Me siento tan afortunada

Escrito por Marié

18 de septiembre de 2026

Me siento tan afortunada, tan querida, me quieren personas tan bonitas que siento que soy una de las personas mas favorecida dentro de mi entorno cercano.

Alguien a quien se lo comenté hace tiempo me dijo: te habrás portado bien en tu vida anterior… Es tu karma… no lo sé.

Tambien siento la fortuna de amar profundamente a quienes amo, suelo hacerlo tan intensamente que incluso puedo dar miedo. Sobre todo durante mi juventud, momento en el que todavía no sabes hacer las cosas sutilmente.

Soy muy intensa y eso tiene cosas buenas y malas, supongo que me define mi sangre andaluza, mi origen andalusí.

Vivo con mucha pasión el amor pero también el dolor. Es una intensidad difícil de gestionar a veces.

Por eso he podido llegar a hacer daño, siempre sin intención, por supuesto. Luego depende de la otra persona, quién me conoce bien me entiende, me da espacio y permite que las aguas vuelvan a su cauce.

Soy muy afortunada. Agradezco profundamente a quien me ha dejado volver a mí misma antes de juzgarme.

Pero a quien no se ha preocupado de conocerme y le he podido ofender, también sin intención, decir que no he encontrado comprensión, ni escucha.

Por estas razones y por otras que la vida nos pone a todas en el camino, quien pierde mi amor lo pierde para siempre.

Aunque se que nunca dejaré de amarlos, porque soy así, nunca jamás van a volver a disfrutar mi amor y es algo que sé que duele. No obstante es un dolor en ambas direcciones.

Hablando de comprensión, no entiendo de los tantos nombres que se usan hoy para definir a los distintos generos. Y digo esto como preludio de lo que quiero explicar.

Solo puedo decir que soy tan, tan afortunada que sigo enamorada de la persona que elegí como compañero hace tantísimos años.

No todo el mundo puede decir eso, ¿Cuestión de suerte? Lo dudo.

Yo diría que amor mutuo, trabajo conjunto y ganas de seguir siendo querida de esa manera hermosa, honesta y profunda. También de seguir ofreciendo esta manera apasionada de amar.

Soy difícil de ser amada, él lo sabe y pese a ello aquí sigue, a mí lado. Empujándome en cada pendiente, levantándome en cada caída. Tengo zonas muy oscuras, pero cuando ofrezco mi luz es indescriptible.

Pero, pese a amar a mi chico, no puedo decir que si me hubiese enamorado de otra persona, mujer, hombre, u otro de los generos que no sé enumerar, no estuviese con esa otra persona. Mi gran fortuna es tener las cosas muy claras.

Quiero decir que siempre he pensado y sobre todo sentido, que todas las personas nos podemos enamorar de cualquier otra persona.

Hay quién tiene la valentía de reconocerlo y quién vive en represión y sin auto conocimiento.

Lo que sí puedo decir y lo digo hasta la saciedad, es que amo profundamente a las personas que dicen las cosas claras, demasiado claras. Las que se ven venir, las sinceras y transparentes, me parecen auténticas. Mi amiga Pilar (de la que tanto aprendo, es el mejor ejemplo que tengo).

Y algo que también siento es que me dan dolor de barriga esas otras personas que sonríen solo con la boca, las que parecen mosquitas muertas, las que siempre andan buscando algo que reprochar.

Ese tipo de persona que cuando quiere algo y no sabe decirlo claro, hace lo posible para que sientas que tú lo necesitas y seas tú la que lo pida o lo realice.

Luego están esas otras que me hablan de su nuevo coche, de su piso de lujo, de su chalet, de sus joyas, de su dinero, de sus vestidos, de sus viajes, nada de eso me importa. ¡No me importa!

Me importan los que me hablan de lo que sienten, los que necesitan escuchar, los que necesitan ser escuchados. Los que preguntan, los que están.

Esos que sin que su boca sonría, te ofrecen una sonrisa con sus ojos y su necesario silencio.

Me gusta el silencio, lo adoro, y me aturullo cuando me hablan de más, sobre todo si el tema no es de mi incumbencia, no por nada, sino porque me hablen de desconocidos, suelo desconectar, no me importa la vida de los demás, ni sus enfermedades, ni su patrimonio, ni nada, se me va la energia.

Solo si con quien hablo me habla sobre si mismo, de sus dolores o enfermedades, de sus preocupaciones, entonces si, escucho e intento ayudar.

Sin embargo, esas personas que me hablan de cosas sencillas, que me cuentan su desayuno, su día, sus perdidas, sus alegrías, lo que van a hacer de comer. Y me preguntan que como estoy, esas, me gustan.

Soy extrema pero tengo opiniones. Pueden o no ser válidas para otros, pero son mías y muy firmes. No quiere decir que no pueda cambiar, todo cambia si estudias bien las causas.

Pero creo que jamás aceptaré cerca de mí ni de los míos, toda esa falsedad, esa vida de mentira, todo ese postureo que hoy es evidente, no lo acepto, ni lo necesito, ni lo entiendo.

Es una manera falsa de vivir la vida. Es absurdo.

Todas esas fiestas, todos esos maquillajes, esos vestidos estrechos, incómodos, esas corbatas, esos zapatos insufribles. Nada de eso es de mi incumbencia. Ni lo entiendo.

No tolero a los intolerantes, ¿suena raro no?

No tolero a quien dice que se debe querer a los padres sean como sean, ¡no se debe querer a los padres que no hacen que ese cariño sea merecido!

Es más, se quiere o no se quiere, no es algo que se pueda elegir ni exigir. Pero normalmente si no se quiere es por razones de peso.

Intentar otra cosa sería generar energia para ser malgastada. No es necesario, ni obligatorio.

Tampoco quiero decir que haya que abandonar a unos padres que no han sido buenos padres, cuando uno llega a su ancianidad no merece nuestro castigo, ese llegará solo.

Por causas como esta hay demasiada gente sufriendo sin estar enferma.

Tambien soy afortunada en estas experiencias, amo a mi padre, amo a mi madre, no puedo dejar de hacerlo, no lo haré mientras viva ni después de morir.

Ellos se lo han currado, me han enseñado a hacerlo, los admiro, los quiero, nunca he sentido soledad cuando pienso en ellos.

Si alguna vez la siento ha sido solo a corto plazo, porque si pienso en mi padre, sueño con él. Se que su ausencia no es definitiva y está alrededor siempre que le necesito, aún sin saberlo.

Si pienso en mi madre, todavía tengo la suerte de poder poner mi cabeza sobre su regazo o mi mejilla sobre la suya.

Y aunque no pueda ejercer ya como antes, nunca va a dejar de ser mi madre.

Siento su amor, su presencia, su ayuda aún sin poder ofrecerla.

Por eso nunca entenderé a quien no me entienda, no tendrá unos padres como los mios. El universo nos unió.

Preguntas durante toda mi vida como: ¿Cómo es que vas todos los dias a casa de tus padres si tú tienes tu casa y quién tiene casa, su casa quiere?

– ¡Porque puedo, por que quiero!.

– Porque los quiero, porque me quieren, porque los necesito, porque me necesitan. Ellos me regalaron la vida. Por que siento que soy lo que ellos más quieren.

Además eso es lo que quiero para mis hijos y para sus parejas, que sientan nuestro amor, nuestro entendimiento, nuestro respeto. Que se sientan tranquilos, en paz.

Compartir tantas risas, tanta complicidad es lo mejor que puedo vivir actualmente.

No cambiaría nada en ellos, en ninguno.

Son perfectos como son, y viven como han visto hacer, aprendiendo, integrando, comprendiendo, amando.

Ya no necesitan nuestra educación, lo que no hemos hecho ya, sobra.

Ya no lo demandan, ni lo quieren, ni lo necesitan.

Pero deciden voluntariamente compartir sus mejores y sus peores momentos con nosotros, eso es una bendición.

Solo siento la felicidad de poder estar con ellos, de disfrutarlos.

Hablo muchísimo con todos, con los cuatro, son mis niños y aprendo todos los dias de lo que compartimos. Se para el tiempo en nuestras conversaciones.

No es cosa de ahora, ha sido siempre.

Los mios, mis pequeñajos, los que pasaron de mi vientre a mis brazos ya nunca han estado separados de mi alma. Aunque ellos ya no lo necesiten.

Eso es lo que me tranquiliza, que no nos necesiten. Que se diviertan con nosotros pero que no seamos indispensables en sus vidas.

En casa jamás he usado la palabra mandar. No me la enseñaron, nunca me mandaron.

Así que para mi mandar es obligar a hacer algo y no me gusta, no me ha gustado que me lo hagan y no soporto hacerlo.

Lo han intentado fuera de la casa de mis padres, pero nunca voy a ofrecer mi persona a ningún mandato.

Y en mi propia casa, con la familia de mi infancia, cuando ha sido necesario «un castigo» fue por algo que aparentemente no debía de dársele valor, por comportamientos rebeldes en momentos que era normal una rebeldía.

Cuando me ha tocado, solía hacer pensar, pensar en lo ocurrido y no castigaba, no era necesario, el auto castigo fue siempre más efectivo.

Era algo muy importante y lo hacían. Voluntariamente o jugando con ellos. Y las causas solamente eran pequeños retos a si mismos o a nosotros. Aprendizajes para todos.

Cómo mi padre me enseñó, basándose en una niña rebelde y cabrona llamada Marie, he intentado hacer de todo un juego. Si no hacían lo que era necesario hacer, en lugar de castigo, juego.

La vida realmente es un juego y jugando se puede conseguir casi todo.

Hablando de cosas más serias, he visto los ojos de la muerte varias veces, a los pies de mi cama, y de la cama de varios seres queridos.

Poder verlos y sentir que ella solo viene a dar descanso, he entrado en momentos de gran aceptacion.

Al principio se siente algo de incertidumbre, pero luego sobreviene una relajación y una aceptación que supongo que es dificil de aceptar para quien no fluye con ella. Cómo parte normal de la vida.

No suelo pensar en los dolores pasados desde que pasaron.

Y teniendo como tengo a uno de mis hijos al que le anuncian cuando va a morir alguien (pobre), puedo decir que prefiero la ignorancia, prefiero no saber, y que sea la sabiduria la que venga a ayudarme y a enseñarme.

Son cosas normales y poco aceptadas, poco creíbles y nosotras ni las conocemos bien ni nos conocemos bien a nosotras.

¿ Tú sabes como eres? no, no lo sabes, yo no lo sé.

¿Sabes lo que harías en ciertas ocasiones? ¿Matarias? yo no lo sé.

Creo que por mi propia vida seguro que no, pero supongo que lo haría por mis hijos, no sé si por alguien más.

La vida no es certeza, jamás.

Nadie, nunca, sabe lo que va a hacer en ciertas situaciones. No lo creo.

Por causas como esta me encanta ayudar. Supongo que he aprendido a hacerlo por vivir viendo ejemplos de ello.

Me ha rodeado demasiada gente que ha ayudado a muchas personas a lo largo de sus vidas y la han pasado explicando como lo hacían y porque.

Mi abuelo Curro vivió muchos años fiando a amigos y familia en su tiendecilla de Villanueva del Rey, Écija. Él era sordo a causa de un sarampión en la infancia, pero no era desconfiado. Vivió prestando dinero a familiares, ellos pudieron comprar tierras y tener vidas totalmente cómodas, cuando la mayoria de las familias no la tenían.

Llegado el momento le devolvían el préstamo.

Él pudo haber hecho lo mismo, pero no lo hizo, en eso si era más temeroso, pero bueno la vida es como es.

Partió de su tierra con el corazón roto y con una libreta con un montón de cuentas sin cerrar. Cuentas que tengo guardadas, pero que el perdonó incondicionalmente. ¿No es eso bonito?

Mi abuela Esperanza dió de comer a todos sus sobrinos, por ambas partes, en su casa siempre había un plato de comida para cada sobrino que allí llegó.

Ayudó en las decisiones adolescentes de alguna de sus sobrinas. Eran tiempos dificiles para las mujeres, pero ella era una mujer adelantada a su tiempo.

Tenía un hombre al lado que la amaba profundamente y al que le parecía enormemente divertida su manera pasional de enfrentar la vida.

Tambien dejó amigos y familia atrás en su ciudad natal, Ecija, para reencontrarse con otra familia que ya vivía en «Madriz.» Su hija, yerno, nietas, hermanas y sobrinos.

Mi abuelo Francisco pintoresco donde los haya, gracioso, pequeño, luchador, reivindicador.

Sombrero, puro, manchas en las camisas por sus eternas prisas…

Ayudó como pudo a todos sus hijos, no tuvo miedo de dejar la tierra de su juventud con una mano delante y una detras, para viajar con su familia a Madrid en busca de una vida mejor.

En Madrid tuvo que enfrentar algo que nunca pensó, la guerra, batalla de Brunete (que sincronía).

Mi abuela, tambien adelantada a su tiempo, escapó con el amor de su vida por una ventana, defendiendo un amor elegido con una valiente actitud tan mal vista entre los años 20 y 30.

Otra mujer valiente que dejó su tierra ‘La bobadilla de Alcaudete» Jaén, para venirse a Madrid con sus cinco hijos. El mas pequeño tenía tres años.

Hicieron el trayecto caminando y comiendo pan y cebolla.

Trabajó mucho al llegar, era Sastra en Madrid. Sus hijas también, una modista y una sastra. Mujeres trabajadoras que junto a sus hermanos hicieron posible que la familia no pasara grandes necesidades.

Su casa tambien estaba siempre llena de familiares y amigos. A nadie le faltó ayuda.

Cada familiar o amigo, o familiar de algun amigo tuvo un lugar en su hogar donde pasar un tiempo hasta tener algo donde vivir y poder hacer una vida mas digna.

Soy lo que soy y no puedo dejar de serlo, estoy demasiado orgullosa de ellos y jamás, jamás en la vida voy a renegar de mis hermosísimas raices.

Siento por todos ellos tanto amor, que van a estar siempre presentes en mi vida. Además los siento, siento su ayuda, noto sus mensajes.

Me llega su orgullo, el amor que me envían al saber que me siento yo, por venir de ellos.

Siento tanto amor por mi padre, por pasar tantos años trabajado en tantas cosas, teniendo trabajos tan variados, aprendiendo oficios diferentes para que nunca le faltase trabajo. Para intentar que nuestras vidas fuesen sencillas, que no puedo por menos que vivir agradecida.

De más pequeña era más dificil y hemos vivido con lo que habia, no era poco, pero no era mucho. Lo suficiente para tener una vida sin grades cosas, pero con las más importantes totalmente satisfechas.

Por eso no entiendo a personas que sueltan estas raices. Que olvidan el tiempo del pluriempleo para poder sacar a una familia adelante y no sean capaces de ver a personas que tienen hoy esa situación.

Creo que estas personas van a tener que sufrir y van a hacernos sufrir a muchos de nosotros y nosotras, los que pensábamos que la vida ya no nos iba a dar tantas penalidades.

Realmente no se lo que me quedará por ver, espero que no tanto como la violencia que veo sin castigo en tantos sitios.

Pido con todo lo que tengo, a quien me escuche en las altas esferas espirituales, que las personas sean capaces de verse como lo que son, personas y no sus diferencias. Que ningun joven tenga la necesidad de dañar a otro  por una ideologia distinta, que no tenga nadie miedo de caminar por la calle.

Pido que todos los angeles, o seres de luz que puedan ayudar, acompañen a cada persona vulnerable, que sean visibles y estas personas estén siempre seguras.

Aunque hoy mi vida es más tranquila, aunque he vivido escuchando muchas cosas, sin entrar en ellas, pero hoy no, hoy necesito tranquilidad. Más que nada por que soy necesaria y es imprescindible que mi mente esté bien.

A veces lo logro, a veces no, porque me enfadan demasiadas cosas. Cosas distintas.

De joven me enfadaban muchas cosas, pensé que estaba superado, pero el mundo ha cambiado tanto desde entonces que no pudo dejar de ser justa. Es un mundo que aunque lo hubiese visto por un agujerito no lo hubieses creído.

Jamás imaginé escuchar ciertas ideas y defender ciertas cosas a muchos amigos. No los entiendo, ni lo comparto, solo me permito respetarlos pese a tener más que claro que se van a ver perjudicados y a pesar de ello no no lo van a reconocer.

Algo más a tener en cuenta para sentirme orgullosa, aunque me maten.

No lo creo, pero realmente puedo deir que no tengo miedo a la muerte. Sobre todo porque tengo las ideas demasiado claras, intento vivir pese a mis enfados dentro de un humor sano y de una manera divertida y sin tener que agachar la cabeza por nada del mundo.

No siento vergüenza por nada, no siento miedo de nadie ni le niego la mirada. Solamente negué la palabra a una persona por comportamientos inaceptables, toxicos y dañinos, y pasó ha ser una persona totalmente desconocida en mi vida, pero nunca odié. Incluso teniendo que aguantar que me echasen un cubo de pintura en el cristal delantero de mi coche un dia antes de salir de vacaciones.

La vida se encarga siempre de poner las cosas en su sitio. Karma?

A mi sí me han negado la palabra, en otra ocasión pero tambien perdoné, no depende de mi, y ahora puedo decir que esa persona tambien pasó a ser una persona desconocida.

La vida puede parecer un vida de mierda, pero nadie tiena la culpa porque las razones de cada uno siempre tienen parte de razón.

Y algo que me avergüenza y no pedí perdon fue dejar de ver a una persona a la que no dije nada, sucedió en un momento de mi vida en la que lo pasé demasiado mal, tuve las perdidas más importantes por entonces, porque perdí en el mismo mes a dos primos, una mi adorada prima Maricarmen con 32 años y otro, mi eterno amigo Armando con 20 años y no fui capaz de sobreponerme a ello para ayudar a mi (por entonces amiga Chus) en su operacion de columna.

Fijate el karma, treinta años despues me tuve que operar de columna para poder volver a caminar… no digo nada.

También pedir perdón a mi amiga María a la que no llamé en el momento mas duro de su vida en el que perdió a su marido, por encontrarme en un momento dificil, a punto de no sobrevivir por una mala praxis en mi primer parto. Consecuencia seis operaciones y bastantes secuelas de por vida. Afortunadamente el universo me permitió tener la valentia de traer otro hijo al  mundo. Mis dos grandes amores.

Serviciales, amorosos, los amo.

He pasado mi vida tirando del hilo del dolor y del amor. Algo tan de andalucia. Andaluces.

Andaluzas son mis raices, Granada, Jaen, Cadiz y Sevilla. Cuatro lugares pasionales, diferentes pero similares.

Sus pasiones me han definido, me han creado y hoy hay cosas que no reconozco. Como en todo.

Hay cosas tan ridículas y crueles que tienen mi mas absoluto desprecio.

Y otras mi más absoluta pasión.

 

¡La vida!

 

¡Namasté!

 

 

 

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