Ni vencedor ni vencido

Escrito por Marié

19 de febrero de 2021

Preciosa enseñanza.

Ni vencedor ni vencido.

 

Cuando un lobo va perdiendo la pelea con otro lobo y entiende que ya no tiene posibilidades de ganar, el lobo perdedor ofrece apaciblemente la yugular al oponente, como si dijera: ”Perdí, acabemos con esto de una vez”.

 

Sin embargo, en ese momento tiene lugar lo increíble: el lobo ganador, inexplicablemente, se paraliza.

 

Una fuerza milenaria le impide matar al que desde la humildad, reconoce la derrota.

 

Algún mecanismo primario, incrustado en el ADN o más allá de él, se dispara en el lobo ganador y le recuerda que la especie, es más importante que el placer de eliminar al contrincante.

 

No existe ni cobardía ni compasión, simplemente el milagro ocurre.

 

Ni vencedor ni vencido.

 

Ambos lobos se alejan y la rueda de la vida, continúa.

Reflexión.

Gracias a esta bonita historia, protagonizada por dos lobos, podrás comprender por qué es necesario aprender a controlar la ira. No se trata de algo sencillo, de eso no hay duda, sin embargo, podemos aprovechar ese sentimiento y hasta conseguir con él las metas que nos propongamos.

Algo parecido les sucede a los pavos, es el mismo principio el que utilizan en sus peleas, el mismo código de conducta. Se puede pensar que el animal vencido es quien controla la situación pues con su actitud sumisa domina al vencedor y se transforma en él.

Sun Tzu decía que el supremo arte de la guerra es dominar al enemigo sin luchas. Deberíamos, como humanos, utilizar esta practica en nuestra lucha diaria a ver si los resultados mejoran nuestra convivencia.

Ante la desesperación parece ser que la sumisión puede ser un recurso primitivo que aumenta la probabilidad de supervivencia en la misma especie.

Por poner un ejemplo, aunque es muy desagradable: En intento de violación, se dice que cuando la victima no ofrece resistencia, en algunos casos el agresor no continua su ataque.

En este caso y otros similares con humanos, los resultados no siempre son satisfactorios. Puede que el vencedor no detenga su ataque ante la entrega del adversario.

Quizás en la especie humana, exista un gen recesivo egoísta que lucha por el bien personal en lugar de por el bien común.

En muchas culturas indígenas cuando una partida de caza concluye, finalizan con una ceremonia de perdón y agradecimiento hacia los animales que dieron la vida para que otras vidas puedan continuar: la supervivencia de la tribu.

La humanidad tienen mucho camino por recorrer, tenemos muchas cosas que aprender de los que llamamos animales, incluso de los pueblos que con superioridad denominamos primitivos.

¿Quién es mas civilizado?

Podríamos comenzar a expandir nuestra luz recuperando costumbres ancestrales de agradecimiento diarias. Costumbres que han caído en el olvido, por ejemplo agradecer por cada cosa que tenemos en nuestra vida. Cosas que hacen que esta sea mas fácil: alimentos, vestido, hogar, vehículo, agua en nuestros grifos…

También podríamos recuperar otras costumbres. Cuando tomemos cualquier alimento, podríamos dar las gracias al ser vivo que hay en él, sean verduras, semillas, frutas o carnes, agradeciendo su sacrificio por nuestra supervivencia. A la vez podríamos aprender a percibir la luz y absorber la esencia divina que hay en todos ellos.

¡Ni vencedor ni vencido!

¡Namasté!

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