Perdonar para vivir

Escrito por Marié

4 de abril de 2022

¿Qué es el perdón?

¿Qué se debe o se puede perdonar?, ¿Existe lo imperdonable?, ¿Es lo mismo perdonar que disculpar?… Hay que perdonar para vivir.

El perdón es un concepto escurridizo y confuso que comprende factores mentales, emocionales, de conducta y de relación.

La palabra perdonar viene del latín perdonare y significa dar completamente, olvidar una falta, librar de una deuda. Sus componentes léxicos son: el prefijo per- (completamente, total) y -donare (regalar).

De manera que los orígenes lingüísticos del perdón connotan dejar ir y dar un regalo a otra persona.

Perdonar significa abandonar el derecho a pagar al autor con la misma moneda, y esta pérdida es una liberación para el que otorga el perdón (Tutu, D. 1999), ya que el perdón no restaura, pero sin él no hay restauración personal posible.

A nivel psicológico tan importante es enfadarse, como perdonar, ambos influyen en nuestro bienestar.

El perdón es un regalo silencioso que dejas en el umbral de la puerta de aquellos que te han hecho daño. – Robert Enright. (Psicologo).

El perdón es un acto privado, individual, que se da sólo entre el ofendido y el ofensor, por esto, el perdón no está cobijado bajo el deber o la justicia, sino que está enmarcado como un don, como una donación de algo que se puede dar y se puede pedir, pero siempre a cambio de nada, sin ninguna compensación. Solo se puede perdonar lo imperdonable  – Joan Carles Mèlich. (Filósofo y educador)

Perdonar es dejar ir el afecto negativo, como las cogniciones y el comportamiento. – Rye y Pargament. (Psicología del perdón).

El perdón es el abandono voluntario del resentimiento ante la considerable injusticia que otro u otros nos han hecho. – Baskin y Enright. (American Psychological Association).

Solamente aquellos espíritus verdaderamente valerosos saben la manera de perdonar. Un ser vil no perdona nunca porque no está en su naturaleza. – Laurence Sterne. (Escritor, 1713).

El débil no puede perdonar. El perdón es un atributo de los fuertes… ya que requiere dejar de lado prejucios y un orgullo insano. – Mahatma Gandhi. (nominado cinco veces al Premio Nobel de la Paz).

Pedir disculpas no siempre significa que estás equivocado Solo significa que valoras tu relación más que tu ego. – Mark Matthews.

Una vida vivida sin perdón es una prisión. – William Arthur Ward (Escritor).

Aprender a perdonar puede ser el más difícil de los actos humanos, y lo más parecido a la divinidad. -Justin Cronin. (Novelista).

Perdonar es fomentar hermosas cualidades como la compasión, la generosidad o el amor hacia la persona o personas que nos han hecho daño.

Entenderlo todo es tal vez perdonarlo todo, pero a veces tenemos que perdonar sin entender.

– Sangharákshita. (Fundador de la Comunidad Budista Triratna).

El perdón es un don altruista. – Worthington. (Ingeniero nuclear y psicólogo). (20 libros y 200 artículos escritos sobre el perdón y la reconciliación entre parejas y familias. El último trata sobre la relación del perdón y la salud).

Perdonar es tener empatía hacia el ofensor. – Macaskill. (Psicología clínica).

El perdón es adquirir la tranquilidad del alma. – Walter Riso. (Terapia cognitiva y bioética).

Pedir disculpas es el reflejo de una gran personalidad. Admitir un error no es una debilidad; por el contrario, muestra una apertura de tu corazón. Solo un individuo fuerte y equilibrado con claridad de mente puede hacerlo sin esfuerzo. Asumir la responsabilidad de tus acciones requiere y desarrolla tu autocontrol. Te conviertes en tu propia persona. – Vishwas Chavan. (Psicologo)

Perdón decisional: Este tipo de perdón es racional y no requiere de la comprensión, simplemente se decide perdonar; es decir, es una declaración de intenciones que buscan una liberación del transgresor de la deuda. Sin embargo, este tipo de perdón no conlleva el alivio del dolor, ya que se puede continuar estando emocionalmente molesto y, cognitivamente, seguir rumiando la rabia, el enojo, el odio u orientarse hacia la venganza o la evasión de la persona que nos ofendió o dañó. A pesar de esto, en algunos casos, el perdón decisional podría desencadenar el perdón emocional.

 

Perdón emocional: Este tipo de perdón está arraigado a las emociones y afecta las motivaciones, es decir que implica cambiar las emociones que sentimos hacia una persona y comprender las motivaciones del otro. Este es el perdón que sana. Sin embargo, creer que debemos perdonar no facilita el perdón, ya que, en eventos traumáticos, es difícil otorgar perdón y no siempre se gana por completo.

– Everett L. Worthington. (Psicólogo).

Tener resentimiento y no perdonar tiene graves repercusiones en la salud, puesto que eleva el riesgo de infarto y debilita el sistema inmunitario. El rencor eleva los niveles de cortisol, lo que provoca que los tejidos neuronales reduzcan su grosor un 25% y, por ende, se encoja el cerebro. También afecta las funciones digestivas, sexuales y respiratorias, e influye en todos nuestros órganos y afecta nuestra salud mental (depresión, ansiedad y rabia). De hecho, se ha encontrado que, estadísticamente, las personas con resentimiento mueren mucho antes. – Everett L. Worthington (Psicólogo clínico).

“El necio ni perdona ni olvida, el insensato perdona y olvida, mientras que el sabio perdona, pero no olvida.”

 “Quien ni perdona ni olvida vive recordando continuamente el hecho ofensivo y sigue alimentando el deseo de venganza y el resentimiento, por lo que no consigue desprenderse del malestar emocional; el que perdona y olvida se libera de la emoción negativa, pero, al olvidar, puede ser víctima de una situación similar; quien perdona, pero no olvida suelta el enfado y el resentimiento, mientras que, el recuerdo le permite identificar una ocasión parecida peligrosa y actuar adecuadamente.” (Profesor de Psicología).

Las explicaciones no están destinadas a cambiar el pasado, están destinadas a cambiar el futuro. – Kevin Hancock. (Escritor y empresario) (Ganador del premio Espíritu de la humanidad)

– Fuentes: Capponi, R. Cann, A. & Baucom, T. R. Bono, G., McCullough, M. E. & Root, L. M. Allemand, M., Amberg, I., Zimprich, D. & Fincham, F. D. Objetivobienestar. Menteabierta. Biografiasyvidas.

– Fuente de la foto de entrada: saludmental.

El odio nunca se extingue por el odio en este mundo; solamente se apaga a través del amor.
Tal es la antigua ley eterna. – El Buda –

 

Todo se puede recomponer

 

Fuimos creados fuertes, capaces de sobrevivir a circunstancias extremas, pero también muy frágiles, cualquier cosa puede acabar con nuestra vida. No nos hicieron a prueba de golpes. Es imposible que permanezcamos intactos ante nada. Todos, absolutamente todos, llevamos señaladas en nuestra piel y nuestra alma, las marcas que dejaron nuestras heridas. Pero debemos seguir, y perdonar para vivir.

Hay que aprender a perdonar, y es una asignatura que habitualmente queda pendiente, hay que aprobarla urgentemente porque esta vida es única. El paso por ella es tan efímero que no merece que lo envenenemos con emociones feas.

La negación del perdón aniquila la paz mental, intoxica las relaciones y envenena el cuerpo. El perdón es el antídoto del dolor y si le negamos el efecto es como dejarnos morir.

Sea cual sea el sentimiento, traición, abandono, olvido, si quieres tranquilidad y bienestar, es necesario el perdón. Si no lo hacemos daremos la bienvenida a la amargura y el resentimiento, y después a la culpa.

Todas estas emociones oscuras, si no las soltamos, crecerán al seguir siendo alimentadas. Sentir rabia, odio, vergüenza, resentimiento, agresividad, culpabilidad, desprecio, hacia uno mismo o hacia otros, liberan en nuestras células sustancias químicas igual de oscuras que ellas.

Es como ceder terreno al enemigo para que acampe en nuestro interior. Respiración y corazón acelerados, músculos y órganos contraídos.

Si no se soluciona, aparecerán ansiedad, depresión, insatisfacción, adicciones  que terminarán enraizando… como consecuencia, presión sanguínea alta, deficiente salud cardiovascular, colesterol, capacidades cognitivas mermadas.

Y a nivel mental: falta de atención, razonamiento, creatividad, memoria, productividad, voluntad y descanso desequilibrados.

Al no perdonar, no soltamos a quien nos ofendió, vive en nuestro interior, y al ofrecer el perdón somos salvados de nosotros mismos.

¿Por qué somos tan duros?

Ningún aviso es suficiente, nada nos disuade de albergar rencor. Sabemos las consecuencias, como si estuviesen escritas, pero no les prestamos atención, igual que un fumador al leer las advertencias de las cajetillas.

Quizás nos confunde el concepto, o la búsqueda de una seguridad ilusoria. Pensar que nos gustaría que las personas fuesen más predecibles, o una necesidad instintiva de juzgar y sentenciar.

Perdonar es renunciar al papel de víctima, dejar de autoflagelarnos con esa lluvia constante de sentimientos feos que, al fin y al cabo, no van a cambiar lo sucedido. Es persistir en la renuncia a dar la libertad al ofensor. Y si la relación es buena, también renunciar a su compañía. El tiempo pasa deprisa y nos perdemos muchas cosas.

Sin embargo, guardar rencor no lo castiga, ni restaura nada, solo nos afecta a nosotros, tanto física como psicológicamente.

Las experiencias compartidas son para nosotros, para todos los implicados, y encierran un aprendizaje valioso. No hay que desecharlo, sino integrarlo como recurso de poder. 

Una vez aceptado, dar valor a la gravedad, si es que la hay. Y si consideramos que sí, podemos romper el vínculo y distanciarnos o valorar la relación, pero no dejarlo aplazado de manera inmadura.

Lo que nos suministramos cuando perdonamos, continúe o no la relación, es poder fluir en paz, sin aguas estancadas donde se pueda hundir nuestra felicidad.

Y con respecto a perdonar o no, es una necesidad de seguridad y justicia la mayoría de veces caprichosas e irracionales que nos golpean continuamente contra la realidad, que puede ser nuestra realidad o no.

Tener ciertas expectativas sobre como se deben comportar con nosotros, nos atrapa en un círculo vicioso en el que no veremos la luz.

El perdón debe ser siempre proactivo, ya que el beneficio es en primera persona.

Si decides no perdonar, tampoco te ofrecerás perdón a ti.

Aparecerá la auto desaprobación y una sensación de abandono.

Perdonar es una práctica que tenemos que incorporar a nuestras vidas de manera urgente.

Reflexión para aplicar a diario

Erase una vez, dos monjes zen que caminaban por el bosque de regreso a su monasterio.

 

En su camino debían cruzar un río. En él se encontraron llorando a una mujer muy joven y hermosa, que también quería cruzar, pero tenía miedo.

 

– ¿Que sucede? – le preguntó el monje más anciano.

 

– Señor, mi madre se muere. Está sola en su casa, al otro lado del río y no puedo cruzar. Lo he intentado – siguió la mujer – pero me arrastra la corriente y nunca podré llegar al otro lado sin ayuda. Ya pensaba que no volvería a verla con vida, pero habéis aparecido vosotros y podéis ayudarme a cruzar…

 

– Ojalá pudiéramos ayudarte – se lamento el más joven. Pero el único modo posible sería llevarte sobre nuestros hombros a través del río y nuestros votos de castidad nos prohíben todo contacto con el sexo opuesto. Lo lamento, créeme.

 

– Yo también lo siento – dijo la mujer llorando desconsolada.

 

El monje más viejo se puso de rodillas, y dijo a la mujer: – Sube.

 

La mujer no podía creerlo, pero inmediatamente cogió su hatillo de ropa y montó sobre los hombros del monje.

 

Monje y mujer cruzaron el río con bastante dificultad, seguidos por el monje joven. Al llegar a la otra orilla, la mujer descendió y se acercó con la intención de besar las manos del anciano monje en señal de agradecimiento.

 

– Está bien, está bien – dijo el anciano retirando las manos. Por favor, sigue tu camino.

 

La mujer se inclinó con humildad y gratitud, tomo sus ropas y se apresuró por el camino del pueblo. Los monjes, sin decir palabra, continuaron su marcha al monasterio… aún tenían por delante diez horas de camino.

 

El monje joven estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro.

 

Un monje zen no debía tocar a una mujer y el anciano no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.

 

Al llegar al monasterio, mientras entraban, el monje joven se giró hacia el anciano y le dijo:

 

– Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de lo sucedido. Está prohibido.

 

– ¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? – dijo el anciano.

 

– ¿Ya te has olvidado? Llevaste a esa hermosa mujer sobre tus hombros – dijo aún más enojado.

 

El viejo monje se rió y luego le respondió:

 

– Es cierto, la llevé. Pero la dejé de nuevo en la otra orilla del río, muchas leguas atrás. Pero, ¿qué te pasa a ti que todavía la cargas sobre tus hombros?

 

– Jorge Bucay (Psicologo Gestalt)

Y tú… ¿Qué sigues cargando?

 

A veces cargamos con el pasado, la culpa, el resentimiento, la falta de perdón, etc.

 

Se hace difícil caminar por la vida de esta manera, nuestra energía queda bloqueada, aferrada a nuestra memoria del pasado, como un imán.

Perdonar es un proceso que nos permite aprender a soltar, dejar ir.

 

Visualización y meditación del perdón

 

Vamos a utilizar una visualización con meditación para ayudar a nuestro perdón:

 

Sientate comodamente, o recuestate. Relaja tu cuerpo, en especial tu columna, mientras haces tres respiraciones lentas y profundas.

 

Cierra los ojos y visualiza en tu mente el movimiento de las olas de tu playa favorita.

 

Contempla la arena suave.Visualiza como caminas por esa hermosa playa, sin calzado por la orilla, mientras sientes la caricia del agua en tus pies. Siente como tus pies tocan la arena seca y la arena recien humedecida por las olas, y como la espuma blanca cubre la orilla.

 

Observa el brillo que provocan los rayos del sol al bañar el agua. Mira esos pequeños diamantes que brillan en el mar.

 

Respira suavemente el aire fresco que te acaricia como una ligera brisa, y escucha sus susurros.

 

Escucha los mensajes de la brisa y de las olas, y recreate en esta profunda sensación.

 

Comienza a sentir como la belleza que te rodea te conecta con tu belleza interior, con tus propias cualidades y bellas virtudes, con tu sol interno.

 

Siente a la madre y absorve su fuerza. Percibe que tu ser es como el mar y la tierra, unas veces fuerte y determinado y otras veces tranquilo, quieto y sosegado.

 

Tambien eres similar en tu mente, unas veces viajas a ocultas profundidades y otras cada uno de tus pensamientos viaja hacia la belleza que les ofece la tranquilidad.

 

El sol brilla sobre el agua, y te recuerda tu luz interna y divina. Esa luz íntima te saluda y la sientes profundamente en tí, provocando un gozo silencioso y una paz ilimitada. Sientes un poder radiante y una energía pura y bella que te llena de amor.

 

Tu corazón se expande y abre como una hermosa flor, absorviendo toda esa belleza, amor y paz, atesorándolos profundamente en su interior.

 

Sientes tu alma ligera y descansada, libre de las cargas y el peso de los resentimientos profundos.

 

Ellos se van disolviendo de manera natural y sencilla. Y desaparecen de tu interior marchándose con las olas cuando regresan al mar.

 

Vuelve a respirar profundamente y regresa a la realidad.

 

Abre tus ojos y pronuncia lentamente:

 

Me miro en tu espejo, dejo las condenas y los juicios. Todo lo sucedido es perfecto y ocurrió por una razón superior a nosotros. Lo que tu o vosotros hicisteis es también perfecto.

Yo soy tu otro yo, tu eres mi otro yo, solo tu y yo lo entendemos. Yo soy la razón de mi ser, me amo infinitamente y me perdono, perdono lo conocido y lo desconocido. Perdono todo en los demás.

Todo lo ocurrido era necesario.

 

Repitela las veces que sean necesarias, si te hace sentir bien.

Leyenda del perdón

Cuenta la leyenda que existe un lugar en el que las almas en conflicto se reúnen para perdonarse y alcanzar la paz.

 

Un lugar similar a una playa en bajamar al amanecer.

 

Dicen que es un espacio virgen, inaccesible para los egos. Tan solo llegan allí los espíritus que hacen una pausa en sus tránsitos de vida o de muerte.

 

En esa parada, esperan la llegada de otra alma. Puede ser el alma de alguien vivo que está o se siente lejano, o de alguien que ya murió.

 

En el encuentro, puede que se crucen palabras, o no. Puede que dure un instante o largo rato. Lo que siempre sucede es un abrazo final. Las almas sellan así el final de la deuda, del agravio, del abuso.

 

Es un abrazo de comprensión, compasión y amor.

 

Es el abrazo de la paz.

 

Para viajar a ese lugar, cuenta la leyenda, solamente se necesita un gesto: cerrar los ojos.

 

Cierra los ojos y centra tu atención en la respiración.

 

Crea un espacio interior suficiente para que poco a poco aparezca la imagen de un paisaje de la naturaleza.

 

Invita a que suceda la experiencia de paz. Deja que ese lugar lo ocupe la presencia de tu alma abierta al perdón y permite que la energía psíquica de una persona con la que tienes o tuviste un conflicto aparezca.

 

Lo demás, sucederá si te mantienes atento y curioso, si te dejas llevar.

 

Protege la experiencia del ego intelectual o crítico. También del juicio de los demás.

 

Deja que la leyenda sea en ti realidad. Buen viaje.

 

Tal vez puedes pensar que no puedes perdonar, pero la intención de perdonar es lo que fomenta la meditación del perdón.

Otra forma es mediante un decreto, puede ser así o diseñar uno a tu elección:

Si he herido o dañado a alguien, a sabiendas o sin darme cuenta a causa de algún deseo perturbador, dolor, miedo, ira o confusión, pido perdón.

Si alguien me ha herido o dañado, a sabiendas o sin darse cuenta, a causa de algún deseo perturbador, dolor, miedo, ira o confusión, le perdono, en el grado en que estoy preparada en este momento, le ofrezco mi perdón.

Me perdono por todos los modos en que me he hecho daño a mí misma mediante la acción o la falta de acción, a causa de deseos perturbadores, miedo, dolor o confusión, por ello digo.

¡Me perdono a mí misma!

 

¡Paso a paso, día a día, lágrima a lágrima, sonrisa a sonrisa
y pedacito a pedacito se fue edificando mi distinción!

 

¡Namasté!

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