Mi niña me pide que lo recuerde

Escrito por Marié

28 de mayo de 2021

Reminiscencias

 

Siempre que vuelvo a mis antiguas memorias, aparecen las mismas sensaciones. Son regalos que el tiempo me trae. Aunque siguen actuales en mi vida y renovándose a cada instante, diariamente mi niña me pide que lo recuerde.

Muy atrás en el tiempo, en el fondo de aquellos soleados y alegres días, lo supe, era bruja.

En mi vida aparecían cosas, temas, personas, gestos, miradas, y todas ellas me decían mil y mil palabras, sin tener que preguntar, unas veces a voz en grito y otras en el silencio más profundo.

Otras muchas cuestiones vivían en mí, en mis profundidades, ya vinieron conmigo, no las tuve que aprender.

Y a veces mi niña me pide que lo recuerde. Voy a hacer un esfuerzo por ir a ese lugar que compartimos. Una caverna profunda y oscura, pero en la que las dos podemos ver sin dificultad.

Y yo veía, veía todo y todo estaba, sin buscar, sin razonar, sin conocer. No existía el pensamiento, no meditaba, solo veía.

Aunque la oscuridad era externa a nosotras y nuestras almas emiten la luz suficiente para ver, teníamos que caminar escaleras abajo, muy muy profundamente hasta llegar al jardín donde crecimos. Allí están las respuestas.

Las soluciones a todo están almacenadas en ese maravilloso lugar. Ella sigue allí, donde viven eternamente los niños perdidos, y me llama.

Oigo su voz, y la escucho, al igual que a las aves que me hablan en su idioma,  cada día al alba me dicen: tenemos un regalo para ti, otro nuevo amanecer en esta vida maravillosa, pero invisible para casi todos.

Por eso supe que era bruja.

En aquellos años maravillosos ya lo tenía claro, que no había que intentar, solamente dar con el corazón sin esperar nada a cambio, por el placer de dar.

Lo supe, era bruja, al percibir que mis acciones no se quedaban en intenciones. Mi niña me pide que lo recuerde.

Desde esa temprana edad, ella me mostró que no importan los prejuicios, que el que dirán no es lo fundamental. Y nunca jamás en mi vida hice nada por lo que otra persona en el mundo pensase de mí, siempre dejé a mi corazón hablar. Y desde este ahora, si hice daño, pido perdón.

Desde esa niñez hermosa supe que mi realidad no es esta, esto es un espejismo, mi realidad vive en la luz que pasa a través de las hojas de los árboles, vive en las sombras que proyectan estas en la arena. Vive en el sonido del viento entre ellas, en sus melodías, vive en las gotas de lluvia que crean canciones mientras yo viajo en el mundo onírico.

Esta preciosa realidad, que no todo el mundo ve, logra transmutar mis emociones, no hay odio, hay compasión, veo todo como igual, como yo misma. Por eso supe que era bruja.

La realidad de mi niña era perfecta, ella conocía los secretos. Sabía que lo que veía fuera de sí misma era el reflejo de su sentir, y que el exterior le devolvía idéntica respuesta. Por eso era feliz, y transformaba el cosmos a su alrededor para inhalar esa felicidad. Por eso me llama todos los días, para llevarme a esas sensaciones.

Supe que era bruja, al comprobar que mi mirada y mi tono de voz eran sanadores, sanaban y no era necesario medicar. Y vi que en el polo opuesto de la misma línea, las voces, los gritos y enfados querían como recompensa caricias y comprensión.

Mis sueños, mis viajes nocturnos quedaban muchas veces atrapados en mi semiinconsciencia y aprendí a darles forma y color en mi vida, así comenzaron a existir en mi realidad. Se hacían carne al despertar.

Y hoy, miro mi nariz, mostrando a esa brujilla escondida a las hirientes actitudes, que no solo es alargada para definirme. Mi nariz me ayuda a percibir el olor del temor, del miedo, del dolor, del amor… me ayuda a captar la fragancia de las intenciones, el perfume siempre diferente de las almas, el embriagador aroma de lo incondicional…

Todo ello viene tras de mí desde ella…

Y la oigo de nuevo, algunas veces habla muy alto, otras veces, si no llego a oírla, toma mi mano y me lleva con ella, para hacerme recordar, más mis ojos, en algunos momentos, estuvieron velados. Porque el mundo hizo que olvidara, que creciera. Pero mi niña me ayuda día a día a que lo recuerde.

Otros niños que olvidaron demasiado pronto esta magia, me enseñaron el miedo, la desconfianza, la inseguridad… Y ella fue alejándose día a día, pero sin abandonar nunca su lugar en mi precioso jardín interior.

Supe que era bruja por las pruebas que, siendo tan pequeña, esos otros niños sin magia me hicieron experimentar, pero hoy veo que mi pasado ha servido para sanar mi presente.

Hoy camino este presente sin culpar a nadie, sin victimismo, solo con perdón, comprensión y responsabilidad.

Y en honor a otras que como yo, fueron brujas,  a ellas que no fueron vistas, ni amadas, ni respetadas.

Siempre, rememorándolas, me pregunto como hubiese sido el mundo si las hubiesen mirado, escuchado y comprendido.

Por ello grito:

¡¡No eran brujas las que ultrajaron, quemaron, asesinaron… Eran madres, hijas, hermanas… mujeres!!

 

 

Mujeres que daban miedo tanto a hombres como a mujeres, daba miedo su belleza, su cultura e inteligencia, su frescura,  su sexualidad, su autenticidad…

 

Feminas que tenían habilidades especiales, conocían lo natural, las hierbas, los animales, las piedras, los elementales…

 

Curanderas, independientes, aseadas, marginadas por envidiadas y diferentes, desapegadas de las normas de genero…

 

Solteras, viudas, casadas, amantes… que fueron culpadas de todo lo no conocido, enfermedades, plagas, desastres naturales y otras desgracias…

 

Eran temidas por no necesitar a nadie… mujer u hombre…

 

Eran almas con un lunar o una marca exótica en algún lugar de su sagrado cuerpo…

 

Vivian solas o en comunidades, con pozos y hermosos huertos…

 

Pero las temian, las envidiaban, las odiaban ¡las quemaban! ¡las ejecutaban por amar los rios, los lagos, por saber nadar y flotar en el agua purificadora! ¡las arrojaban al vacio en acantilados o en profundos agujeros de su amada tierra!

 

No querian ver que por encima de todo y ante todo eran personas, personas con las que me identifico: mujeres que experimentaban, confiaban en sus sentidos, en sus emociones, mas que en el adoctrinaje…

Como mujer y como bruja, pido perdón a mis ancestros, sano mi linaje y doy voz a tantas y tantas que no fueron brujas…

¡Fueron mujeres!

 

¡Namasté!

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