Nunca me marché

Escrito por Marié

19 de febrero de 2024

Ya lo sabes. Nunca me marché.

Es algo maravilloso, mi alma sigue caminando junto a la tuya, junto a las vuestras, solamente ha experimentado una bella transformación, se ha hecho omnipresente y viaja con cada uno de vosotros. Puedo desplazarme a tu lado instantáneamente con solo un pensamiento tuyo.

Mi cuerpo, ese templo que no me pertenecía, ese ser perteneciente a la madre ha regresado a ella, ella me volvió a acoger.

Tu piel no puede sentirme en carne, pero siente el roce de mi presencia a tu lado. Puedes advertir mis susurros, notar mi alma en cada uno de tus suspiros y sentir mi silenciosa respiración junto a tu respiración.

Estoy junto a ti en tus trabajos más pesados, aumentando tu energía. Vuelo a tu lado en los rayos de sol que entran por tus ventanas.

Instantáneamente, cada vez que me necesitas, me llamas o me piensas, allí estoy para ti.

Cuando contemplas esas hojas preciosas que revelan sus sombras en la arena, cuando escuchas los trinos de sus moradores que pueden volar a mi lado, cuando abres tu corazón al amor al contemplar cada belleza que te rodea, me ayudas a acercarme más a ti.

También al escuchar esos antiguos boleros y todas las demás melodías que bailaba con vosotras.

En todas y cada una de las plantas y flores que te enseñé a sembrar, a utilizar y a amar.

En el olor a madera, a barnices, a pegamentos y serrín con el que crecisteis. En cada traje que confeccionas, pensando en la mejor manera de colocar los patrones, fui chapista muchos años y aprendiste de mí a colocarlos para aprovechar de la mejor manera la tela.

O cuando observas a algún artesano como yo.

Cuando contemplas y disfrutas el frescor del mar que disfrutamos juntos.

En el aroma a pan tostado con ajo y aceite, tostadillas, como yo las llamo, junto con el humo que ascendía despacio de una taza de café preparado cada mañana.

Al contemplar cualquier monte, pradera o rio al atardecer o al amanecer, o en cualquier momento del día, “todos eran perfectos contigo”, alimento para el espíritu como te enseñé. La naturaleza que tanto amo. La madre que elevaba siempre mi espíritu y que hoy eleva el tuyo al recordarnos juntos.

Quizás también puedas sentirme en cada pedacito de cielo contemplado tantas veces desde la azotea.

En cada una de las estrellas y en las narraciones sobre ellas que te enseñé, en las constelaciones que forman. También en sus nombres, que evocan calor y aroma a azahar, buscando su localización en el cielo nocturno.

Ahora puedes sentir la luz de esas estrellas iluminar tu mirada al buscarme entre ellas. Allí vivo para ti.

Muchas veces estoy tan cerca que en ocasiones ni me percibes, trascendí para poder acompañarte siempre, estoy eternamente a tu lado, junto a ti y junto a todos los que amo y he amado.

Veo que a veces lamentas mi ausencia, tu alma sufrió, algo se desgarró en ti y viaja junto a mí en este nuevo trayecto. Ese pedacito tuyo es el que nos une perpetuamente y el que me conduce a tu lado en cada instante.

Sé que muchas veces sientes mi abrazo, pero cuando lloras no puedo cubrirte con mis alas, no obstante cuando tus sollozos silenciosos cesan, puedo acercarme y besar tus parpados. Sé que lo percibes.

Ya ves que la muerte no existe, es un proceso necesario a seguir para volver a vernos, a reír, a bailar y conversar como siempre lo hemos hecho.

Me siento orgulloso del legado de amor que quedó en todos vosotros, una preciosa misión en mi vida. Puedo observar como continúo vivo en el interior de cada persona que he amado.

He sido maestro de muchos y veo los bonitos resultados en los que habéis utilizado y aprovechado mis palabras.

Vine con un propósito y me enorgullece sentir que he dejado muchos seres de luz que continuarán este precioso trabajo.

La ausencia física es inevitable, es un corto periodo, un segundo o incluso menos en comparación con la eternidad que tenemos para compartir.

Puedes verme cada día, me ves en mis nietos, en tu hermana y tu madre, en tu compañero de vida, en todas las personas que me han querido, en mis hermanos pequeños, ellos me recuerdan también y a través de todos vosotros sigo vivo.

Pero no como un recuerdo, no, eso es lo que se dice siempre, yo sigo en presencia. Una presencia distinta a vosotros, ya lo sabes.

Disfruto viendo que vosotros también me formasteis, me ayudasteis, me escuchasteis y me enseñasteis. Creísteis en mí y me regalasteis parte de vuestras vidas para completar la mía.

Por eso nuestras almas viajan juntas, por eso nos reencontramos tantas veces, el amor nos une. Os esperaré, no tengo ninguna prisa y no tenéis que tenerla tampoco, todo tiene un tiempo, y cada alma necesita experiencias diferentes.

No tengas miedo de este viaje inevitable, es solo un instante, y aquí os esperamos con todo el amor del universo, un amor que no se puede explicar, lo comprobarás cuando lo sientas.

Agradezco la preciosa oportunidad de haber caminado junto a ti, junto a todos los que he conocido, la vida me ofreció grandes amigos.

Paciencia, nos volveremos a encontrar.

Desde donde estoy el tiempo es distinto y en este infinito mi corazón espera sabiendo que la separación nunca ha existido para mí, aunque sí para ti.

Aquí tengo muchos seres queridos que se han unido a este camino, y a los que quedáis caminando aún, os hago saber que estoy siempre cerca, en cada paso, en cada sonrisa, en cada latido, en cada súplica.

En tres días, se cumple el 80 aniversario de mi nacimiento, un 22 de febrero de 1944 en un pequeño pueblo blanco en el sur de España, la Bobadilla de Alcaudete.

Espero que lo celebréis como siempre lo hemos hecho.

 

Nuestra esencia es la misma, nuestra familia es la misma.

¡Nunca nos separamos!

¡Nunca me marché!

 

 

¡Namasté!

 

 

2 Comentarios

  1. Elvira

    Uffffffff sigo llorando tu texto y su ausencia
    Gracias por recordarnos que estan

    Responder
    • Marié

      Si tú ya lo sabes. Un abrazo mi amor. ❤️

      Responder

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