Aposté por lo que creía imposible

Escrito por Marié

29 de marzo de 2024

Aposté por lo que creía imposible. Más de lo que me sentía capaz.

Hay muchas personas que me manifiestan sus limitaciones, restricciones autoimpuestas. Contemplo en silencio que no hallan en su interior lo necesario para sentirse plenos, para ver su ser completo.

Conozco muchas personas que si no tienen este tipo de problemas, la mayoría de veces no tienen la capacidad para advertirlos en otros ni para poder ayudar.

Sobre todo si a la persona que quieres ayudar es muy cercana, a un familiar o a una persona de mucha confianza.

Se escucha a menudo que nadie es profeta en su tierra, y con razón, así que no me siento atendida por ellos.

Entiendo que es la confianza la que impide que aprecien esas capacidades en mí y necesiten la ayuda de alguien desconocido. Intento no sentirme desvalorizada por ello y generalmente, al tiempo, me traen soluciones que ya les había ofrecido yo. Así que, al menos compruebo que no estoy tan desencaminada como a veces me siento.

En edades más tempranas era más complicado. Cuando emprendí este camino de ayuda, empecé a descubrir algunas capacidades. Al saber de ellas tuve la tentación (siempre presente) de mi ego, que me susurraba continuamente que el mundo giraba a mi alrededor.

¡Peligroso!

Sobre todo posteriormente a emerger de una colección de primaveras padeciendo acoso escolar. Fue peligroso entender que aquella persona que me intentaban mostrar, no era yo. Una sensación similar a subir en un cohete espacial para acceder y permanecer habitando en un universo propio.

Todas las circunstancias anteriormente vividas ocasionaron que en años sucesivos no me advirtiese preparada para amar. Fue complicado acceder y poder ofrecer esa parte interna y preciosa, amorosa, que todos tenemos para brindar.

Estimaba que no iba a tener la capacidad de amar de verdad. Lo consideré durante incontables años, hasta que se presentó la oportunidad de confirmar que estaba equivocada, como casi siempre. Todo ha sido un continuo aprender.

Quien ha ido conociéndome a lo largo de los años, piensa en mí como una “chica” muy positiva, que intenta sacar de la vida todo lo bueno, que no me caigo fácilmente. Quizás sea algo así en la actualidad.

Hoy, intento guiñarle a la vida y acomodarme lo mejor que puedo a lo que me ofrece. Al fin y al cabo, no se puede hacer mucho más.

Pero no siempre fue así, no hasta que no me percaté de lo que podía llegar a sentir.

Viví suficiente tiempo sintiéndome una persona muy fría, autoprotegida, por lo tanto, poco preparada para amar. Me sentía la persona que menos arriesgaba de sí misma, si conocía a una posible pareja.

Sin embargo, esa forma desconocida de amar se fue aproximando a mi vida y me alcanzó un septiembre.

El final de aquel verano procedí de manera que jamás me había sentido capaz de hacer, y fue lo que, a paso lento, me ha traído hasta hoy.

Desde entonces esa esperanza me ha escoltado hasta ser la tipa que conocéis y que calificáis como “la loca chiflada, la excéntrica, la curiosa, apasionada y graciosa Marié”.

Posteriormente a ese septiembre y a lo largo de ese año, fui abandonando las valoraciones que tenía de mí misma. Y sobre todo aprendiendo a mantener mi ego en un lugar controlable. Mostrándole que no es el centro de todo.

Siempre he disfrutado los dones que me acompañan, desde que tengo recuerdos.

Mis terapias voluntarias diarias desde la distancia están en mi presente desde hace menos tiempo, alrededor de quince años. Y pese a atender, también casi a diario, enfermedades mentales y físicas, problemas, limitaciones, y un sinfín de cuestiones dolorosas y profundas, para sorpresa mía he sido feliz.

Muy feliz con los resultados.

Todas estas experiencias me han conducido a convencerme de que nunca jamás debo de dejar de apostar por nadie.

No importa como se comporten ni lo que hayan vivido, ni donde hayan nacido ni lo que posean. El futuro siempre es dudoso para cualquiera.

Descubrir capacidades únicas y personales en ellas y apostar por las personas, me ha ayudado a conducirlas hasta entender que pueden.

Que sus capacidades son válidas para cualquier cuestión que se presente en sus vidas, y que si algo no tiene solución aparente, tienen la facultad de fluir, de manea que operan ayudándose en el proceso.

Demasiadas vivencias me han ayudado a aprender con personas de clases sociales que están a años luz unas de otras. En las dos he hallado sabiduría, pero también astronómicas diferencias.

He visto deteriorarse y morir a montones de conocidos de los dos mundos… por drogas, accidentes… enfermedad. Sus seres cercanos me han ofrecido infinitamente más amor, comprensión cariño y compasión que otras personas más cercanas a mí, incluso de algunos familiares.

Igualmente, he conocido y conozco a personas con los “días contados” (realmente así somos todos), pero esos que “conocen una fecha aproximada”, dan lecciones de vida.

Me hablan con un entusiasmo y una esperanza admirables, que dejan a muchas otras personas, que tienen de regalos unas de las mejores condiciones de vida, como verdaderos estúpidos.

Unos sin saberlo y otros sabiendo que probablemente la vida se vaya consumiendo y que al libro de su historia le quedan pocos capítulos, todos me han manifestado lecciones valiosas.

Lo que más aprovecho es que me ayudan a conocerme y a seguir apostando por cosas que pensaba imposibles.

Dentro de casa ser, independientemente de su situación, habita un corazón que siente.

En el interior de todas las personas, sean drogadictos, transexuales, prostitutas, gays, heterosexuales, estén o no enfermos, sean sus enfermedades víricas o no, con enfermedades mentales, u otras enfermedades físicas irreversibles, habitan sentimientos similares.

Todos ellos reciben con agradecimiento una sonrisa o un abrazo como respuesta.

Muchas veces resulta duro para mí y para ellos, sobre todo para los que tienen conocimiento de su situación.

Es desalentador ver que sufren al saberse inaceptados.

Hay una sociedad retrógrada sin preparación emocional que provoca daños profundos, personas que no ven ningún dolor a excepción del propio. Seres endiosados y egocéntricos.

Afortunadamente, casi la gran mayoría son personas que han errado su camino, sin apenas darse cuenta de que de base son bellas personas. En ellas están todas las soluciones, solo tienen que entrar en el camino de regreso a sí mismos.

La maldad no suele esconderse en en personas vulnerables, sino en esas otras que se aprovechan de ellas.

Seguiré apostando por todos aunque, a priori parezca imposible que se reconozcan.

 

¡Namasté!

 

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