Un seis de marzo de hace treinta y dos años

Escrito por Marié

6 de marzo de 2022

Felices días compartidos

 

Nuestro primer beso fue un seis de marzo en un bar, tomando cerveza y estudiando inglés, recuerdo una mesa, un futbolín o un billar, yo repasando y tú, escuchándome. Un seis de marzo de hace treinta y dos años.

Y como no hablar sobre el sentimiento más importante, más excelso y maravilloso, el amor.

El amor es energía, es una fuente inagotable de energía, y no se trata de estar enamorada de alguien, se trata quizás de aceptarte y estar enamorada de ti, estar bien contigo misma. No se trata de proyectar necesidades, sino en aceptarte de la manera más hermosa, que es amándote.

Amándote aprendes a amar, y enseñas a amar.

El amor es quizás el sentimiento más dulce que podemos disfrutar en nuestra vida. Es ese estado en el que queramos o no, nuestra realidad cambia, nuestra felicidad aumenta, y vemos la vida con otra intensidad, con otro color.

Y para no olvidar mis dedicaciones, permaneciendo en un estado de amor, podemos llegar a conseguir el tesoro escondido al miedo, que es la propia sanación.

Cuando me enamoré, que fue paso a paso, conociendo a la persona más buena, noble y desinteresada que había pasado por mi vida; me di cuenta de que seguiría enamorada a lo largo del tiempo. Porque estos valores no se encuentran en cualquier persona y hoy doy fe de que siguen enamorándome cada día.

Como digo y pese a la corta edad que teníamos, era un chico muy maduro, yo no. Yo era más inmadura, traviesa… más loca e irresponsable.

Pero por muy diferentes que fuésemos y que seguimos siendo, nuestro amor vibraba y sigue vibrando en la misma frecuencia, por eso aquí continuamos escuchando la misma balada.

Seguimos aquí porque no buscábamos un estándar, ni idealizábamos al otro, tampoco buscábamos la perfección, ni teníamos las mismas pretensiones.

Ni siquiera buscábamos el amor, el amor estaba en el aire, como lo está siempre, para quien sepa percibirlo, no se encuentra oculto a nadie que realmente quiera verlo; el amor nos encontró. Su frecuencia se movía a la par que la nuestra y las ondas energéticas que flotaban en el universo se agitaron en nuestra dirección, alcanzándonos.

No lo buscábamos, nuestras almas lo sintieron y nos empujaron hacia esa energía pura.

Estos sentimientos provocaron en mi interior, orgullo, placer y sentimiento de pertenencia. Y con pertenencia no me refiero a propiedad, ni me pertenece ni le pertenezco, nos conocimos libres y nos enamoramos libremente.

Respetamos siempre el derecho a nuestro espacio personal y lo seguimos manteniendo. Pero si es necesario, también sabemos pedir que el otro no interfiera cuando por cualquier causa, miedo, tristeza, se olvida ese derecho.

Nuestro mutuo amor nos enseñó que su presencia podría hacernos vulnerables, pero también invencibles. Que en nuestra vida, debido a nuestras formas diferentes de ser, nada iba a ser imparcial, pero también que tendríamos dos enfoques diferentes para resolver cualquier problema. Que nos encontraríamos habitualmente con contradicciones, pero que con su ayuda podríamos superarlas y encontrar el equilibrio.

Aprendimos a no tener miedo de nuestro amor, a saber que teníamos que trabajar sin descanso por él, como por cualquier otra cosa preciada y no nos daba miedo de sufrir tampoco por él.

Y hoy, mi amor continúa igual, y cuando le observo, me asombra que continúe haciéndome reír. También me asombra que cuando oigo su voz, todavía se muevan en mi interior esas mariposas de mi adolescencia. Esas que también se activan cuando me encuentro con sus ojos.

Puedo decir que nos seguimos divirtiendo diariamente, no quiere decir que no hayamos tenido desencuentros, pero él siempre halla la manera de encontrar el humor incluso en los peores momentos.

Yo creo que todo esto es lo que mantiene viva la llama a pesar de los años.

Por todas las experiencias compartidas, por todo lo que me ha mostrado, siempre he sentido una profunda admiración por él.

Así que, doy gracias a la vida por todos los años transcurridos en su compañía. Gracias Edu, por hacer que mi admiración no haya desaparecido con el tiempo, sino que haya ido en aumento a lo largo de los años.

He vivido admirando a mi mejor amigo, a mi compañero y amante, y siento esta íntima y personal emoción como una gran bendición en mi vida. Me siento afortunada por este sentir y al percibir que es mutuo.

Elige como pareja a alguien mejor que tú. Decía el filósofo Platón: no necesitas a alguien que te quiera tal y como eres, necesitas a alguien que te ayude a crecer día a día.

Aunque esta frase no define completamente lo que siento, creo que nadie es mejor que nadie de manera global, pero si en algún aspecto. De manera que cada aspecto de uno o de otro tiene las cualidades que al otro le faltan.

He gozado de sus fortalezas para ampararme en mi sendero y he brindado las mías para protegerle en el suyo. Creo que ha servido para madurar como pareja y conservar en todo momento una relación fuerte y estable.

Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida. -Neruda-

 

Me rendí,

pero no me rendí como si algo perdiese,

rendí mi incertidumbre, mi vulnerabilidad,

mi inestabilidad, mi vida,

frente a la gan victoria

que me ofreció tu amor.

Ofrecí mi rendición al abrazo que,

desde ese seis de marzo,

me sostiene con pureza.

Me rendí, rendí mi fortaleza,

rendí mi presunción.

 

Con tus francas miradas,

derribaste mis barreras,

pensaba que era fuerte,

me subi a este viaje

mas alla de la muerte,

y te rendí mi ardiente corazón.

 

Esta rendición fue victoria,

una victoria de los dos,

y al entregar mi desnudez,

sin premeditación,

sentí la entrega

vulnerable,

pero con plena conciencia,

y tu profunda caricia alejó mi miedos,

y siguiendo tu deseo

aumente mi valor.

 

Me entregué

al misterio de amarte en este viaje,

con la seguridad que posee

quien conoce,

que tiene todo por ganar,

sin prisa, pero sin parar,

entrelazando en nuestras almas

todos los engranajes.

 

Mi corazon se rindió

una y mil veces,

gritando cada vez mas fuerte,

que eras mi verdad,

y yo solté la mano de mi ego

que mil veces

me hizo equivocar,

y tu, poco a poco,

me hiciste conocerte

y tu proposito

fue siempre estar presente,

e impulsarme a volar.

 

Me mostraste tu meta,

que es hacerlo todo juntos

y ese es tu poder,

me revelaste que eres el indicado,

a bordo de tu barco

Y desde que zarpé,

me ayudas cada mañana,

cada dia, cada tarde

y cada anochecer.

 

Treinta y dos años

compartiendo lecciones,

dulces amaneceres,

tormentas, ilusiones,

atesorando la profunda sensación

que produce sentirte así de amada,

eres mi medicina,

eres mi sanación.

 

Cada dia me rindo

a los impulsos sin miedo,

me entrego con valor,

con el convencimiento profundo

de que eres mi refugio,

de que suelto el control,

que tu pecho

es el hogar de mis caricias

convencida de mi gloriosa rendición,

me siento para ti maravillosa,

y que ya no somos dos.

 

Porque me hiciste mujer,

me hiciste madre,

hicimos un nosotros,

y los deseos de seguir este camino,

nos hace descubrir,

que con ternura, el camino es eterno,

cuando acaricias mi cintura

yo desenredo con mis dedos tus enojos

y tu me haces reir.

 

Tus deseos infinitos

de amarme,

y mi cuerpo volver a acariciar,

de sanar

lo oscuro de estas almas eternas,

los impulsos

de ser niño en nuestras risas

y adulto entre mis piernas,

despiertan mi deseo,

de cada dia volver a comenzar.

 

Sigues haciendo

florecer mis atardeceres,

enciendes mis pasiones,

inspiras palabras

de dulzura y de ternura,

y consigues,

ganar la gran victoria

de nuestros corazones.

 

LLegando estamos

a la parte mas tranquila

de este dulce viaje,

y hemos ido añadiendo tesoros

a nuestro equipaje,

catapultando el amor,

caminando a tu lado

me siento diosa,

mujer y siempre amante,

subiendo a cotas altas y deseos

de dar siempre lo mejor.

 

– Marié –

 

 

¡Edu!

¡Contigo a a mi lado me siento capaz de llegar a optimizar mi máximo potencial humano!

¡Nadie me mira como tú!

 

¡Namasté!

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