Camino del cambio profundo

Escrito por Marié

14 de octubre de 2022

 

Lo que nos hace sufrir no es lo que nos ocurre, sino los pensamientos que tenemos sobre lo que nos ocurre, como decía el filósofo griego Epicteto. Una verdad que nos puede ayudar a transitar el camino del cambio profundo en nuestro interior.

 

Después de muchos años de haber leído esto, y tras infinidad de personas conocidas y de terapias ofrecidas, la conclusión es que hay un tipo de sufrimiento que es una opción.

Hay personas que, voluntaria o involuntariamente, o mejor dicho consciente o inconscientemente, eligen estar enfermas o vivir sufriendo.

Las causas pueden ser muchas, entre ellas, el nivel de atención que pueden obtener. Hay quién piensa que no serán atendidas por sus seres queridos si no están enfermas y se hacen adictas a estas situaciones.

Otras personas tienen necesidad también de hablar de sus males y sus enfermedades, y suelen competir con quién se encuentran a ver quién está peor.

Por estas causas, me he encontrado con personas a las que es realmente difícil ayudar. Involuntariamente, a veces, no dejan que la ayuda actúe sobre ellas, o el efecto tiene poca duración.

Nuestro pensamiento tiene demasiado peso sobre nuestra realidad.

Nos llamamos civilizados, pero hacemos cosas que ponen a prueba los conocimientos, las ideas y la forma de vivir. Sobre todo en las zonas occidentales.

Yo creo que no sabemos vivir, ¡no!

Ni siquiera entendemos lo fundamental para la vida, nos creemos en la cima de la pirámide, pero en realidad procedemos muy mal.

Cada vez que veo noticias en cualquier medio, es más de lo mismo, ¡he decidido ver las menos posibles, o no ver noticias!

Pero da igual, encuentras personas, en cualquier ámbito, cuyo único objetivo es dar informaciones desagradables, compartir desgracias, enfermedades, problemas… pero no se conforman con informar de los propios, también comparten los ajenos.

Y no es que tenga falta de empatía, pero no creo que sea saludable tener solamente conversaciones sobre las enfermedades, los problemas y las desgracias de todo el mundo máxime de alguien a quien ni siquiera conoces. Creo más bien que es exceso de empatía, y no me parece justo vivir siempre sufriendo.

No me gusta esta forma de comunicación, parece que a todo el mundo le gusta compartir desdichas, es el tónico general, y así continuamente. ¡Realmente prefiero que me den buenas noticias!

Todo lo que oímos y lo que vemos se queda en nuestros pensamientos, y esos pensamientos, como dice Epicteto, son los que nos manejan. Y si ellos solo están llenos de oscuridad, va a ser cada vez más complicado encender la luz.

Pero también es cierto que no somos una cultura que se alegre con las alegrías ajenas y es una pena… creo que a la mayoría de personas tampoco le gustaría que les hablases de todo lo que te va bien y te sale bien. Lo saludable que estás, el buen trabajo que tienes, tus grandes amistades… y como conclusión, se termina hablando solamente sobre lo malo.

Tantas cosas que decir, tanto que aprender de cualquier persona, y tanto que enseñar… pero nosotros nos conformamos con tan poco.

Para mí ya no es una opción, y tomo la decisión de vivir, no de tener una muerte en vida.

Formamos parte de algo grandioso y únicamente nos miramos el ombligo. Nos rodea una sinfonía infinita, un universo inmenso y tenemos una gran enfermedad llamada ceguera, es una ceguera (con el mayor de mis respetos y pidiendo perdón a personas invidentes, si se sienten mal por mi alusión) ante lo evidente.

Es ruido estridente que desafina con la perfecta sinfonía natural en la que flotamos. ¿Por qué no abrimos nuestros ojos? Hay que atravesar las zonas oscuras y cambiar el itinerario.

Nuestra vida es un regalo y a la vez es un misterio, tenemos que conocer como vivir, aprendiendo y dejándonos enseñar.

Pero a pesar de no querer estar centrada en la oscuridad, en estos últimos años, es inevitable. Siento que todo va a terminar con un buen final, pero desgraciadamente todavía no estamos cerca del amanecer.

Es como si un huracán hiciese que todo esté volando por todos lados, todo el mundo alterado.

Quiero que esos coletazos histéricos queden enterrados, de hecho siento algo profundo que me dice que van camino de serlo. Me llegan señales que me es inevitable dejar de ver.

Creo que mientras más alto grites, menos se te va a escuchar, ese tiempo se ha cumplido. Ha llegado el tiempo de quien no grita, el tiempo del silencio, de la luz, de lo realmente sagrado, de lo que no se vende, de lo que no se compra.

Este tiempo está hecho de un tejido especial, su trama es el amor, y su urdimbre es el respeto.

Es una nueva vida que expresa movimiento, evolución y magia. Es diálogo continuo con el resto del cosmos, con lo infinito.

Recuerda que en ese infinito somos como motas de polvo. Se terminó el tiempo de mostrar la estupidez y la soberbia.

 

Quizás haya llegado el tiempo de incinerar los miedos e intentar reconstruir los sueños.

 

¡Necesitamos urgentemente un cambio profundo!

 

¡Namasté!

 

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