Cuando pensabas que no te veía

Escrito por Marié

2 de mayo de 2021

Aprendiendo

 

Me gusta mucho aprender rebuscando en la magia de las páginas de ciertas personas. Personas que se dedican a escribir reflexiones en las que muchos nos sentimos reflejados. Cuando pensabas que no te veía, es una de ellas.

Esas personas que son capaces de enviar mensajes resumidos. En sus escritos reflejan realidades que el resto de los mortales no somos capaces de mostrar de esas formas tan maravillosas.

Se trata de afirmaciones en las que todos o todas nos sentimos identificados. Son reflexiones que cada vez que se leen o se medita en ellas, nos producen un efecto de caleidoscopio en nuestras emociones. Dejan en nuestro corazón impresiones fuertes.

En ciertas ocasiones este papel de regalo, esta forma de mostrar los sentimientos, es tan enormemente espectacular, que justifica el resto, no hay necesidad de nada más.

Sensaciones

Las afirmaciones utilizadas son avaladas por todas las experiencias y dejan en cada persona, distintos posos. Estas sensaciones son capaces de cambiar nuestra forma de ver nuestras experiencias.

Uno de esos mágicos textos es el siguiente de la madre Teresa de Calcuta, que sin ser madre, fue madre de muchos.

Con él supo plasmar el sentimiento visto desde un hijo. Su voz y sus reflexiones tienen un peso que se multiplica en nuestro corazón al leerlas, fue honda a la vez que sencilla y nos dejó esta preciosa reflexión desde su máxima experiencia.

Como hija me siento enormemente identificada con lo que dice en esta reflexión y se la dedico a mis padres, pero hoy como día de la madre, especialmente a ella, que tan importante es en mi vida.

Cuando pensabas que no te veía

 

Cuando pensabas que no te veía, te vi pegar mi primer dibujo en el refrigerador, e inmediatamente quise pintar otro.

 

Cuando pensabas que no te veía, te vi arreglar y disponer de todo en nuestra casa para que fuese agradable vivir, pendiente de detalles, y entendí que las pequeñas cosas son las cosas especiales de la vida.

 

Cuando pensabas que no te veía, te escuché pedirle a Dios y supe que existía un Dios al que le podría yo hablar y en quien confiar.

 

Cuando pensabas que no te veía, te vi preocuparte por tus amigos sanos y enfermos y aprendí que todos debemos ayudarnos y cuidarnos unos a otros.

 

Cuando pensabas que no te veía, te vi dar tu tiempo y dinero para ayudar a personas que no tienen nada y aprendí que aquellos que tienen algo deben compartirlo con quienes no tienen.

 

Cuando pensabas que no te veía, te sentí darme un beso por la noche y me sentí amada y segura.

 

Cuando pensabas que no te veía, te vi atender la casa y a todos los que vivimos en ella y aprendí a cuidar lo que se nos da.

 

Cuando pensabas que no te veía, vi como cumplías con tus responsabilidades aún cuando no te sentías bien, y aprendí que debo ser responsable cuando crezca.

 

Cuando pensabas que no te veía, vi lágrimas salir de tus ojos y aprendí que algunas veces las cosas duelen, y que está bien llorar.

 

Cuando pensabas que no te veía, vi que te importaba y quise ser todo lo que puedo llegar a ser.

 

Cuando pensabas que no te veía, aprendí casi todas las lecciones de la vida que necesito saber para ser una persona buena y productiva cuando crezca.

 

Cuando pensabas que no te veía, te vi y quise decir:

 

¡Gracias por todas las cosas que vi, cuando pensabas que no te veía!

«No te preocupes porque tus hijos no te escuchen… te observan todo el día». – Madre Teresa de Calcuta

Reflexión

Y ahora mi reflexión también como madre.

Las madres y los padres debemos ser siempre muy cuidadosos con lo que decimos en presencia de nuestros hijos, también de lo que hacemos. Ellos son inmensamente inteligentes y están abiertos totalmente a todo. En sus primeros años aprenden por imitación de nuestro vocabulario y nuestros comportamientos.

Si pensamos que ellos no están pendientes de nosotros cometemos un grave error, ellos observan todos nuestros pasos.

Su educación, su futuro, sus valores, su autoestima… dependen de nuestro ejemplo y nuestros comportamientos. El hogar es su primera escuela y nosotros, sus padres, somos sus primeros maestros. De estos valores, que vean en nosotros, dependerá su futuro.

Los padres debemos ser ejemplo de integridad, amor y respeto por los demás porque es en el hogar donde los niños aprenden a comportarse, a convivir y a relacionarse con los demás.

En uno de otros muchos escritos que he leído, no recuerdo donde, se explica a la perfección la idea: «Es más fácil enseñar que educar, porque para enseñar necesitas saber, pero para educar se necesita ser»

¡Así que empieza la educación por la tuya propia, tienes una gran responsabilidad en el futuro del mundo!

Feliz día 

Y ya terminadas estas reflexiones, quiero felicitar a todas las madres, abuelas, también a las que no son madres, pero hacen de madre en algún momento. Para todas las creadoras, que sin tener hijos tienen grandes expresiones de sí mismas en lo que hacen a diario.

Especialmente a mi madre.

Mi madre que tan importante es en nuestras vidas.

Como siempre digo, la mujer más buena que he conocido.

Siempre presente sin que se note su presencia, siempre sonriendo aun sin ganas.

Siempre pendiente de nosotras y de sus nietos sin pedir nada a cambio.

Gracias por esa actitud que hace que los problemas sean menores.

Gracias también por mostrarnos que todas las situaciones y las personas tienen cosas mejores que las que muestran, tú siempre las ves.

Ojalá existieran más personas como tú, el mundo sería diferente.

¡Te quiero mamá!

¡Namasté!

4 Comentarios

  1. ELVIRA PETRA BOTE RUIZ

    Felicidades

    Responder
    • Marié

      Felicidades igualmente. Abrazos.

      Responder
      • Sissy

        Muy bonito😘

        Responder
        • Marié

          Gracias. Me alegro de que te guste.😘

          Responder

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