¿Caminante de la vida?

Escrito por Marié

28 de julio de 2023

 

¿Caminante de la vida? Caminantes, ¿Que si no?

 

Eso somos, caminantes. Eso pienso y siento yo.

Soy una caminante que ama la vida.

Una caminante que ama el amor.

 

– Marié.

 

Creo que cada camino es sagrado, y en qué debemos elevar nuestro concepto del camino honrando cada paso. Cada uno de los posibles caminos son obras de arte creadas para poder ser pintadas de manera sublime.

Quizás por eso comparo la vida con mis cuadros y raras veces veo concluida una pintura, ni siento que realmente la haya terminado.

En cada una de las ocasiones en las que creo haber finalizado un cuadro, pienso que siempre podría ser mejor… Nunca bajo el telón sobre él sintiéndome del todo bien, y en contadas ocasiones quiero abandonar mi misión con él.

La razón: no quiero que termine esa emoción singular y exclusiva que cada uno me hace experimentar y de la que disfruto en gran medida.

Cada proceso es único, y sé que cuando finalizo una obra, la sensación extraordinaria de vivir su nacimiento, proceso y toda su creación, nunca más la voy a sentir.

Por eso cuando miro cualquiera de mis cuadros vuelvo a revivir las impresiones y emociones que viví en su proceso. Son hermosas evocaciones.

Un cuadro en particular, un óleo pintado sobre una tabla de madera de mi padre, y que habita en una de las paredes de mi casa, me hace recordar a mi abuela Carmen, mi abuela paterna. Mientras estaba pintándolo, ella ya era ancianita, y se sentaba en una de sus sillas, de esas flamencas, de anea, a contemplarme mientras pintaba.

Ya era bastante mayor, y me preguntaba que porque pintaba. Creo que no entendía que pintase, yo siempre me había dedicado a la confección, como ella y realmente seguía haciéndolo, pero descubrí esta pasión oculta en uno de esos tantos huecos clandestinos de mis partes menos conocidas. Las impresiones que pintar deja grabadas en mí son tan excepcionales, que adopté este nuevo arte como parte de mí, y desde entonces camina conmigo.

Me explico: cuando contemplo este cuadro, acuden a mi mente cada una de las palabras que compartimos mientras lo estaba pintando. Es como si ella siguiese ahí, sentada en su pequeña silla, contemplándome con sus ancianos, pero sabios y hermosos ojos grises. Y esto es algo que ocurre casi a diario, tengo el cuadro a la vista mientras escribo …

Por estas razones, también, me gusta tener fotografías de todos y cada uno. Todos guardan historias, recuerdos, que se acercan a mi vida al volver a mirarlos. Además, también me gusta tener fotografiados los lugares en los que residen tras su partida de mi lado.

Los podría denominar como hijos, por decir algo que pueda parecerse a lo que siento. Quizás por eso les cuesta irse de mi lado.

No sé si mi sentir se puede comparar al de cualquier otra persona que se dedique a esta o a otra forma de artesanía.

Siento que nuestra energía queda impresa, para la eternidad, en las cosas que creamos y desde cada una de nuestras creaciones, observamos el mundo…

Por eso, sueño con ellos y me oirás decir que veo, veo todo a través de la magia que se crea en mis pinturas.

Aunque parezcan sencillas, algunas incluso infantiles, todas, sin excepción, tienen escondidos símbolos de poder, de protección y de amor.

Muchas de las personas que se han convertido en sus custodios me han ido diciendo diferentes situaciones, preciosas, vividas desde su adopción. Todas esas situaciones son bondadosas y de crecimiento, así que siento un enorme placer al oír esas bonitas experiencias.

Realmente, pensar en mis cuadros me acerca a tener sentimientos contradictorios.

Si pienso en mí misma, no me siento absolutamente nada, quizás una mota de polvo flotando sin rumbo en la inmensidad, pero a la vez me siento única, siento que lo que hago tiene un valor más allá de lo que se pueda observar.

No por el valor que puedan tener o lo que se pueda contemplar en lo que pinto. Si no por lo que realmente representa y lleva escondido.

Quizás su valor económico sea insignificante, pero hay cosas que no se pueden observar, pero que tienen un valor incalculable.

Por eso digo que son como mis hijos. Nadie, jamás, podría llegar a entender cada uno de ellos y su único poder. A ese lugar solo podemos viajar las madres.

Y al decir madres, incluyo en esta bonita palabra, a cualquier creador.

Aun sintiéndome creadora, por mucho que intente entenderlo, no sé cómo de mis manos pueden formarse mis pinturas.

Soy autodidacta. Y cuando alguien me ha intentado enseñar algo, he procurado escuchar y aprender, pero a mí no me funciona. Solo sirve para que mi forma de expresar se distorsione y deje de mostrar lo que mi interior quiere. Se pierde la magia.

Los colores, sus mezclas, sus tonos e intensidades … Calidez o frescura, viajan desde esos lugares internos y profundos …

Los pinceles, los lienzos blancos, el olor que desprenden, despiertan algo que duerme en mis entrañas…

Entonces siento su llegada a mis dedos como un hormigueo vibrante de vida, pero aunque lo pueda decir tantas veces como piense en ello, no sé de donde vienen, no sé cómo sucede.

Algunas veces pienso si será un alma artesana que ocupó mi cuerpo al nacer, o solamente lo posee en ciertas ocasiones. Esto último me parece más factible, porque en otras ocasiones mis manos no tienen magia.

Cuando sí la tienen, siento que mientras estoy pintando aflora en cada pincelada la sacralidad de crear algo de la nada, algo único, eso que nadie puede hacer por mí.

Y por eso también me cuesta tanto desprenderme de ellos. Afortunadamente, sé que cada uno tiene una misión, para eso nacen y por eso les permito marchar.

Sinceramente, hablo desde la verdad cuando digo todo esto… Y creo que el cuadro más importante, aunque todos lo son para mí, es el que ayudó a mi padre a partir, ese en particular nació para ello y hoy pasa sus días en un lugar y con una persona importante. Sé que le da el valor que tiene para mí.

Él se fue de la materia pudiendo contemplarlo, diciéndome que nunca deje de usar mis manos. Él pensaba que tienen un don, al igual que las manos de mi Maricarmen, así nos lo decía todos los días durante su larga agonía. ¡Nunca dejéis de usarlas!

Tuviese o no razón en ello, es lo que él sentía y es lo que imprimió en mí. Así que nunca voy a dejar de pintar magia. Y jamás voy a dejar de utilizar mis manos para crear, para esto que estoy haciendo ahora mismo, escribir, y tampoco voy a dejar de usarlas para ayudar a otros a sanar…

Por eso pienso que soy una caminante que hace este único y personal camino esperando sentir siempre la pasión de un comienzo, la esperanza de un proceso y, en algún momento, la satisfacción de una culminación.

Creo que tengo buenos y bondadosos maestros, que construyeron y construyen preciosos caminos a seguir.

También creo que cuando amas la vida y decides que tu camino es andar y disfrutar cada proceso, pero desde la verdad, no incluyendo ciertas cosas y excluyendo el resto; comprendes que se puede tejer una espiritualidad con cada cosa creada.

Por eso la vida se va construyendo a partir de todo lo sagrado que sientes.

Quizás por estas cuestiones, que nada tienen que ver con los dogmas, ni con las posesiones materiales, ni con la riqueza, sino con la perfecta administración existencial de mi vida; siento que ella consiste en continuar por ese camino, consciente o no, pero que me permite seguir aprendiendo.

Y su principal enseñanza, pese a ser incomprendida incluso por personas muy cercanas, es la bonita posibilidad de invertir en disfrutar y en aumentar mi vitalidad y mis ganas de vivir.

Porque pienso que vivir bien, sin defraudar mi sentir, es acercarme a lo espiritual en cada acto. Creo que es vivir en equilibrio. Es escuchar a mi abuela decirme: – ¡Salero! Disfruta siempre de cada cosa que hagas, y tu vida será sencilla.

Pensando en ello, siento que espiritualidad y abundancia evolucionan de la mano, y a la vez dignifican y dan sentido a mi vida. Abundancia en experiencias desde el amor.

Todo ello mantiene encendido en mí el fuego interno y el entusiasmo por vivir. Con objeto de seguir una evolución hacia disfrutar cada vez más, dedicándome al propósito exclusivo creado para mí.

Y, ¿por qué en muchas ocasiones digo que hay que observarse? Pues porque si no me observo no puedo hacer transformaciones. Ni tampoco ver las oportunidades de propulsar mis propios caminos internos.

Soy caminante que teje bienestar y espiritualidad. Código individual que no se separa de una ética propia, pero firme y un estilo de vida limpio.

Es un camino iniciático en cada nuevo “inicio”, cada propósito, cada reflexión y valor, cada creencia, sin dejar de guiarme por la coherencia.

Soy una caminante que viaja por un destino ¿trazado?. No importa la respuesta, lo importante es dar los pasos levantando bien los pies para no tropezar.

Caminante que intenta ver sus propios obstáculos para poder superarlos: pesimismo, falta de fe, falta de fuerzas y aliento …

Soy una caminante que solicita a diario sabiduría para ser ejemplo, y palabras adecuadas para mí y para corregir los errores, propios y ajenos.

Rezo por ser buena compañera de viaje de muchos otros caminantes, humanos y no humanos, animales, plantas, minerales. Compañera, hermana, amiga. Espero que mis palabras sean de aliento, que no hieran ni destruyan, que sean de ánimo, de enseñanza y de consuelo.

Y puesta a filosofar, un buen día, un día como hoy por ejemplo, cuál caminante absorta en mis propios pasos, voy a continuar mi camino como intento hacerlo a diario… borrón y cuenta nueva … El pasado ya pasó y el futuro no existe…  Y si no ¡al tiempo!…

Así que hoy mi camino comienza como libro en blanco, y en él continuaré escribiendo, tachando, comprobando o borrando. Curiosamente, si continuo mi libro en este Chromebook que suelo utilizar, no son necesarias notas al margen, ni anotaciones, porque puedo leer y releer, y cambiar lo que quiera a mi antojo.

Si regreso a mis cuadros, es imposible recuperar el tiempo perdido, es totalmente imposible reconstruir los instantes vividos, aunque sí rememorarlos al contemplar. Me conformo.

Ese camino magistral, un desvío, una mirada, una caída… el silencio. La línea invisible entre el punto de partida y la meta.

Silencios pero también hermosas melodías. Vida y muerte, muerte y vida. El camino, el tiempo se aleja y se detiene, se va sin retorno. Por eso mi camino es valioso, es disfrute, es tener momentos felices al ver sonrisas en los caminantes que me cruzo, extraviados… que me dan la mano al andar.

Resumiendo, creo que cada vivencia es quizás un ensayo, un garabato, (como el apodo de mi familia paterna-materna). Caminante errante, sin rumbo fijo, paso a paso, golpe a golpe, verso a verso… el camino:

Y por ello voy a usar mi poema favorito, de mi poeta preferido, acompañado de unos preciosos versos de otro gran poeta, que completan a la perfección un gran sentir… y que me viene al pelo para mi reflexión de hoy…

 

Cantares…

 

Versos de A. Machado – XLIV

 

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

 

Versos de A. Machado – I

 

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.

 

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.

 

Versos de A. Machado – XXIX

 

Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

 

Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

 

Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

 

Versos de Joan Manuel Serrat

 

Hace algún tiempo, en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos,
se oyó la voz de un poeta gritar:

 

Versos de A. Machado – XXIX

 

caminante, no hay camino,
se hace camino al andar,
golpe a golpe, verso a verso.

 

Versos de Joan Manuel Serrat

 

Murió el poeta lejos del hogar,
le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar,

 

Versos de A. Machado – XXIX

 

caminante, no hay camino,
se hace camino al andar,
golpe a golpe, verso a verso.

 

Versos de Joan Manuel Serrat

 

Cuando el jilguero no puede cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar,

 

Versos de A. Machado – XXIX

 

caminante, no hay camino,
se hace camino al andar,
golpe a golpe, verso a verso.

 

– Antonio Machado (Sevilla, 1875- Colliure, 1939)

– Joan Manuel Serrat (Barcelona 1943)

 

 

La tumba de Antonio Machado permanece en Colliure, a la entrada de su pequeño cementerio, en un nicho que cedió la señora Quintana (dueña del hotel en el que vivió sus últimos días), sobrecogida por el triste destino exiliado de aquella familia. Se ha convertido en un lugar de peregrinación. A ella acuden cada año miles de republicanos que recuerdan el dolor de la guerra.

 

¡En fin! … ¡La vida!

 

¡Namasté!

 

2 Comentarios

  1. Carmen Ramirez

    Que bonito y que bien te expresas, me

    encanta todo lo que escribes y como bien

    decía tu padre no dejes de usar tus manos,

    haces mucho bien con ellas.

    Responder
    • Marié

      Muchas gracias Mari, por leerme, por tu opinión y tus bonitas palabras.
      Un abrazo. Te quiero.

      Responder

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