Cuento del perro y el conejo

Escrito por Marié

24 de enero de 2022

Juicios y malas decisiones

 

El cuento del perro y el conejo comienza así…

Juegos entre un Pastor Alemán y un conejo - Tiendanimal

El día que les daban las vacaciones de verano, unos padres premiaron el buen comportamiento de sus hijos obsequiándoles con un precioso conejito. Los hijos del vecino, que vieron la escena desde la tapia de la casa contigua, pidieron insistentemente una animalito a sus padres. Ellos, conmovidos por el amor que había despertado el conejito en sus hijos, decidieron traer un cachorro de pastor alemán.

Los vecinos exclamaron:

– ¡Pero el perro se comerá a nuestro conejito!

– De ninguna manera, mi perro es aún un cachorro. Crecerán juntos e irán haciéndose amigos. Yo conozco muy bien a los animales. No habrá problemas. Respondió el otro vecino.

Y el tiempo demostró que el dueño del perro tenía razón. Conejo y perro crecieron juntos y se hicieron amigos. Era habitual ver al conejo en el patio del perro e igualmente el perro terminaba colándose en el patio del conejo.

Un fin de semana, el dueño del conejo se fue de viaje con su familia. El domingo por la tarde el dueño del perro y su familia estaban merendando, cuando entró el perro a la cocina. Traía al conejo entre los dientes, sucio de tierra y sangre, y además muerto. De pronto dijo la madre:

– El vecino tenía razón, ¿Y ahora qué hacemos?

La primera reacción fue echar al animal de la casa como castigo. En unas horas los vecinos iban a llegar.

Comenzaron a atacarlo y casi acaban con él de tanto golpearlo.

Todos se miraban, mientras el perro, fuera, lamía sus heridas. Uno de ellos tuvo la siguiente idea:

– Bañemos al conejo, lo dejamos bien limpito, después lo secamos con el secador y lo ponemos en su casita en el patio.

Así lo hicieron; hasta perfume le pusieron al animalito. ¡Quedó perfecto!

– Parece vivo, decían los niños. Lo pusieron en su casita, con las patitas cruzadas como si estuviese durmiendo.

Al regresar los vecinos de su viaje, se oyeron los gritos de los niños. No pasaron cinco minutos cuando el dueño del conejo vino a la casa, algo extrañado.

– ¿Qué ha pasado?, le dijo su vecino.

– Pues una cosa muy extraña, el conejo había muerto… no entiendo como apareció en su casa de nuevo.

– ¿Murió?, dijo asombrado el dueño del perro.

– Sí, murió el viernes.

– ¿Murió el viernes?

– Sí, antes de que viajáramos. Los niños lo habían enterrado en el fondo del patio… por eso es tan raro verlo de nuevo, limpio y en su casita…

Pastor aleman cazando conejos - YouTube

El gran protagonista de este cuento es el apurado perro. Pobrecito, desde el viernes buscando inútilmente a su amigo. Después de mucho olfatear, descubrió el cuerpo enterrado. ¿Qué hace él? Probablemente con el corazón partido, desentierra al amigo y va a mostrárselo a sus dueños, imaginando poder resucitarlo.

– Foto de entrada yoamoalasmascotas.

– Fotos: dreamstime, miwuki, americagarabote.

Muchos hemos caído en el juego de las suposiciones, pero las suposiciones no siempre son acertadas. Este pequeño relato trata sobre las suposiciones y como estas pueden engañar hasta al más sabio.

Reflexión:

La irrefrenable tendencia del ser humano a juzgar las acciones de los demás debería ser sometida al propio juicio de quien las ejercita… ¿Cuántas veces sacamos conclusiones equivocadas de las situaciones y nos creemos dueños de la verdad?

Debemos reflexionar las decisiones antes de generar dolor u odio hacia los demás, antes de esperar a que sea tarde.

Es difícil, pero no imposible: Reconocer un error, volver a comenzar, seguir probando, aceptar consejos, perdonar y olvidar, abandonar hábitos perjudiciales, conformarse sin luchar, quedarse con lo bueno y desechar lo malo, dejar atrás la rutina… amar.

Juzgamos: está bien, está mal, es bonito, es feo, es agradable, es desagradable… y no advertimos que la mayoría de las veces son sentencias aparentes y solo responden a nuestra propia apreciación parcial de la realidad.

Antes de juzgar y de emitir una crítica de alguien hay que pensar bien la situación compartida. Precisamente deberíamos someter severamente nuestros pensamientos y actitudes a nuestro propio juicio y después pensar lo que hizo la otra persona, quizás nos sirva para depurar lo negativo que portamos.

Cuando llevemos esto a la práctica podremos ver  que no tenemos la más mínima autoridad para juzgar.

Bajemos hasta nuestra parte humilde y no dejemos que los juicios puedan con nosotros. Hay que buscar nuestra profunda sabiduría, esa que ofrece indulgencia y positividad haciendo las relaciones más divertidas y enriquecedoras.

 

Invierte tu precioso tiempo en crecer y  transformarte, así veras grandes progresos en todo lo que te rodea, sin necesidad de juicios.

¡Podrán dudar de tus palabras, no obstante las acciones están a la vista y no se pueden negar!

 

¡Namasté!

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