Compañeros y compañeras, he recibido un encargo, y también un regalo.
El encargo de mostrar que según va pasando la vida, ya cerca de la ancianidad (quien tiene la suerte de vivirla), piensas muchas cosas, entre ellas arrepentimiento por no haber tenido una buena práctica de vivir.
Por eso mi advertencia, ¡más vale tarde que nunca!. Mi ayuda en la transición de unas cuantas personas me ha mostrado que estos pensamientos son comunes a todos.
No puedo imaginar lo que se debe sentir cuando el tiempo apremia y notas que has dejado por hacer demasiadas cosas. Esos momentos de insatisfacción deberían ser suficientes para que el resto de mortales nos pongamos manos a la obra y no tengamos que hacer una transición traumática.
Por mi parte intento mantenerme retirada en la profundidad y el centro de mi alma tan intensamente y tan habitualmente como puedo. Y puedo decir que el tiempo que estoy en este estado nada temo.
El solo hecho de pensar en llegar a un punto de no retorno pensando en algo que no he hecho me resulta insoportable.
Mi alma eterna me lo recuerda demasiadas veces, y ella no me fatiga, mi cuerpo no sufre por su causa ni mi parte emocional.
El más mínimo alejamiento por mi parte de mis valores o de lo que considero que debo hacer es impensable, teniendo en cuenta además esos últimos momentos en los que las personas debemos estar tranquilas.
El regalo es la posibilidad de elegir qué hacer con mi vida, no imponerme demasiadas represiones, porque mi personalidad más básica es un poco visceral y reprimirla totalmente sería acabar conmigo.
Regalo que acepto con la libertad que también nos han regalado. Pienso que no deberíamos arrepentirnos nunca de ser fieles a nosotras mismas, para no sentir preocupación o intranquilidad a la hora de marchar.
Deben ser procesos vividos mansamente, con confianza, dejando de lado cualquier otro sentimiento, volviendo la mente hacia el alma.
Para no dejarnos llevar por el miedo, que lo veo absurdo, es necesario poner toda nuestra confianza en nuestra parte espiritual, esa que a partir de momentos demasiado cercanos es la que va a tomar el control.
Estos últimos momentos deben ser así, dejando de lado lo que no hayamos hecho, para eso existen otros procesos posteriores, pero el momento de la transición es importante. Así que creo que deberíamos dejar de lado otras cuestiones de la vida que hemos tenido.
Mi particularidad, el sentirme acompañada me ayuda a mirar hacia esa dirección y sumergirme en la tranquilidad que me produce saber que todo no termina con el último aliento.
Creo que mi forma de ver mi ser al completo con las partes físicas y las invisibles son buenas en sí mismas por el beneficio que ofrece a mi manera de vivir y mi manera de enfrentar mi propia transición.
No hago uso de ello de manera irracional, olvidando lo que realmente son, una parte de la divinidad dentro de mi, y muchos ayudadores a mi alrededor.
Esta certeza me provoca la necesidad de que todas las personas se sientan como yo. Que superen los miedos, que acerquen sus vidas a lo que realmente les gustaría hacer. No solamente estar esperando que llegue el fin de semana, las vacaciones, las fiestas navideñas, o cualquier otra fecha para ser felices. Creo que cada dia es sagrado y debe ser vivido como tal.
Mi práctica diaria de conversación con quien se encuentre a mi alrededor, es el medio para alcanzar el fin. Y con este ejercicio que para mi es cotidiano me siento acompañada, llena de amor, preservando esas presencias por deseo propio.
Siento que lo que me rodea es puro amor, por lo tanto nunca voy a sentir renuncia, sino gratitud.
Siento que no hay necesidad de ningún sacrificio, ni que mi tiempo dedicado a todo este desconocido mundo es tiempo perdido. Nunca el tiempo es perdido. Pese a ser incomprendida por demasiadas personas, sé que son más las que intentan comprenderme. igualmente nunca me he desanimado cuando veo rechazo en otros ojos.
No obstantes, debido a mi propia naturaleza sacrifico ciertas cosas, pero intento que no sean prioritarias.
Pese a todo, sea lo que sea, es necesario seguir adelante, preservar y resolver todo lo importante, desde el amor, hasta la muerte.
Es muy complicado de explicar, pero me gustaría que nadie tuviera miedo. El miedo es demasiado limitante e impide disfrutar de la vida.
Es difícil venir a la vida, y si estamos aquí es por una poderosa razón. No quiero que mi vida pase en vano, sin dejar en ella ni llevarme de ella todo eso por lo que estoy aquí.
Cuando pienso en lo que se puede deducir de mis pensamientos, vivencias y reflexiones lo que más siento es compasión. Siento que si cada una dejase todo en manos de sus acompañantes y ayudadores invisibles, todo sería más sencillo, las cargas serían menos pesadas.
No te de vergüenza de sentir estas cosas, son normales aunque no habituales.
Yo vivo bendiciendo, bendigo todo, y sobre todo cuando me encuentro un desalmado o desalmada ignorante de la vida, ellos son los que más lo necesitan. Vivo agradecida, por el aire que respiro, por el agua de mis grifos, por mi cama, por mis perris, por mis amigos y mi familia. No en alta voz, desde el silencio.
Para vivir la espiritualidad me siento más conectada en espacios abiertos, con el cielo sobre mi. Ella me acompaña siempre, siempre cerca, en mis rincones de silencio y concentración. En mis momentos antes de dormir, en mis sueños.
Cada persona tiene las aptitudes necesarias para ser capaz de mantener una conversación familiar con su parte divina, algunos más, algunos menos: La compañía que se acerca a cada una lo sabe, sabe lo que podemos hacer.
¿Quieres comenzar? Cualquier momento es bueno, hay paciencia en el otro lado,y generosidad. Nuestro tiempo es corto, demasiado limitado para vivir, pero al otro lado no es lo mismo, el tiempo no existe.
Realmente esto tiene sentido, nadie siente la edad que tiene, estamos demasiados limitados por nuestros cuerpos. Existe algo dentro de cada persona que no tiene tiempo, que no sufre el tiempo, esa es la parte real, oprimida por un cuerpo finito.
Si tienes la seguridad de la tranquilidad posterior lo demás casi no tiene importancia.
Sin reglas, sin restricciones, pero sin maldad, formas particulares de amar. Desde la humildad y la seguridad de que contamos con ayuda siempre.
No existe nada nuevo en la vida, en esta vida de la que hablo, es así desde que estamos aquí, y no soy la única que lo pienso, lo siento y lo creo.
No creas que eres la única que tiene dudas, no eres la única preocupada por el caos de tus pensamientos, eso nos ocurre a todas.
La mente es casi incontrolable y no debemos darle demasiada importancia, porque tambien hay algo que nos une a todas y es la voluntad. Si usamos nuestra voluntad para sacar a la luz nuestras facultades, desde el otro lado nos lanzarán un salvavidas y capturarán nuestra bonita intención. Ves que es fácil llegar a la meta.
Mi mente divaga demasiado igual que cualquiera y tiene malos hábitos que hay que vencer. Las cosas terrenales para muchas personas son demasiado tentadoras.
A veces ganan la partida incluso contra nuestra voluntad.
Mis defectos son los que me hacen intentar llegar a mi muerte sin cosas por decir, sin nada por intentar, sin arrepentimiento por algo no realizado.
Prefiero humillarme todos los días y reconocer las críticas que muchas veces me cuesta aceptar, a que mi proceso sea duro para mi y para quien esté conmigo en el proceso y me ame.
Mis peticiones comienzan con un agradecimiento y posteriormente con una plegaria con demasiados datos, porque cuando no los he dado así, la respuesta puede ser similar a lo que necesito pero no realmente lo que necesito.
Mi mente, la loca como decía Santa Teresa, se distrae continuamente, se separa de las cosas que realmente quiero poner en ella. Pero no hay que preocuparse, porque eso la distrae todavía más.
Para estar centrada hay que permanecer en calma y quietud.
Todas tenemos la voluntad suficiente para lograr la tranquilidad necesaria.
Todas podemos ayudarnos entre nosotras, pedid ayuda si no os sentís preparadas y tenéis a alguien cerca que si lo está.
Creo que todas las personas, a pesar de cómo está todo a nuestro alrededor, tenemos grandes voluntades, y buenas. Pero debemos pensar más rápido que las cosas que observamos y aceptamos como ciertas.
Incluso así, todo tiene un proceso, no conseguimos las cosas en el tiempo que nos gustaría, y no tenemos que regañarnos por ello, ni regañar a quien queremos ayudar en el proceso, la paciencia es necesaria también es todo esto.
Desde el ejemplo es desde donde mejor de aprende, tuve el mejor maestro.
Pero mira bien el ejemplo a seguir, existe demasiada vanidad y soberbia.
He vivido demasiados años pensando en estas cosas y puedo decir que he recibido un regalo como he dicho antes, pero realmente han sido muchos, son favores que no considero merecer. No me siento una persona ejemplar, no como muchas personas que me rodean, personas cercanas que no tienen este favor.
Quizás en muchos momentos de mi vida haya hecho mal uso de ellos, pero supongo que eran aprendizajes, maneras de aprender a utilizarlos.
Siento que después de mis cincuenta y cinco años caminando por la tierra no he logrado grandes progresos, y sigo confundida, pero espero que el tiempo que me regalen como han hecho en otras ocasiones me sirva para no marcharme con algo por hacer.
Por eso es necesario que todo el mundo recupere el tiempo perdido. No me gustaría escuchar a más personas en sus últimos momentos arrepentidas de cosas, o escucharlas después de su transición pidiendo perdón por ello.
Todo el mundo merece mucho más, merece tranquilidad, merece una evolución sin miedo ni dolores, y solo suya es la responsabilidad.
Quiero aclarar, aunque lo hago habitualmente, que mis verdades no vienen de religión ni de credo alguno, vienen de mi experiencia de vida.
Todas podéis decirme que me repito mucho, que siempre digo lo mismo pero es el mejor método que conozco para mostrar mi verdad e intentar que más personas vivan mejor, más tranquilas y con más paz mental.
Y la verdad más grande en mi vida es que para poder amar hay que saber amar.
Ese es otro gran regalo, saber amar.





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