Soy la diferente

Escrito por Marié

4 de septiembre de 2023

¿Realmente soy la diferente?

Pues no lo sé, solo sé que soy diferente de la mayoría de personas con las que hablo, con las que me relaciono, con las que comparto algo.

Solamente me identifico con un porcentaje muy bajo de personas, con ellas me siento realmente comprendida, respetada y en similitud de condiciones.

Y no solo como persona, sino además como mujer.

No me siento como otras mujeres, ¡no! Realmente no soy como otras mujeres.

Si lo piensas, nadie es igual que nadie, pero en mi caso la diferencia es excesivamente alta.

He sido fumadora durante mi juventud, comencé a fumar demasiado joven, concretamente con 13 años.i

Mi padre me invitó a dejar de fumar mientras mi adicción fuese controlable para que me costase menos, pero comprendía que no lo hiciese teniéndole a él como ejemplo fumador.

He pasado los años de mi infancia entre fumadores, tabaco negro mi padre y mi abuelo materno, recuerdo sus celtas cortos, y puros mi abuelo paterno.

Después pasé unos 10 años fumando, no mucho, pero lo suficiente como para sentirme fumadora.

Y pasados muchos más años de los que pasé fumando, todavía me gusta el aroma del tabaco.

No lo he aborrecido, me sigue gustando y ahí reside siempre el peligro… nunca estoy a salvo… pero también está la superación… no volveré a fumar.

Me encanta el aroma a tabaco y la mezcla de ese aroma con el de un buen café, también la mezcla que resulta con un buen incienso o con el aroma a madera, o con flores sin cortar.

Soy de las mujeres que cuando me cruzo con alguien en cualquier lugar, le bendigo y le deseo un buen día, y mi deseo es de corazón, ¿realmente soy tan diferente de los demás?

Yo creo que es lo normal que se debería sentir cuando te cruzas con alguien. Ese alguien siempre es la persona más querida de otra persona, por lo tanto, muy importante, igual que mis seres queridos lo son para mí.

No sé de qué tiempo soy, no sé si soy de ahora o de un tiempo antiguo, porque me siento viva cuando escucho sonidos de tambores antiguos, cuando se mezclan con cantos, también antiguos, con ellos.

O cuando puedo disfrutar de aroma a hierba, a hierbas, hierbas en el monte, hierbas en mis infusiones y en mis botes de miel.

También en mis recetas de cocina y en mis macetas.

Me gusta el aroma a hierbas también en los parques y en los jardines de mi ciudad.

¿No soy como otras personas? Supongo que alguna habrá parecida a mí, y aquí os hago un llamamiento. A todos los que os sentís tierra, a los que os sentís naturaleza, a los que disfrutáis de lo natural y no necesitáis nada más.

Muchos me llamáis rara, ¿Realmente lo soy? Nunca lo sabré, solo sé que soy yo.

Y si realmente soy rara, me encanta lo raro.

Quiero aceptarme, para mejorar, para seguir creciendo.

¿Tú no sientes igual? También te sientes raro, o rara, ¿sientes que eres demasiado diferente de casi todo el mundo?

Entonces también podrás sentir como la energía nos rodea, la energía que todo lo envuelve, la energía de la que todo está compuesto y que es generada por todo.

Esa energía universal, que fluye de ahí mismo, de nuestro universo.

Esa es la energía mágica que envuelve cada vida.

¿Estoy loca? ¿Quizás esté loca? O quizás no…

Hay quien se rie de quien abraza a los árboles, a quien le parece mal y quien piensa que les hacemos daño.

También se burlan de quien abraza grandes rocas.

Yo las abrazo y siento como mi cuerpo se funde en ellas, siento que formo parte de la tierra y cada sonido se detiene, me fundo hasta dejar de sentir mi cuerpo y paso a ser piedra, o madera o tierra, me transformo en ellas.

Pero me tomo el tiempo de sentirlo, me tomo el tiempo de ver su energía, de compartir su energía y de pagar con la mía propia.

Y así hacer un intercambio proporcional, ¿loca? Quien lo puede decir… nadie lo puede valorar.

Pido diariamente bendiciones a la tierra, le rezo a la bóveda celeste, pero a esa que se puede ver, que se puede oler, un cielo real y perfectamente natural.

Envió mis plegarias a las cumbres escarpadas que veo en mi camino, a esos picos que rompen el firmamento.

Esos picos que sobrecogen mi corazón, esos picos que nacieron en las profundidades cristalinas de mi tierra, y ahora viven en las alturas, observando el paso del tiempo, impasibles, aparentemente imperturbables, pero vivas.

Siempre vivas.

A la espera de demostrarnos que son poderosas, mucho más poderosas que yo, y que tú, y que de un momento a otro nos lo pueden revelar.

Y no me da miedo, no tengo miedo, no temo morir, ni perder lo que no tengo, porque nada fue mío nunca, ni tuyo.

Si no lo crees te engañas.

Y es una pena.

Vivimos una mentira descomunal. Realmente soy diferente, si.

Soy muy complicada, pero muy sencilla a la vez, más sencilla de lo que parece, porque acepto lo que soy, una pequeña mota de polvo insignificante y un ser único en el mundo, irrepetible y grandioso.

Le hablo a casi todo.

No puedo estar en silencio, pero necesito estar en silencio muchas veces, y lo estoy.

Soy ambas cosas, silencio y conversación constante.

Le hablo a mi perra, y ella me entiende, reacciona a mí, a mis palabras y también a lo que no digo. De esa manera estamos conectadas.

También le hablo a las plantas, a las flores e igualmente reaccionan, y se ponen bonitas para mí, y siento su amor.

Igualmente genera amor en mí, y el círculo se completa, y es eterno.

Todo es eterno y efímero a la vez, es complicado, pero también sencillo… ¿Me entiendes? ¿Realmente soy rara?

Realmente sí, no soy como otros. Pero pueden ser los demás los raros, aunque sean más…

Prefiero y decido ser como soy, y no soy la misma de ayer, y a la vez sí, todas las demás están dentro de mí, pero han evolucionado, aunque permanezcan dormidas en alguna zona profunda y casi olvidada.

Yo creo que mi parte animal está muy despierta, mi parte salvaje y sincera, mi parte auténtica, aunque dé un poco de respeto.

Por eso los animales me miran, me reconocen, se sienten identificados.

Quizás por eso las mariposas no me temen, y posan sus patitas en mis dedos, por todo ello confían y mantienen sus alas plegadas cuando descansan en mis manos.

Saben que no las voy a herir.

Hubo momentos en los que herí porque estaba herida, pero fue en una época anterior, en una vida que parece otra vida…

Hoy no heriría a nadie voluntariamente, no me gustaría nada que hiriesen a ningún ser querido, y solo por eso no lo hago.

Sé que si le hiciese daño a alguien, me sería devuelto en quien amo, como a cualquier ser en esta vida.

Porque creo que nos hacemos fuertes, somos invencibles, lo somos en nuestra propia experiencia, pero no en las experiencias de quien queremos, en esas somos vulnerables.

Ese es nuestro talón de Aquiles, nuestros seres queridos.

Al menos para mí.

Por eso, por mi forma de amar a quien amo, no quiero hacer daño a nadie. Ellos también aman y son vulnerables en las personas que aman.

¿Creo que no soy tan rara? Solamente me hago demasiadas preguntas e intento contestarlas, aunque las respuestas sean cambiantes e inciertas.

Algunas veces acierto y otras no.

Pero el resultado es siempre para mí.

Y si te sientes identificada o identificada, es que somos más de lo que yo pensaba.

Si quieres podemos hablar, me gusta hablar.

O podemos quedar para contemplar la vida en silencio, lo que necesites, lo que necesite.

Recapacitando en todo lo que he escrito, veo que hablo muchos lenguajes, lenguajes que realmente no existen para ninguna otra persona.

Porque son idiomas entre yo y otro ser, nada más.

Son idiomas únicos. Algunas veces hablamos sin palabras.

Con mariposas, con otros insectos, con aves y con sus plumas, ¿o será con las plumas de los ángeles?, llámalos sherpas, o como prefieras.

Realmente son lenguajes sin palabras, son sentimientos, son emociones.

Y en los silencios, hablan mis caderas, hablan de dolor, mucho dolor, muchas cicatrices entre ellas, debajo y encima.

Pero también hablan de placer, sin límites, sin márgenes, sin confines… eterno.

Danza eterna.

La danza de mi fuego, mi candela interna, la que habla ese lenguaje que solo entiende quién ve mi fuego, quien aguanta mi fuego, quien siente mi fuego y se quema conmigo… y renace conmigo y siente conmigo y llora conmigo… Y fluye conmigo…

La danza del aire, ese aire en el que floto, el que aviva mi fuego, el que extiende mi fuego, el que muestra mis llamas y las lleva hasta el cielo.

El aire que arranca el agua de ese cielo, el agua que refresca mi fuego, que moja mi tierra, que riega mis plantas, y mis emociones, esa agua de vida, agua fresca.

Agua de vida.

Agua que forma mis lágrimas, el llanto que fluye, como las gotas de ese cielo…

Gracias desde aquí a mi tierra, a mi aire, a mi fuego y a mi agua, a los elementos que me hacen y al espíritu que los une a mí, exactamente igual que a ti.

Gracias por ser como yo, y a la vez tan diferente.

Mi eterna gratitud a mis candelas eternas.

Me gusta ser diferente, no quiero ser como nadie más, y le doy la bienvenida a mi mujer complicada, a mi mujer distinta, a mi mujer que sana y que se sana sanando.

Nunca más me voy a defender, no quiero.

Solamente quiero escuchar, es más sencillo, y siempre digo que no deseo convencer, pero si vivir en paz.

Déjame vivir, déjame en mi silencio y mi tranquilidad.

Gracias.

Gracias por tu opinión, por tu comprensión.

Yo no necesito nada para ser feliz.

Mi silencio me serena, y mi risa hace brotar la luz de mi corazón.

El noble silencio se apodera de mí de nuevo y le permito que se instale, pero sé que siempre me permitirá usar a mi antojo el arte de hablar.

No puedo cambiar algunas cosas, sobre todo lo que no tiene en sí mismo la capacidad de cambio.

Respeto los ritmos y los ritos internos.

Me convierto de nuevo en mí, y me acepto, acepto la rareza en mí y mi bendita locura.

 

¡Respeto tu bendita locura, tambien! No somos tan diferentes.

 

¡Namasté!

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