida.

 

O por tener que dejar su tienda y su vida.

 

O por no soportar las lágrimas de su esposo al ver que su única hija marcha a vivir a unos cuantos de cientos de kilómetros, a Alcorcón en Madrid…

 

O de impotencia por la pérdida de su esposo siendo aún una mujer joven o por las eternas discusiones conmigo, su nieta, que no logró comprender sus comportamientos hasta qué no conoció todos los detalles de su difícil vida…

 

Alza su mano y arrastra esas lágrimas, y de pronto comienza a reír, quizás está teniendo un bonito recuerdo…

 

… Llevar a alguna de sus sobrinas a cortar sus trenzas en la adolescencia, la boda de otra de sus hermanas, alguna borrachera ¡por qué no!

 

La boda de su hija, su vestido blanco y su mirada enamorada… la venida a vivir con ellos un año después, conocer a sus nietas, las travesuras, los abrazos y los eternos besos de sus bisnietos… al final vivió con ellos durante doce divertidos y movidos años… una bendición para ella en esos últimos años.

 

Ellos estuvieron llenos de besos y abrazos de sus tres duendecillos.

 

Una vida recordada en un instante de esperanza.

 

Creo que no está haciéndose la dormida como pensé, está viviendo la película de su vida, y entre esos instantes, tiene momentos de lucidez.

 

En uno de ellos me llama y me dice: – Me estoy muriendo, esto que siento es la muerte… La abrazo.

 

Me miro en el espejo de su dormitorio, sobre todo para comprobar que lo que estoy viviendo es real y veo en mi rostro parte de sus rasgos, veo su rebeldía en mí y su fuerza femenina.

 

La miro de nuevo y me pide que la abrace otra vez, nunca ha sido mujer de abrazos… ahora los necesita.

 

Lo hago y ella se tranquiliza y se recuesta, cierra de nuevo los ojos más serena y noto que vuelve a marchar a sus vivencias.

 

 

 

 “Ha llegado un telegrama, ha sido abuela, su hija le ha dado una nieta… Esperanza…”

 

“Nueve de la mañana de un jueves en Madrid, maternidad de La Paz, su hija nerviosa, ella nerviosa, sentimientos contradictorios y preparación de un viaje.”

 

“Ve a su hija y su nieta abrazadas por su yerno.”

 

“Orgullo. Otro vértigo en su cuerpo y su hija está en la maternidad de la Cruz Roja, otro nacimiento, otra nieta, prepara las maletas y cierra todo su mundo para ir a vivir con sus tres mujeres… dejando atrás todas sus anteriores vidas… a medio camino entre el orgullo y las lágrimas.”

 

“Piensa de nuevo en su madre y en lo que ha sido la vida… un instante…”

 

“Está en la casa de Alcorcón, se ve caminando al mercado mientras su hija cuida de sus nietas.”

 

 

 

El mercado de la Calle Colón, donde los tenderos siempre tienen las mismas coletillas cuando mi abuela termina sus compras con un ¡Y olé!

 

Ella nunca perdió ese precioso acento de su tierra de nacimiento… Écija, en la inigualable Andalucía.

 

 

 

“Cuando regresa y después de preparar la comida para que su hija pueda ocuparse de las suyas, coge a la pequeña en brazos, se ocupa de sus cuidados mientras su hija se ocupa de la mayor, que tiene pelusa…”

 

“La primera vez que la vio le dijo su hija… ven a cogerla, le gustas…”

 

“Ella piensa que no se podría amar más que cuando tienes un hijo, pero está comprobando que sí con la llegada de sus nietas, y vuelve a comprobarlo de nuevo años después con sus bisnietos… los momentos y los sentimientos están a la misma altura.”

 

 

 

La imágenes van y vienen en su mente, se siente mareada, todo es un lío, colores, aromas, instantes… y de pronto se detienen… cierra los ojos de nuevo, los aprieta para no dejar escapar una lágrima.

 

 

 

“Va caminando vestida de luto junto a su hija camino del cementerio de Alcorcón, su querido esposo los ha dejado, en silencio, sin ruido, sin dar ningún trabajo, de manera tan bondadosa, como bondadosa fue su vida”

 

 

 

Otro salto vertiginoso y otra lágrima.

 

 

 

“No, no quiere que su hija tenga que vivir en sus carnes una pérdida como la suya.”

 

“Su yerno Paco está viviendo sus últimos momentos entre la cama de un hospital y su propia cama, está enfermo, y su enfermedad está ganando la batalla.”

 

“Estamos las dos en la cocina, ella enseñándome a cocinar platos que mi padre pide por saber que le queda poco para marchar, recetas que nunca he hecho.”

 

“Más tarde se recuerda levantándome del suelo cuando comienzo a llorar por qué mi padre está de nuevo en el hospital… ¡No llores!, me dice, aún hay esperanza, aún hay vida.”

 

“De nuevo en el hospital, allí está toda la familia, su propia familia también está allí, y siente que le gustaría ser ella la que estuviese en esa cama, pero no es posible, cada persona tiene su fecha de caducidad y es algo que no se puede modificar…”

 

“Todos están acompañando a su yerno, ya son sus últimos momentos y ella no soporta ver el sufrimiento de su hija, de sus nietas y de sus bisnietos, otro dolor más para sufrir en silencio, intentando así no sumar el suyo propio a los nuestros.”

 

“Sirviendo de pilar en nuestras vidas cómo siempre. Siente que ella está acostumbrada a vivir sufriendo… y demuestra, nuevamente, que puede estar en silencio y con una sonrisa aunque su alma vuelva a estar llorando.”

 

“Ve como sus únicos descendientes lloran la mayor perdida de sus vidas, y espera que sea la última, aunque sabe que son cosas inevitables…”

 

“En silencio le dice: – ¡Hasta pronto, no creo que tarde mucho en ir a tu encuentro!, y una lágrima también silenciosa rueda por sus mejillas. Ojalá fuese yo, es el pensamiento que lanza al aire.”

 

 

 

Una vida recordada en un instante de esperanza.

 

Cada vez tiene la respiración más lenta y decidimos no esperar más para llevarla al hospital, allí nos dicen que es cosa de un día, quizás horas, su insuficiencia no tiene ya remedio, su viejo corazón está dando sus últimos latidos y comienza a funcionar cada vez más lento.

 

Nos turnamos para velar su sueño. Ella está muy nerviosa no quiere estar en la cama… se intentan levantar… Tiene su cabeza perfectamente, es consciente en todo momento de lo que está viviendo.

 

Vuelve a decirme que el hombre de la sonrisa está allí, frente a su cama y yo entiendo que su marcha está próxima.

 

Todo ese tiempo está hablando, pero no se entiende casi nada lo que dice.

 

Decide mirarme y no quedarse dormida.

 

Se quiere quitar los cables de la vía y la medicación… La miro y comienzo a hablarle, me dice que quiere agua, le acerco una botella con una pajita a los labios. Le cuesta un imperio y decido subir su cama para que pueda beber, pero en esa postura su cansado cuerpo va escurriéndose hacia abajo y está incómoda, no para de moverse… y yo no puedo incorporar mejor su agotado cuerpo.

 

Intento distraerla y le digo que pensé que no quería despertarse.

 

Me contesta que lleva ya días sin dormir. Que no quiere dejar de ver a aquel hombre… su esposo Currito… aunque dice que no se mueve de su lado.

 

Pasan ya unas horas de la media noche y le digo, – Abuela estate tranquila, en un ratito viene mi hermana. Cosa que ocurre en unos momentos.

 

Me habla y casi no la entiendo: – Hija es que no me dejan dormir, hay mucha gente aquí en la habitación y estoy intentando reconocerlos.

 

Yo le contesto que estamos solas las dos.

 

Me mira y suelta una carcajada como diciendo, ¡estás tonta!.

 

Realmente no veo a nadie y tampoco los presiento, están allí solamente para ella, y a mí no se me muestran de ninguna forma.

 

Espero que al menos la ayuden en este paso que inevitablemente está próximo.

 

Se deja caer de nuevo en la cama y yo me marcho a intentar descansar, dejándola en compañía de mi hermana.

 

Ella parece que lo está logrando.

 

Está agotada. Su cuerpo está agotado, su mente está agotada, le doy un beso y ella desaparece de nuevo en los instantes de su vida…

 

Una vida recordada en un instante de esperanza.

 

 

 

“Se da cuenta de que se ha pasado la vida coleccionando instantes, unos más felices que otros, y se da cuenta también de que podría haber sido de otro modo, menos doloroso, menos duro.”

 

“Después de todo lo vivido percibe que realmente, su vida es un instante, un instante que dura precisamente eso, un instante…”

 

“Un instante estás jugando en el patio familiar y casi en el mismo instante estás en la cama de un hospital, despidiéndote de este mundo.”

 

“Todo es un instante. Ella sabe el valor de los buenos instantes por eso ha intentado que los de los demás sean más divertidos, con unos lo ha logrado y con otros no ha encontrado la manera…”

 

 

 

Sabe que es la hora.

 

Mi hermana está a su lado, es todo silencio.

 

Su cuerpo no obedece a su mente y sus parpados pesan como plomo.

 

Siente la presencia amorosa de su nieta a su lado, pero ya no puede hablar, y solo se percibe débilmente su lenta respiración.

 

 

 

“Agarra la mano de su esposo con todas las fuerzas que le quedan.”

 

 

 

Sus ojos ahora están cerrados y tiene una mano como en posición de que alguien ha estado sujetándola fuertemente, con los dedos entrelazados. La respiración es apenas audible hasta que parece detenerse completamente.

 

Ella ya se siente tranquila y percibe la cabeza de varios seres sobre su pecho… su madre, sus hermanas, otros amigos y seres queridos y nota humedad en su camisón, lágrimas, lágrimas por toda un vida la cubren.

 

De la esquina de la habitación le llega la risa saludable de una joven mujer, una mujer que le tiende la mano… es su madre y ha venido en este momento a ayudarla a cruzar con ella y con su querido y añorado esposo.

 

Ella toma las manos de ambos y ya se siente feliz, feliz incluso por los momentos difíciles… ellos la ayudaron a conocer a las personas más importantes de su vida… una vida ya cumplida…

 

Mi hermana nota un cambio, un silencio demasiado profundo y se va dando cuenta de lo que está ocurriendo:

 

 

 

“— Abuela, ¿estás bien? ¿Abuela? ¡Abuela!”

 

 

 

Llama a la enfermera que comprueba que su cuerpo ya está vacío… mi hermana observa que una leve sonrisa queda en los labios de mi abuela…

 

– ¡No noté su partida, se fue en silencio!…

 

– No te preocupes no se ha marchado sola, pasó en su infancia demasiado tiempo sola…

 

En casa suena el teléfono, son las tres de la madrugada y al otro lado solo escucho la voz rota de mi hermana que me dice: – ¡Ya!

 

Llamo a mi madre y le digo la misma palabra.

 

Voy a buscarla, está desencajada, «es su madre, aunque sea una anciana», y nos dirigimos las dos en dirección al hospital.

 

La perdida de una madre y de una madre abuela es siempre dolorosa, aunque sea mayor y sea lo más lógico y normal del mundo.

 

Pero no se puede evitar esa sensación de vacío, de pérdida de una persona realmente especial, con una vida totalmente extraordinaria y de que el mundo vuelve a ser distinto… otra vez…

 

Y ahora, ya sabéis, arreglo de papeles, toda la parafernalia que se monta en los momentos en que menos ganas tienes de tener que decidir ciertas cosas…

 

Regresamos todas a casa de mi madre a descansar unos momentos, cada una se recuesta en una habitación y yo decido hacerlo en el sofá del salón. No hace nada de frío, es la madrugada del 21 de septiembre de 2014, horas después del décimo cumpleaños de mi hijo David.

 

Cierro los ojos intentando descansar un rato antes de acompañar a lo que ha sido el templo de mi abuela ya vacío de su esencia, pero escucho a mi lado, como alguien se sienta en el sillón.

 

Es el sillón que siempre usa mi abuela.

 

Abro los ojos pensando que es mi madre o mi hermana que no pueden dormir y compruebo, a pesar de la poca luz que todavía hay en la habitación, que aparentemente está vacío.

 

Entonces me doy cuenta de que “Chispa” la Yorkshire de mi madre, está sentadita mirando en dirección al sillón, cuando lo que hace normalmente a esa hora es estar profundamente dormida a los pies de mi madre…

 

¡Pues no!, allí estaba ella mirando hacia el sillón, como siempre hace cuando está mi abuela sentada en él… no podía ser de otra forma, ¿a dónde iba a ir? …

 

A pesar de que ya habían venido a buscarla para acompañarla, ella regresa al que ha sido su hogar durante 43 años…

 

Imaginando lo que sucede, le hablo, y le digo que debe continuar su camino, que ya no puede quedarse ahí sentada.

 

Le digo que acompañe a los que han venido a ayudarla, pero ella parece no querer marcharse.

 

Lo entiendo, allí quedamos sus tres chicas y le cuesta trabajo soltarse de nosotras, además supongo que viene a mí porque yo puedo escuchar sus movimientos y percibir su presencia.

 

Ellos se muestran donde saben que pueden ser notados.

 

Le digo en alto una oración, la oración que en los últimos días me había pedido y llamo a mi madre y a mi hermana para ir a la última despedida…

 

Allí está toda la familia que ha venido también a darle el último adiós, la mayor parte de sus sobrinos de Madrid y bastantes de Andalucía.

 

Todos ellos me cuentan anécdotas, cosas vividas con ella y con mi madre. Mi madre a pesar de ser hija única ha tenido muchos hermanos en sus primos.

 

Una de sus hermanas, muy triste, pero resignada ante la perdida… ¡Son muchos años, una larga vida, y ella es su hermana pequeña Elisa!…, también me cuenta cosas, aunque esas cosas ya me las ha contado en muchas ocasiones…

 

Es una forma de recordarla en este día de despedidas.

 

Salgo a la puerta del tanatorio, mi marido ha venido con mis hijos y mi sobrino.

 

No quiero que la vean así, prefiero que en sus mentes infantiles quede el recuerdo de la bisa riéndose de sus ocurrencias.

 

Pero es inevitable tener que darles la noticia, otra pérdida muy dolorosa para ellos en su corta edad.

 

Es, como siempre, el pequeño él que comienza a llorar intensamente, ya no va a volver a ver a su abuelita querida, esa que le ha hecho reír durante todos los años que han compartido…

 

Mis otros chicos también lloran menos intensamente, contagiados por David.

 

Es bueno llorar, no hay que dejar que las lágrimas se acumulen en el interior…

 

¡David! Cuántas veces la has llorado, siempre estabas abrazado a su cuello. Besándola. Abrazándola… Poniendo rulos en sus cabellos grises…

 

A la hora de ir a dormir, bastantes noches desde esa misma noche percibo la presencia de mi abuela a mi lado, en un costado de mi cama…

 

Son varios los días que acude aproximadamente a la misma hora a mi presencia.

 

Durante todas esas noches converso con ella, le hablo con cariño, le digo su situación, por si está perdida y no sabe qué está ocurriendo.

 

Sé que viene a mí porque yo noto que está allí, así que continúo día a día hablando con ella.

 

Le digo que tiene que seguir su camino, que busque a su alrededor a los seres de luz que vinieron a buscarla en sus últimos momentos, pero entiendo que hay algo que quiere cerrar.

 

Así que decido buscar causas… le pido perdón por todas las malas contestaciones de niña, ella era una mujer de carácter y yo una niña de carácter… ¡Inevitable choque de trenes!

 

Le explico que todo es un proceso de aprendizaje, de aprendizaje para las dos.

 

Percibo su perdón y ahora me siento orgullosa de haber heredado alguno de sus rasgos físicos y muchos de sus rasgos de personalidad.

 

Pero hay algo más, así que igualmente le digo que si siente que hizo algo mal, ya está todo perdonado también, que esté tranquila.

 

Todo forma parte de la vida, las buenas o malas actitudes, los diferentes comportamientos normalmente tienen detrás una buena razón, diferentes experiencias y situaciones.

 

A diario durante casi diez días regresa a mi lado, en el mismo costado de mi cama. Converso un rato con ella y voy notando que su presencia cada día es más fluida, hasta que se va diluyendo lentamente…

 

… Y una de las noches ya no la siento… por fin pudo seguir su camino.

 

 

 

Aunque de vez en cuando viene a hacerme una visita…

 

 

 

Cine Velasco | Astorga

 

 

 

¡Te quiero!

 

¡Namasté!

 

 

 

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