A ti mujer

A ti mujer

Escrito por Marié

10 de julio de 2021

¿Mujer, Te conoces?

Lo normal es que pienses que si, porque sabes como te llamas, te identificas con cierta religión, ciertas creencias, crees que conoces tu vida. A ti mujer.

Pero te has parado en algún momento a pensar ¿Sé cómo funciona mi cuerpo? ¿Me conozco?  ¿Cuándo me habla, le presto atención y le atiendo?

Nosotras y nuestro cuerpo, al igual que cualquier otra persona, están unidos, pero realmente sabemos muy poco de él. Pensamos y creemos estar en lo cierto cuando nos decimos que todo pasa porque si, sin pararnos a cuestionarlo, sin pararnos a observarnos.

¿Nunca te has parado a pensar porque una semana tenemos la energía a tope, nos sentimos alegres y joviales, en definitiva, nos comemos el mundo?. Pero la siguiente semana nos sentimos totalmente frustradas y queremos morder a cualquier persona que nos haga cuestionar algo.

No has pensado porque hay ocasiones en que necesitamos sentirnos queridas y mimadas, o porque en otras ocasiones sentimos que podemos conseguir alcanzar nuestros sueños. Esto es cuando nos abrimos a que llegue a nosotras una ola de creatividad.

Somos mujeres, y ello conlleva ser cíclicas, tienes que aprender a conocer tu cuerpo y sus ciclos. Debes pararte a estudiar y reconocer tus mareas, como el mar las conoce.

Para llegar a eso hace falta detener un poco las prisas, quizás entonces puedas identificar las necesidades en cada momento de tu ciclo.

Aprende a guardar silencio, a escuchar, a hacer crecer el amor hacia ti y hacia los demás. Mírate en el espejo sin perturbarte por lo que muestra.

Aprende a reconocer los momentos en los que puedes avanzar y los momentos en los que debes permanecer quieta. Todas los tenemos.

Con todos estos aprendizajes comprobarás que detrás de cada suceso hay un crecimiento, una evolución sobre ti misma.

Mirarás a tu ego a los ojos, tu dolor, tus heridas. Aprenderás a reconocer en ti a la mujer sabia, también cuando esta mujer se torna en mujer salvaje, cuando está presente y despierta tu niña interior y por último, reconocerás también a la madre protectora de toda vida que habita en ti.

Solo en esos momentos de reconocimiento, serás tu misma más que nunca. Serás una mujer despierta, reconocerás el amor por ti misma, por encima de todos los demás y abrazarás a todas las mujeres que viven en ti. Como una madre abraza a sus hijos, acunándolos, apoyándolos y comprendiéndolos.

Si decides realizar el viaje hacia tu interior, podrás verificar que es realmente el gran viaje de tu vida.

A ti mujer, madre, hermana, hija, abuela

 

«Cuando naciste mujer, te consagraste como diosa,

de esas diosas antiguas de arcilla, jade y escayola.

Diosa en la puerta de las cabañas, grandiosa,

diosa a la vera de los manantiales, diosa en las olas.

 

 

Paseaste tan hermosa y sobrehumana,

por las praderas antiguas y olorosas,

embrujaste con tu paso hasta el sol de la mañana,

por eso mujer, te consagraste diosa.

 

 

Como mujer fuiste salvaje, justa y soberana,

con los labios y el talle de las finas rosas,

la más hermosa hechicera, sacerdotisa, sultana

caminando de la mano, junto con tus hermanas, siempre curiosa.

 

 

Naciste como mujer, fuiste la mezcla perfecta,

creaste la masa para preparar con tu hechura,

los brotes tiernos de la forma más correcta,

sin importarte el aumento de tu bella cintura.

 

 

Al nacer como mujer te convertiste en cobijo,

tu cuerpo transformado en capas de protección,

y así como una mazorca envolviste a tus hijos,

tiernos retoños que de tu vientre pasaron a tu corazón.

 

 

Al nacer como mujer te convertiste en ave,

de esas preciosas que adornan las flores con su vuelo,

fuiste diosa, emisaria de los dioses,

trasportaste los sueños de la tierra al cielo.

 

 

Tu cuerpo de mujer encarna viejas leyendas,

historias que contaban, al amparo de la noche, los ancestros,

en las sombras del tiempo a sus nietos en las tiendas,

mientras ellos miraban las estrellas, siempre atentos.

 

 

Como mujer eres una gran sacerdotisa,

naciste de otra diosa de barro blanco o de color,

aprendiste en la casa de tu madre, siempre sin prisa,

y en la hoguera de tu abuela conocistes el amor.

 

 

Eres ángel, hada, bruja, maga, madre, diosa,

también intuitiva, paciente, apasionada, sensitiva,

eres amante, embrujadora, ardiente y amorosa.

Enseñando a todos los que amas, a mirar la vida.

 

 

Como mujer llega a mi recuerdo, el recuerdo de todas mis ancestras,

mis abuelas, mi madre, mi hermana, mis raíces,

el ombligo y el cordón que nos une a la madre tierra,

trabajando todas juntas para sanar todas sus cicatrices.»

 

 

– Marié.

 

 

¡Namasté!

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