Música y gozo

Escrito por Marié

6 de noviembre de 2023

La música, la música envuelve mis recuerdos. Música y gozo por escucharla definen mi vida desde la infancia.

Y cuando hablo de mi infancia, quiero irme hasta la más tierna infancia. Esa etapa en la que ya eres capaz de relacionar ciertas canciones o melodías con personas específicas dentro de tu núcleo de amigos y de familia.

Algunas de esas canciones, al igual que hoy, reforzaban mis emociones, unas veces alegría y otras tristezas, otras incluso dolores. Así que alguno de mis seres queridos están asociados, todavía, hoy con un tipo de melodía.

Hay impresiones que quedaron en mi memoria y que conservo como verdaderos tesoros, todos ellos junto con algunas letras y poemas que permiten que mi vínculos afectuosos con la música siga vivo y pueda desempolvar casi todos ellos.

Mis abuelos cantaban, uno de ellos formaba parte de una tuna, o rondalla como él la llamaba. También dese niña disfrutaba con las imitaciones que hacía recreando una guitarra, sin importar que genero musical quería recrear, con sonidos hechos con su lengua o con percusión de sus manos sobre alguna superficie. La coplilla que más le escuché es “La parrala” e infinidad de chotis, incluso canciones de su invención.

El otro era sordo, pero no le impedía cantar flamenquito haciendo también percusión con sus dedos sobre varias superficies, algunas veces una caja de naipes de metacrilato, otras veces un trozo de madera, la mesa o unas castañuelas. La copla que más se le escuchaba, era un villancico, “Los campanilleros” o “Mi niña Lola”.

Mi madre cantaba flamenquito también, lo hacía casi siempre por las noches para ayudarnos a dormir. Nos cantaba nanas, y coplillas flamencas.

Mi marido canta, su hermana canta, su madre cantaba, mis hijos cantan, mi amiga Elvira canta, mi amiga María canta, varios amigos y amigas de Écija y Santa Amalia cantan. Cada uno el género que más le gusta, pero todos me hacen sentir afortunada.

Me fascina, pero ¡me gustaría escucharles más veces!

Mi marido acaricia diversas guitarras e instrumentos de cuerda, mis hijos trastean también con varios instrumentos y además cantan, y otros tantos amigos de Écija igualmente.

Y digo lo mismo, ¡Me complacería escucharles más!

Es difícil escuchar a algunos de ellos, porque lo hacen cuando se sienten muy cómodos, y normalmente en la intimidad. Si advierten que alguien les escucha o si les pido que continúen cantando, normalmente desisten de hacerlo.

Igualmente, me siento muy afortunada, cuando por alguna circunstancia deciden tocar y cantar juntos.

De cualquier forma, tengo que tener cuidado y escucharles cuando lo hacen, sin manifestar mi presencia, solo gozando del momento. Y para mí esas oportunidades son de auténtica magia, me siento privilegiada en gran medida , y los considero uno de los regalos más preciados.

Yo creo que todo el mundo se pregunta, por lo menos yo lo hago, que milagro ocurre en los compositores para crear música, o en los poetas para crear las letras, o en los músicos, pero todos ellos nos hacen gozar de la vida.

Personalmente, canto muy mal, no tengo oído musical, de hecho dudo que alguien lograra conocer cualquier canción que yo tararease. Así que imagina el valor que tiene para mí, quién sabe hacerlo.

Realmente, en el campo de las artes, en esta en particular me siento superseparada de mi zona de confort, no soy nada hábil en el tema. De hecho soy totalmente ignorante en cuanto a música se refiere.

Lo único que puedo decir es que me encanta, “la que me encanta, por supuesto”, distinta de cada persona, o coincidente con algunas. Y cuando la escucho la disfruto enormemente, mi cuerpo responde inmediatamente y también la agradece.

Creo que no tengo un buen ritmo, pero mi cuerpo reacciona a esa música especial, comenzando a vibrar desde el interior, como siguiendo un impulso que viaja desde un lugar profundo y antiguo.

Mi sangre se altera y mi cuerpo responde a la música sin pedirme permiso, se libera, siento un hondo amor, cadencioso y rítmico, comenzando a dejar paso a un gran gozo.

Así que la música y las composiciones me hacen sentir viva. Viviría cantando si lo hiciese bien, pero creo que es insufrible escucharme… Ja, ja, ja.

Alguna de esas madrugadas insomnes, en las que mis musas también están ausentes, me pongo unos auriculares y escucho alguna de las melodías que traen a mi presente un amor profundo y salvaje.

Si lo logro, busco mi Chromebook para “canalizar” porque, a veces siento que lo que escribo no es de mi propiedad, sino que alguien o algo me utiliza para realizar una reflexión, o una historia sanadora, complaciente o divertida.

Así que en esos momentos, mis células aprovechan para cantar, danzar, sonreír, respirar y oxigenarse profundamente, y, por supuesto, para gozar. No me suelo levantar a bailar, por no molestar a mi familia, ja, ja, ja.

Pero esa mágica melodía, “mágica para mí”, provoca que mis dedos comiencen a moverse sobre mis teclas, como si de un piano se tratase, se mueven con un ritmo reconocible y adaptado a mi música.

Además, si no me doy cuenta, cuando pongo atención a mi cuerpo, él también se está moviendo, ¡menos mal que mi compañero de aventuras tiene un sueño muy profundo!, porque mis caderas comienzan con una cadencia lenta, pero si la música se intensifica, ellas también, se comienzan a mover inquietas.

Todos mis cuerpos, entran como en un proceso de trance, siento calor y noto como mis pupilas empiezan a brillar, mis hombros se contonean y mis labios sonríen “al menos en mi imaginación”. Pero lo que noto con más intensidad es que el latido de mi corazón suena más fuerte dentro de mi interior. Como rememorando ancestrales tambores.

Considero que la música es el mejor superalimento, ahora que está tan de moda, esta (innovadora) palabra. La música te ayuda a conocerte, te da mucha información sobre ti mismo y sobre quién la escribe, quien le pone melodía, sobre los músicos y sobre quién la canta.

Cuando tengo ganas de llorar escucho música, cuando tengo ganas de reír escucho música, cuando me quiero relajar escucho música y cuando tengo ganas de hacer el amor, escucho música. La música exalta todos y cada uno de mis sentimiento y sensaciones, y yo me ayudo de ella. ¡Gracias!

¡En cada celebración que recuerdo siempre hemos cantado! ¡En muchas excursiones, alguien desconocido siempre se ha unido a nuestras fiestas, en todas las ocasiones.”En un país multicolor”…!

¿Recuerdas Juando? Aprovechábamos las mazorcas como micrófonos y rematábamos la noche rodeados de gente… ¿Cuántos años hace? Todavía se permitía la acampada libre y hacer barbacoas.

Cuántos recuerdos relacionados con la música. Otras tantas reuniones de amigos que culminaban cantando.

Vino de Navalcarnero y un gran repertorio de canciones para compartir… Una guitarra, muchas ganas de reír y algo en común, amistad… amor. ¡Cuanto nos ha hecho disfrutar la música! Cuanto hemos bailado, tantos géneros diferentes. Que bien lo hemos pasado.

El tiempo ha viajado y aquí seguimos, deberíamos recordar esos momentos volviendo a aquellos lugares… la música nos unía. ¡Que nos quiten lo bailao.!

Me preguntó por qué no se utiliza la música para unirnos, aunque cada uno tenga sus gustos, a todos nos hace sentir la sangre en las venas.

Y hablando de música, en mi vida y en mis terapias es imprescindible, tanto para relajar, como para exaltar. Incluso su ausencia es usada de manera mental, aparecen sonidos, melodías, personas danzando, lejanas percusiones, imagínalo, pura magia.

Normalmente, si no uso música, me suelen envolver sonidos ancestrales, ellos me ayudan viajar a otros tiempos y otros lugares. Y también a tener contacto con energías puras que habitan en torno nuestro.

Música natural, sonidos, naturaleza, aves, insectos, incluso sonidos desconocidos pueden hacer música. El crepitar de una candela, o el siseo de una vela, o algún susurro inesperado, las espirales de un intenso incienso, suspiros cerca de mi cuello, respiración, pero desde la luz y el amor.

Incluso puede ser cuestión de dejarte vestir despacio por el silencio, en el silencio hay infinidad de sonidos, de notas escondidas. Ellas viven allí, esperando que alguien las descubra.

Los ríos, las rocas, el océano, las mareas, la hojas de los árboles. Son todos sonidos a través de los que se expresan las almas.

Cualquier tipo de sonido es una perfecta vibración para alguien. Por eso cada melodía, cada letra de una canción es el ejemplo perfecto de la frecuencia en la que vibra cada persona, la perfecta sinfonía de cada alma, esa qué nos hace sintonizar directamente con el universo, con la fuente, con la diosa, con el creador… como lo quieras definir.

Hay tantas melodías, musicas, letras, como diferentes seres. Y a cada uno nos vibran músicas o letras distintas. ¡Viva el respeto!

Mi mente es un poco complicada y a veces uso la música para llegar al silencio, y viceversa.

Al menos yo lo siento así, en ocasiones entro en meditación gracias a la música y otras veces la propia medición me lleva a un profundo silencio, a un silencio sepulcral, en el que hay música.

En ocasiones nos gusta una melodía, pero ni siquiera escuchamos la letra. Como en cada cosa que observo hoy, no es comprensible para mí, así que suelo aconsejar que se escuchen las letras que se cantan, antes de defender tu adoración por ella. Hay absurdeces incluso en algo tan sencillo.

En otras ocasiones he escuchado a alguna persona cantar a voz en grito y bailar intensamente canciones con letras que no tienen nada que ver con las ideas que defienden, quizás sea que el corazón y la sangre grita, lo que no queremos reconocer…

Me parece de necios, o de poca personalidad, o de poco autoconocimiento o de poco amar propio… O de un sinsentido sin explicación. ¿Quién puede definirlo?

Y como siempre, un recuerdo de mi padre… ¡No podía faltar! Él decía que todo es matemáticas, y toda la matemática es música, cada combinación es música… ¡Música!

 

La música es una ciencia que debe tener unas reglas establecidas;

estas reglas deben derivarse de un principio evidente,

y este principio no puede revelarse sin la ayuda de

las matemáticas.

 

– Traité de l’harmonie reduité à son principe natural (1722)
Jean Philippe Rameau

 

He oído que, como para mi padre, para muchas personas, el universo está hecho de números.
ƒ Otros piensan que los números constituyen la armonía sobre la que se funda el mundo.
Para otros más, los números son el modelo originario del mundo del que nacen todas las cosas.

Y para mí la música es la antesala del silencio.

La música, la poesía, las letras…

Y la música provocan la danza. Dejar al cuerpo fluir, como hacen los niños… Pura expresión corporal.

Pasión.

E igualmente que ocurre con la música, debemos dejar que el cuerpo decida que hacer con lo que escucha.

Creo que al igual que la música sana, la danza sana, él moviendo sana, pero la quietud también sana. Cada uno debe decidir.

Con la música me ocurre como con un montón de cosas, me siento muy ingenua, pero no me avergüenzo de mi ingenuidad y de mi capacidad de sorprenderme ante cosas así de comunes. Ellas me siguen pareciendo trascendentales, como un nacimiento o una puesta de sol.

Alguien de mi familia solía decirme que parecía tonto el hecho de que todo me gustase.

A mí me parece que soy muy afortunada por seguir emocionándome por cosas tan sencillas.

También lo soy por vivir intentando encontrar momentos felices en cualquier situación, aunque muchas veces sea muy duro.

Cuando buscas profundamente siempre los hay, y una explicación perfecta.

Para infinidad de personas la música es una conexión a tierra. Muchas situaciones difíciles pueden volverse intolerables o, por el contrario, volverse fluidas gracias a esa música especial.

También podemos evitar situaciones desagradables con algún tipo de personas que se quejan hasta de tener que cerrar la puerta si hace fresco. En ella podemos utilizar una música amable que sea de nuestro gusto o incluso del gusto de esa persona quejica.

La música es muy versátil y he escuchado a menudo a personas que quieren música en sus entierros, o en sus funerales. Me parece una bonita manera de rendir un homenaje, si es de su agrado.

Aunque yo dejaría que eligieran la música los dolientes, una música que les haga más fácil esa última despedida de este plano.

La música me parece de una grandeza profunda del alma.

Música para los momentos tristes,

Para los alegres.

¡Goza siempre con música!

 

¡Namasté!

 

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