Cuento del camaleón

Escrito por Marié

19 de abril de 2021

Camaleón quiere saber su color

 

Cuento del camaleón.

Camaleón, después de tantos y tantos cambios de color, llegó al punto de que no recordaba cuál era su aspecto real.

Continuamente se amoldaba al color del animal, planta u objeto que tenía más cerca. Ya no sabía cuál de todos ellos era su auténtico aspecto.

Una buena mañana soleada salió decidido a conocer su verdadero color.

En primer lugar se encontró con el alegre canario, que cantaba feliz en la rama de un árbol.

– Amigo canario, ¿podrías ayudarme a saber cuál es mi color?

–  Claro que si – contestó el canario muy convencido -. Es muy fácil tu pregunta. Eres de un deslumbrante amarillo, tanto que despierta a cualquiera que esté adormilado. Igualito que yo.

El canario sonrió satisfecho y comenzó a tararear una alegre melodía.

–  Gracias – contestó Camaleón cabizbajo, pues sabía que ese no era su color real.

 

Continuó caminando y, un aroma dulce y fresco le inundó por completo. Estaba junto a su amiga la rosa.

–  Hermosa y perfumada amiga, ¿podrías ayudarme a saber cuál es mi color?

– Por supuesto, mi querido Camaleón – respondió la amable rosa -. Eres tan hermoso como yo, coloreado de un apasionado rojo.

– Mmm… Gracias – contestó, de nuevo cabizbajo.

 

Un poco más adelante, el veloz conejo blanco le adelantó en su camino. Al advertir la presencia de su amigo, frenó en seco y se acercó a saludarlo.

– Buenos días, Camaleón. ¿Qué te trae por aquí?

– ¡Ay, mi querido amigo! ¿Tú podrías ayudarme a saber cuál es mi color?

– Muy sencilla es tu pregunta – contestó sonriente el conejo -. Tú y yo somos como hermanos, los dos blancos y esponjosos como la nieve.

– Gracias…- dijo Camaleón mientras se alejaba con la mirada fija en el suelo.

 

Caminando cabizbajo iba Camaleón cuando oyó una voz que le decía:

– No estés triste, amigo. Yo te comprendo.

Aquella que hablaba era la vieja charca:

– Tú y yo tenemos mucho en común, por eso te entiendo perfectamente. Yo solo soy el reflejo del que me mira… Mi aspecto también depende de quién tengo frente a mí. Pero me consuela saber que en mis profundidades hay auténticas maravillas.

– Si… – contestó el Camaleón – Aunque no estaba muy convencido.

Mientras pensaba en todo aquello junto a la fresquita charca, por fin consiguió relajarse al tiempo que visualizaba todos los colores que conocía. Por un instante, sintió algo extraño y a la vez conocido, no sabía qué le estaba pasando, pero algo lo impulsó a mirar su reflejo en el agua.

¡Si, ahí estaba! ¡Era él, ahora se recordaba!

Todos los colores del arco iris, trenzados de las formas más originales y dinámicas, podían ser contemplados en su cuerpo… Siempre cambiante.

Y ese era su aspecto, siempre cambiante, pues no olvidemos que era… ¡Un camaleón!

María Valgo

Moraleja

Nuestra forma de mostrarnos ante los demás, sumado además al filtro que utilizan los demás cuando interactuamos con ellos, será la forma en la que nos perciban. ¡Todo resulta ser según el color con que se mira!

 

Por lo tanto nuestro amigo Camaleón es una suma de características perfectamente combinadas. Es lo que habita en su interior, sumado a como lo ven sus amigos, además añadiendo el reflejo que él percibe de sí mismo.

 

Igualmente cada uno de nosotros, si aplicamos lo que hemos observado en la preciosa fábula, veremos que nuestro yo en conjunto es una agrupación de pequeños Yoes combinados de diferentes formas, según la percepción de los demás, según las situaciones que vivimos, o como nos mostramos en ese momento.

 

En nuestra mano está elegir si queremos mostrar un yo inflexible, controlador e inalterable o intentar interiorizar en nuestra parte más profunda y sacar al exterior la diversidad de personajes que viven ahí escondidos.

Reflexión

Cada situación que experimentamos, cada persona con la que nos cruzamos en la vida, cada circunstancia que vivimos, nos muestra lo que llevamos guardado. Todo lo externo es un reflejo de lo interno, nos revela qué, quienes y como somos en realidad.

Podríamos decir que el mundo exterior, lo que nos rodea, no es más que el reflejo de nuestra alma. Gracias a lo que vemos, gracias a ese reflejo que mostramos podemos observarnos y reconocernos. Ese reflejo contiene todo aquello de nosotros que no queremos o no alcanzamos a ver. Las cosas que nos rodean son el mejor medio para nuestro autoconocimiento  y mejoramiento personal.

La mayor parte de las veces, lo que vemos reflejado no nos agrada, porque sale a la luz nuestra parte más oscura y profunda. Aunque pensemos que lo que vemos no tiene nada que ver con nosotros y no nos sintamos identificados con esa parte, es ahí donde debemos trabajarnos sin correr el riesgo a equivocarnos.

Lo que proyectamos al exterior involuntariamente es nuestra forma de ser y creemos que nuestra proyección es autónoma. Con esta actitud omitimos interiorizar nuestra proyección dando lugar a un bloqueo en nuestro crecimiento y avance. Por eso necesitamos el reflejo externo, para poco a poco ir tomando conciencia.

Para llegar a vernos perfectamente y encontrarnos con nuestra mejor versión, para además, tener momentos felices y saludables, debemos admitir las proyecciones en nuestro interior. Ahí encontraremos la clave para conectar perfectamente con nosotros mismos,

Deberíamos encargarnos de encontrar en el exterior lo que necesitamos, aunque  aprendiendo a identificarlo en nuestro interior.

 

¡Podemos mostrar la totalidad que nos compone y permitir a los demás conocer la variedad de versiones que hay en nosotros, pero yo me quedaría con la mejor versión a mostrar!

 

¡Namasté!

 

 

2 Comentarios

  1. Elvira

    Así es siempre nuestra mejor version

    Responder
    • Marié

      Más a menudo debería ser. ¡Contadas personas la conocen!

      Responder

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